Comida casera en el centro

Pepe García con su hijo Francisco, en su local. / ALEX PIÑA
Pepe García con su hijo Francisco, en su local. / ALEX PIÑA

MILIO' L DEL NIDO

En el centro de Oviedo, a cincuenta pasos de la fuente de Foncalada, en un lugar sin coches, abierto, por donde corren los niños sin riesgos. El Rincón de Adi es un bello local con una terraza agradable, que lleva seis años, desde que se urbanizó el terreno ganado al anillo ferroviario, atendiendo a una clientela numerosa y tranquila, que sabe apreciar la comodidad y el buen servicio.

Es un bar familiar donde Pepe García López y sus hijos, Inmaculada y Francisco García Mena, con cinco colaboradores más, ofrecen con orgullo una cocina casera de categoría.

Con un buen café de por medio charlo con Pepe y Francisco en una tarde agradable, con la terraza a tope. «Antes de abrir aquí estuvimos seis años en otro local del mismo nombre en la calle del Carpio y antes de eso tuvimos el bar La Penela, en Villafría. Es el nombre del barrio de Serantes, en Tapia de Casariego, donde nacimos», detalla Pepe. «Yo había trabajado en la hostelería en Tapia, en El Cantábrico y La Marina, dos locales emblemáticos de la villa», detalla.

Preguntados por sus estudios, Pepe dice que sus años de estudiante los pasó en el instituto tapiego, mientras Francisco explica que «desde niño me gustaba la hostelería, que era lo que veía hacer a mi padre, así que estudié un módulo de grado medio en el Leopoldo Alas de Villafría. Hice las prácticas en casa Lobato, en el Palacio de Merás en Tineo y en Casa Amparo, después me incorporé al negocio familiar».

Sobre las especialidades de la casa resaltan que «gusta mucho la tortilla de merluza, los cachopos y los chipirones angulados y en temporada, la ensalada de bonito escabechao. Por semana tenemos menú del día. La cocina que ofrecemos es 100% casera. Probablemente seamos el local más céntrico de la ciudad ofreciendo comida casera». «En el concurso de La Mejor Fabada del Mundo quedamos finalistas», añade con orgullo.

Sobre sus aficiones, Francisco recuerda sus comienzos deportivos: «Jugué al hockey en el Roller, pero ahora mis aficiones van por la sidra y los chigres; también me gusta la playa». Pepe, socarrón y sonriente, suelta que «mi afición mayor es el sofá y la tele. Cuando llegan las vacaciones suelo ir al sur, al sol de Granada sobre todo». Por su parte, el hijo, que sigue soltero, comenta que «suelo ir a Portugal y algunos años a Canarias. Cuando cerramos por vacaciones, diez y ocho días después de San Mateo, hay que aprovechar el buen tiempo tirando para el sur».

Padre e hijo son buenos conversadores. Siendo de Serantes, como mis abuelos, enseguida surgen conocimientos comunes. La conversación se hace relajada y aparecen las anécdotas. Recuerda Francisco que «quizás lo más curioso que me haya pasado atendiendo a los parroquianos sea que, un buen día, un cliente se me quejó de unas parrochas que le servimos porque sabían mucho a pescado. Todavía me pregunto a que le sabrían las que él normalmente comía». Pepe, por su parte, se explaya comentando sus experiencias como chigrero: «El oficio cambió mucho, antes no se cerraba ni por descanso ni por vacaciones, por la noche había que echar la gente; ahora, en invierno a las once no queda nadie. Teníamos veinte marcas de coñac, ahora una botella para las gotas del café...», compara.

Cierran los lunes por descanso.