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Borsellino. María Jesús Valdés. Prida. José Carlos Prida. Pululis. Lucía Díaz y Elizabeth Weber Clauder. Lorena Rodríguez y Asunción Fernández. FOTOS: RAQUEL FIDALGO
Mi negocio en la calle Suárez de la Riva

Una calle que echará de menos a Prida

Bonanza. Un eje comercial en sí mismo donde los negocios conviven y crean una auténtica comunidad

Lunes, 10 de noviembre 2025, 01:00

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Luminosa, peatonal y siempre concurrida. Así es la calle Suárez de la Riva, un eje comercial en pleno centro de Oviedo que ha sabido conservar el encanto del comercio tradicional a la vez que se adapta a los nuevos tiempos. Su historia, aunque con un origen algo incierto, se remonta a finales del siglo XIX, cuando se urbanizó el terreno cedido por la Diputación Provincial para conectar El Fontán con el Campo San Francisco.

Pululis

Hace 25 años, Elisabeth Weber, mientras estudiaba en la biblioteca cercana, se enamoró de esta calle. Encontró un local y se lanzó a abrir Pululis, una tienda especializada en perros y gatos. Weber destaca la importancia de ofrecer un servicio que va más allá de la venta por internet. «La gente se desencanta de internet, y nosotros damos otro servicio», afirma. «Hacemos la selección para cada tipo de perro». Este trato personalizado y su profundo conocimiento del sector han sido claves para fidelizar a su clientela.

Prida

En el otro extremo de la balanza se encuentra Prida, un negocio familiar que se enfrenta al cierre sin relevo generacional. José Carlos Prida, al frente del establecimiento, lamenta que «es imposible que haya relevo generacional». Con cuatro dependientes en su momento de mayor apogeo, la tienda ha sido durante décadas un pilar en la calle, ofreciendo desde mantas y edredones hasta su producto estrella: el pijama de caballero clásico. A pesar de reconocer que «la calle es buena», Prida señala dos grandes escollos para el comercio tradicional: la falta de relevo y la disminución del poder adquisitivo. «A la gente le cuesta pagar las cosas», comenta con resignación. Con la vista puesta en el 31 de enero como fecha límite, el cierre de Prida dejará un vacío en la calle y en el corazón de sus clientes de toda la vida. Su marcha es un reflejo de los desafíos que enfrenta el pequeño comercio.

Borsellino

Con un cuarto de siglo de historia en la calle, Borselino es un ejemplo de adaptación y éxito. María Jesús Valdés y su hermana llegaron a Suárez de la Riva «por recomendación» de un viajante con el que trabajaban, que regentaba una joyería en el local que ahora ocupan. Para Valdés, la ubicación es inmejorable: «Es una calle peatonal, tiene paso, está muy cerca del Principado, del centro de Oviedo, de la calle Uría y de El Fontán». Este «mucho tránsito» se traduce en una clientela mixta. Por un lado, «el turismo es atrayente», y por otro, mantienen una «clientela de muchos años». La buena sintonía entre los comerciantes es otro punto a favor: «Somos pocos, de muchos años todos». Sin embargo, a la hora de recomendarla, matiza: «Depende del tipo de negocio».

Clauder

Lorena Rodríguez, junto a su empleada Asun Fernández, lleva doce años al frente de Clauder, una tienda de bisutería y complementos. Para ella, la elección de Suárez de la Riva fue un acierto total. «Me volvería a poner en esta calle cien por cien», asegura con convicción. Destaca que es una «calle transitada» que se beneficia enormemente del «turismo que nos compra y ayuda». Además, la proximidad al Mercado de El Fontán llena la calle de vida, especialmente los sábados. Clauder ha construido una «clientela fija» gracias a su oferta y a la atención personalizada. La noticia del cierre de negocios como Prida entristece a comerciantes como Lorena: «Nos da pena que negocios como Prida se vayan de la calle», un sentimiento que refleja el espíritu de comunidad que se respira en esta zona del centro de Oviedo.

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