Una comunidad de Oviedo demandará a los dueños de los pisos donde «hay prostitución»

El edificio, conocido como 'los pisos colmena' de Salesas. / LORENZANA
El edificio, conocido como 'los pisos colmena' de Salesas. / LORENZANA

Los vecinos advierten que están hartos de que «pasen a diario entre cien y doscientas personas relacionadas con esta actividad»

CECILIA PÉREZ

Entrar en el portal número 2 de la calle Nueve de Mayo, los conocidos como los pisos colmena de Salesas, es hacerlo en un laberinto de 224 viviendas, entre pisos y oficinas. Un trajín constante de gente y una estructura que facilita el anonimato son las dos características de este céntrico inmueble aprovechadas, desde hace décadas, para albergar «pisos donde se ejerce la prostitución». Según el vicepresidente de la comunidad de propietarios, son «siete» las viviendas destinadas a este fin. Los vecinos han dicho basta.

Están hartos, dicen, de sufrir las consecuencias de lo que consideran «una permisividad y pasividad» hacia un tema que es «'vox populi'» en la ciudad y sobre «el que nunca se ha hecho nada». Esto ha rebasado la paciencia de la junta rectora de la comunidad de vecinos: «Por aquí pasan a diario entre cien y doscientas personas relacionadas con la prostitución, entre clientes y trabajadoras sexuales», afirmó Valentín Díaz, vicepresidente de la comunidad de vecinos y abogado.

Los vecinos ponen el acento en las consecuencias de esta actividad: Desde la más banal, como el uso «desmesurado» de los servicios comunes del edificio (puertas, micros, ascensores o luces) a situaciones de verdadera preocupación. «Nos dejan meadas y cagadas en los pasillos y los ascensores, generan desasosiego a los residentes porque te pueden tocar al timbre a cualquier hora del día o de madrugada y hay mucho miedo a encontrarse con ciertos clientes en los ascensores porque a veces se dirigen de malas maneras a los vecinos, hubo casos de tocamientos e intimidación», denunció el vicepresidente de la comunidad.

En los últimos años la problemática ha ido a más. «Hemos descubierto que uno de los pisos en los que se ejerce la prostitución también se utiliza para cometer delitos. Captan a los clientes a través de los anuncios de contacto y cuando llegan les agreden y les roban», abundó Valentín Díaz.

Fue en este bloque donde el pasado 20 de enero un hombre y dos transexuales agredieron, presuntamente, a un cliente al que acabaron robando 640 euros. La víctima denunció los hechos, que fueron enjuiciados este jueves. Los agresores se enfrentan a cuatro años de prisión cada uno por un delito de robo con violencia. «La Policía Nacional ya nos aseguró que intuyen que hay más casos como este pero que no se denuncian por vergüenza», detalló Díaz.

Desde la comunidad de vecinos aseguraron que los propietarios de los pisos «son conocedores» de la situación. «Les hemos enviado varios requerimientos explicándoles lo que ocurre, para que insten a sus inquilinos a cesar su actividad dentro de las viviendas, si no lo hacen emprenderemos acciones legales contra ellos porque los estatutos de la comunidad prohiben el ejercicio de la prostitución».

Acciones judiciales encaminadas al cese de la actividad, pero también a la privación del derecho de uso de la vivienda durante un tiempo determinado y al pago de una indemnización por daños y perjuicios, si es que procede. Todas ellas contempladas en la Ley de Propiedad Horizontal que regula todo lo relativo a la comunidad de propietarios, explicó el vicepresidente que ocupa un despacho de abogados en el inmueble.

Uno de los vecinos más afectados por esta situación es M. Z., prefiere que aparezcan solo sus siglas. Es propietario de una vivienda desde hace veinticinco años y junto a ella, puerta con puerta, se localiza uno de los apartamentos que está bajo sospecha: «En más de una ocasión recriminé a la propietaria del piso lo que se hacía en él pero me dijo que si quería que la llevase a juicio».

Desde la comunidad de vecinos aseguraron que hay dueños que tienen hasta dos pisos alquilados en los que se «ejerce la prostitución». «Ellos lo saben porque se les comunicó por parte de esta comunidad de vecinos pero hacen como si nada», cuenta Valentín Díaz. De todos ellos, matizó, solo hubo un vecino que sí cumplió con el requerimiento y saldó el contrato que tenía con el inquilino, «el resto ha hecho caso omiso», puntualizó. «Hace un año que decidí acabar con esto y se va a acabar», advirtió. Una de las medidas más inmediatas será la contratación de vigilantes de seguridad para el edificio. La siguiente, si no se soluciona el problema será acudir a los tribunales.