«La Casa Sacerdotal está bien, pero es deficitaria, necesita aportaciones»

«La Casa Sacerdotal está bien, pero es deficitaria, necesita aportaciones»
AlEX PIÑA

«De no haber sido sacerdote habría sido periodista o político, es importante contar buenas noticias y denunciar lo que está mal»

DANIEL LUMBRERAS

Hace cuatro meses, José Antonio González Montoto (Caravia, 1940) dejó la parroquia avilesina de San Tomás de Cantorbery para hacerse cargo de la Casa Sacerdotal, la residencia de ancianos sacerdotes y gente de paso en la calle San José. Atiende con muy buen humor en su despacho, con vista a la calle y, en cuadro, a Roma y Covadonga, antes de ir a visitar a un compañero al hospital.

¿Aquí ha reforzado su vocación?

–Este año cumplo cincuenta años de cura, la vocación está consolidada. Aquí me ha emocionado cuidar a los mayores, aunque desde que estoy aquí han muerto siete y eso me golpea mucho. Hay quince de más de noventa. Tenemos al segundo mayor de la diócesis, que va a hacer 96 años.

Llevan una racha bastante mala en la diócesis.

–Eran mayores, aunque uno tenía 72, Chema, el párroco de Pumarín. Entre la gripe y las edades lo normal es que la cosa vaya funcionando así. Un desastre.

¿Cómo se enfrenta a la muerte?

–Nosotros estamos preparados porque predicamos todos los días que morir no es terminarse, es pasar a la casa del Padre. Cuando te toca a ti, ponerlo en práctica. Hay sustos, pero todo el mundo se prepara.

¿No hay momentos de debilidad?

–Todavía no pasé por ella. Tuve una pancreatitis, pero la superé. Si me voy a morir, tampoco tengo miedo. A los demás, testimoniamos nuestro cariño.Están muy agradecidos los familiares de estos sacerdotes.

¿Qué tal este primer cuatrimestre al frente de la Casa?

–Muy bien, se nota que estoy muy contento. En Avilés había 18.000 feligreses. Esto es distinto, estoy casi todos los días camino del HUCA, del Centro Médico, del Monte Naranco.Es mi misión ahora, procuro llevarlo con serenidad.

¿Cómo se encuentra la Casa?

–Muy bien, pero es deficitaria. Lo que cada cura aporta son setecientos euros al mes, la mitad de lo que cuestan. Tienes que pedir ayuda, lo otro que falta lo pone el Arzobispado. Estoy pensando en formar una Asociación de Amigos con pasta...

Ya lo pensó su predecesor...

–Es que eso exige un tiempo, y él estuvo solo dos años.

¿Quiere quedarse más?

–Algo más.

¿Cómo están en cuanto a plazas?

–Son 48 los que hay, pero tenemos hasta 65. No solo queremos que sean los sacerdotes que se jubilan: cuando tengan reuniones, que vengan aquí a comer; cuando vengan al médico, incluso de fuera de Asturias, que se queden. Por el verano algunos vienen y quedan encantados.

¿Por qué les gusta tanto?

–Aparte del carácter asturiano, la Casa está muy bien, se come bien y hay un servicio estupendo.

¿Cómo están los residentes?

–Se sienten a veces un poco solos, te metes en la habitación y te enchufas a la tele y al ordenador. Pero luego tenemos actividades que se van a potenciar. Les han puesto en la terraza cinco bicicletas, pero como hace frío no han probado mucho; conciertos de la Schola Cantorum, presentaciones de libros...

¿Tienen muchas visitas?

–Tenemos un equipo de diez voluntarios. Juegan a las cartas y al parchís con ellos y si hace buen día salen a pasear por Oviedo. Hay que felicitarlos. Hay cinco dominicas de la Anunciata, una cuida de la cocina, otra de la liturgia, otra es enfermera, la madre superiora coordina todo... Estoy muy contento con ellas. Luego los que tienen familia y alguna amistad vienen a verlos, está abierto. Es acogedor.

¿Igual el público no se atreve?

–En actos no, pero tenemos muchas horas libres. Invito a que vengan.

Tienen dos arzobispos.

–Don Gabino vive en la planta cuarta y don Jesús en la parte que da a la calle. Se llevan muy bien y de vez en cuando don Jesús le consulta; él le da consejos, pero no quiere inmiscuirse. Está estupendo de la cabeza.

¿Cómo es el día a día?

–Me levanto a las 6.30. Luego estoy una hora en la capilla orando. A las 8.30 bajamos a desayunar y a partir de las 9 actividades. Hay una misa a las 9.45 y a las 17 para los residentes. Cada uno lee el periódico, prepara charlas o va por ahí a ayudar. Comemos a las 14 y cenamos pronto, a las 20. Está todo preparado.

¿Qué más actividades tienen?

–Va a haber ejercicios (espirituales) el mes que viene, porque los curas tenemos que convertirnos también para llevar la ancianidad con estilo. Decía Juan XXIII que las personas somos como el vino, mejoras con los años a no ser que te avinagres.

¿Qué proyectos tiene?

–No perder el sentido del humor, porque les cuento bastantes chistes. La asociación, ya entré en contacto con algún empresario y están dispuestos. Necesitaría, de aportaciones voluntarias, 30.000 euros al año por lo menos.

¿Y necesidades no monetarias?

–Que los sacerdotes se sientan útiles, buscar alguna actividad para todos. El otro día les traje puzzles.

¿Sufren por el botellón y los conciertos aquí al lado?

–Molesta algo. A los mayores les cuesta trabajo dormir, ‘tengo que tomarme una pastillina’. Se lleva con paciencia.

¿Se beneficiarán del plan de limpieza de pintadas?

–No lo sé. Algunos nos da pena, pero los demás son una chapuza.

¿Qué tal con los políticos?

–Me llevo bien, porque sé que es un servicio importante a la comunidad, siempre que sea honesto y no se beneficie. De no haber sido cura, habría sido periodista o político.

¿Por la vocación de servicio?

–Y porque contar buenas noticias y denunciar lo que está mal es importante.

¿Se arrepiente de ser cura?

–No, estoy muy contento.Ser cura es facilitar que cualquier persona tenga un encuentro con Dios. Cuando conoces a Jesús, te da la plenitud de tus aspiraciones.

Parece que ustedes nunca tienen malas experiencias.

–También las tenemos, pero contamos con ellos. Si al jefe lo clavaron en una cruz...

¿Cuál es su cruz?

–Los que se han muerto demasiado jóvenes y no conocer a todos los curas, que no se sientan solos. La mitad del trabajo es patear la diócesis.

Ahora les quieren cobrar el IBI...

–No se han informado bien. Todas las edificaciones eclesiales, aunque no estén directamente orientadas al culto, como las casas rectorales, no pagan IBI. Aquí hay muchos gastos.El presupuesto de la casa es en torno al millón al año.

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