Denuncian que el pasaje de Galerías Núcleo es un «nido de droga e indigentes»

Escaleras donde se resguardan los indigentes en el interior de las Galerías Núcleo. / PABLO LORENZANA
Escaleras donde se resguardan los indigentes en el interior de las Galerías Núcleo. / PABLO LORENZANA

Los comerciantes aseguran que la Policía no puede actuar, a no ser que haya incidentes violentos, al tratarse de una propiedad privada

CECILIA PÉREZOVIEDO.

Desde uno de los cinco locales cerrados de los quince que jalonan el pasaje de las Galerías Núcleo, entre las calles Covadonga y Caveda, un fuerte olor a orines llama la atención de los viandantes. «Esto es un centro de desahuciados que se ha convertido en un nido de indigentes y droga», así justifica Luis Carrero el «olor pestilente». Es uno de los comerciantes que aún mantienen abierto su negocio en este pasaje ubicado en pleno centro de la ciudad. Regenta la librería Don Quijote desde hace dieciséis años.

Denuncia que el pasaje se ha convertido «en el centro de drogadicción de Oviedo, donde la gente se viene a fumar heroína en cuanto cae la noche». Luis Carrero explica que los comerciantes que quedan en la zona tienen que lidiar con los indigentes que utilizan estas galerías para dormir. Aprovechan los recovecos que presta la entrada de un local abandonado, donde a plena luz del día se pueden apreciar los cartones que utilizan para dormir. También las escaleras que bajan a los almacenes y baños, que utilizan los propietarios de los locales y que además es la salida de emergencia de una sala de fiestas ubicada en la calle Covadonga. «Como duermen a las puertas de este acceso muchas veces no te dejan pasar y a veces hasta te da corte mirarlos. El problema es la suciedad que dejan. En algunas ocasiones me he tenido que tapar la nariz para poder sacar mis libros a las mesas que tengo fuera de la librería porque el olor a orina es horrible», describe el librero.

Según Luis Carrero, la presencia de estos indigentes está detrás de las dificultades que tiene la galería para alquilar y dar salida a los locales que han cerrado sus negocios. «Esto se ha convertido en un sitio peligroso. La gente tiene miedo a pasar por aquí. Hace dos meses hubo una pelea a navajazos por culpa de unos indigentes que se enfrentaron por unos cartones y hubo dos incendios por quemar, precisamente cartones, para calentarse el pasado invierno», lamenta Luis Carrero.

El pasaje, según Carrero, también es utilizado por parejas para mantener relaciones sexuales e incluso por viandantes «apurados» con ganas de orinar. Solucionar el problema «es complicado», asegura Íñigo Fernández, propietario de una agencia de viajes ubicada desde hace 34 años en el pasaje. «El paso es propiedad de las comunidades de vecinos del número 21 de la calle Caveda y del 28 de la calle Covadonga», explica. Una propiedad privada en la que la Policía solo puede actuar si hay incidentes violentos pero nada más.

Cerrar los dos accesos del pasaje, el que da a la calle Covadonga y el que da a Caveda, es una opción descartada por la oposición de los vecinos de los dos inmuebles cuyos portales se localizan en el interior de la galería. «En su día se propuso el cierre de once de la noche a siete de la mañana pero la inversión es muy grande y tampoco se solucionaría nada porque a esas horas ya habría gente durmiendo dentro», explica Íñigo Fernández.

Lo único que los comerciantes han logrado, hasta hoy, es el permiso del Ayuntamiento para cerrar y acristalar uno de los locales abandonados ubicado en una zona superior del lateral de la galería que es utilizado por los indigentes.