La familia de Palacio se querella por falso testimonio contra un intendente de bomberos

La familia de Palacio se querella por falso testimonio contra  un intendente de bomberos

Sostiene que mintió en su declaración ante los juzgados de lo Social y trata de reabrir la causa sobre el accidente que le costó al bombero

G. D. -R. OVIEDO.

La familia de Eloy Palacio, el bombero fallecido durante las tareas de extinción del incendio del número 58 de Uría en abril de 2016, ha presentado una querella por falso testimonio contra, al menos, uno de los intendentes del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento en relación con la declaración de este sobre los hechos ocurridos aquel trágico día.

La denuncia persigue probar que el mando del servicio faltó a la verdad en su declaración ante los tribunales y que de ello se derive la reapertura del caso en la jurisdicción Social, donde la familia del bombero fallecido perseguía que se reconociese su muerte como derivada de un accidente laboral y no de su propia «imprudencia grave», según sentenciaron los tribunales. Unos jueces y unos responsables de seguridad en el trabajo que culparon al funcionario de su propia muerte sin esperar siquiera por el informe de la Policía Científica, que confirmaba, por ejemplo, la falta de agua durante las tareas de extinción o los problemas con las bocas de incendio y riego.

Entre unos y otros han sublevado a bomberos de todas España que reclaman una ley que regule su profesión para que apagar un fuego no vuelva a considerarse una imprudencia temeraria.

Judicialmente, la situación no es fácil para la familia de Eloy Palacio. Probar que este intendente de Bomberos faltó a la verdad en su testimonio reabriría la vía en lo social, pero es casi el último cartucho, después de que las reclamaciones penales no prosperasen y tampoco fueran atendidas en lo social.

La familia de Palacio aportará como prueba nuevas grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona, pero todo se mueve en el terreno de las medias verdades. El entonces jefe de Bomberos recalcó en su día que no faltó nunca agua durante la intervención, para a renglón seguido reconocer que hubo «cierta precariedad». Tanta como para barajar descargar con un helicóptero sobre las llamas o para pedir dos cubas del parque y poco después pedir al Principado que enviase otras dos más desde Llanera. Las cuatro tuvieron que hacer varios viajes desde Uría a Rubín a recargar ante la inoperatividad de las bocas de incendio del entorno. Unos hidrantes que hoy, tres años después, siguen igual y sin revisiones.