La chica que cabalga las olas sin verlas

Wenceslao López, Lucas García y Ana Taboada con la deportista, Carmen García, que luce su medalla. /  Á. PIÑA
Wenceslao López, Lucas García y Ana Taboada con la deportista, Carmen García, que luce su medalla. / Á. PIÑA

La Corporación recibe a Carmen López, primera española en participar, y quedar cuarta, en el Mundial de surf adaptado de California

GONZALO DÍAZ-RUBÍN OVIEDO.

Carmen López aprovecha cuando va al pueblo para montar en bicicleta junto su perra, una golden retriever, porque así se ahorra llevar a alguien detrás que le vaya gritando 'cuidado' cada dos metros. «La perrina no me grita», bromea. Monta en bici y patina en el pueblo, «porque en Oviedo no me dejan», continua con la broma y arranca carcajadas de la Corporación que la recibió ayer en el salón de Plenos en reconocimiento a su cuarto puesto en el Mundial de Surf Adaptado de La Jolla, California.

Carmen López, que nació en Oviedo hace 21 años, es ciega y cabalga las olas de oído, guiada por los silbidos de su entrenador, Lucas García, «uno, si la ola viene de la derecha, y dos, si viene de la izquierda», explica este. El método les ayudó a compenetrarse. García nunca había trabajado con un invidente y en sus primeros entrenamientos reprochaba a su pupila que no atendiera a sus consejos. «Con el ruido del mar, no le oía bien», dice la joven surfista.

Los silbidos y «el equilibrio», que le permite sentir el mar debajo de la tabla, funcionan: la primera española en competir en un Mundial de Surf Adaptado, quedó cuarta y lo celebró «como si hubiese quedado primera, empecé a salta y a gritar», relata la protagonista. Con pocas inscritas solo hay una categoría para deficientes visuales, en la que participó y compitió con deportistas, como la ganadora, Melisa Reid, «que tienen visión completa de un ojo».

Con el Europeo y seguir dando visibilidad al deporte adaptado como objetivo, Carmen García seguirá entrenando en Salinas y dando algún susto, como el que se llevó otro surfista que le reprochó que casi le golpea con la tabla: «'Es que no te veo', le dije. '¿Pero no ves nada?', preguntó. 'Nada', le dije, y no se lo creía».