«Las empresas no cierran por el precio de la energía sino porque no hay política industrial»

Enrique Álvarez-Uría saluda a José María Pérez al comienzo de la tertulia . /  PIÑA
Enrique Álvarez-Uría saluda a José María Pérez al comienzo de la tertulia . / PIÑA

El ingeniero de Minas Enrique Álvarez-Uría aborda la transición energética en la tertulia L' Alderique

J. C. ABAD OVIEDO.

Bajo el título 'La transición energética asturiana', el ingeniero de Minas Enrique Álvarez-Uría desgranó ayer las claves de los riesgos y oportunidades que afronta el Principado al abordar un cambio en el sector de la producción energética, sus fuentes y sus usos futuros. Lo hizo en la tertulia L' Alderique, que se celebró en el Club de Tenis de Oviedo.

Comenzó por la cruda realidad, que Asturias vive apegada al carbón por su historia y por su vocación industrial, algo que choca con el mix energético nacional. Si en España la quema de combustibles fósiles representa el 8%, en el Principado es del 60%, relató para preguntarse «¿es bueno, es malo?». Ni una cosa de la otra, porque la mitad de ese carbón se quema en la industria y la otra mitad en la producción energética.

La realidad sigue por los anuncios de cierre de las térmicas como la de Lada y Velilla, por ejemplo, y las exigencias para unos grupos que en 2025 van a sobrepasar en toda la región los cuarenta años de vida. Eso sí, Álvarez-Uría elogió el proceso de mejoras que el sector eléctrico ha asumido para cumplir con las emisiones de CO2. «El sector eléctrico ha soportado en su inmensa mayoría las reducciones», explicó para censurar a continuación que «el transporte emite más que las eléctricas y estamos dudando con la implantación del coche eléctrico».

Sin inversiones

Con el candente tema sobre la mesa, el anuncio del cierre de la planta de Alcoa en Avilés sobrevoló toda la charla hasta que los cotertulios lo abordaron. «Que no nos digan que Alcoa cierra por el precio de la energía porque no es verdad», explicó el ingeniero. «Cierra porque la empresa no ha invertido en la mejora de la planta desde hace cincuenta años y fíjense si las tecnologías del aluminio no han cambiado en todo este tiempo», añadió. Lo contó en primera persona, reconociendo que visitó la fábrica como estudiante y que poco y nada ha cambiado.

Luego, «si nada se ha hecho en esa fábrica», la razón del cierre no puede ser «el consumo energético». «La de Lugo va a seguir porque aunque consume más que las de La Coruña y Avilés, genera beneficios. Esos 1.000 millones de rebaja por la interrumpibilidad fueron a la cuenta de resultados de la empresa pero el problema es que nadie habla con ellos hasta que se plantea un ERE y esa no es la política industrial y energética que Asturias necesita», sentenció.

Todo lo anterior, si de verdad el Ministerio para la Transición Energética -ya lo lleva en el nombre- cumple lo que promete, tiene que casar, para Álvarez-Uría, con la «vocación industrial» de esta tierra pero «pegando un vuelco brutal».

«No podemos pensar en lo mismo, en invertir en los mismos proyectos, sino en las nuevas industrias», aventuró al hablar que esa 'transición' exige nuevas tecnologías. «Hay empresas ejemplares, punteras y en energía también», explicó para creer en el futuro de una región que sufre, por añadidura, los primeros síntomas del invierno demográfico. «Si la tendencia del mundo entero y España pasa por las energías renovables, no sé por qué no estamos trabajando ya en ellas». Y el reloj corre. En 2025, las centrales asturianas pasarán de los cuarenta años de antigüedad.

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