La gruta de los grabados

La cueva de La Lluera fue descubierta a finales de los años 70, y cada verano se abre al público para mostrar su Arte Paleolítico

Visitantes en la cueva de la Lluera. /Pablo Lorenzana
Visitantes en la cueva de la Lluera. / Pablo Lorenzana
SANDRA S. FERRERÍA

A pocos kilómetros de Oviedo la cueva de La Lluera, en Priorio, guarda entre sus paredes un conjunto de grabados exteriores, el más importante de los conocidos en el valle medio del Nalón, y que es considerado de primer nivel en el conjunto del arte rupestre paleolítico cantábrico.

Desde principios de julio y hasta el 26 de septiembre, el Gobierno del Principado de Asturias ha reabierto al público la cueva que se puede visitar en compañía de Rosario Suárez, guía dependiente de la Dirección General de Patrimonio Cultural, quien desgranará los secretos que esconden las paredes de la cueva.

Hay que remontarse a 1979 para conocer la historia de la cueva «a efectos científicos». Fue en ese año cuando un grupo de espeólogos entraron en la cavidad situada en Priorio, a los pies del río Nalón, y repararon en las paredes y en su contenido. Hasta entonces el lugar era conocido por los vecinos de la zona, pero no habían prestado atención a la maravilla artística que cubría las paredes de La Lluera. Fue de la mano de los arqueólogos Javier Fortea y Adolfo Rodríguez Asensio con quienes comenzó el estudio y las excavaciones arqueológicas necesarias.

El yacimiento destaca por su elevada cantidad de grabados, su calidad y la técnica con que fueron realizados. Así, La Lluera cuenta con un vestíbulo que se bifurca en dos galerías. La galería occidental abarca el conjunto gráfico de la cueva, y en sus muros se pueden ver ciervas, bóvidos y caballos. También machos cabrios, uros y un posible mamut, según la interpretación que se propuso en ese momento. El conjunto más singular y mejor organizado de la cueva se localiza en lo que se conoce como 'Gran Hornacina', donde se encuentran seis uros de distintos tamaños y colocados de manera oblicua siguiendo «líneas de fuga que coinciden con una fisura de la propia pared». Este recurso contribuye a dotar al conjunto de una sensación de perspectiva.

La galería oriental es la zona de mayor espesor del yacimiento, pero en ella no se han hallado grabados.

1. Rosario Suárez y Carlos Pérez durante una visita en la cueva de La Lluera. | 2. Vista de la cueva situada en Priorio a la orilla del Nalón. | 3. Rosario Suárez, Carlos Pérez e Ignacio Alonso. / P. Lorenzana

Ambas galerías forman una planta en forma de U y se unen en la sala transversal donde también los expertos abrieron sondeos en busca de grabados sin obtener resultados. Sin embargo, según el director del Museo Arqueológico de Asturias, Ignacio Alonso, la estratigrafía practica en la cueva –parte de la geología que estudia la disposición y características de las rocas sedimentarias y los estratos– todas las galerías y sus rocas demuestran el uso de la cueva entre 21.000 y 17.000 años atrás, durante el Solutrense.

El Museo Arqueológico de Asturias es el encargado de la coordinación de las cuevas prehistóricas con visitas al público. Así, La Lluera se puede visitar de miércoles a domingo de diez de la mañana a cuatro de la tarde. Para ello es necesario realizar una reserva telefónica en el número 647 800 385, en horario de tres a cinco de la tarde. El precio de la visita es de 3,13 euros para adultos y de 1,62 para niños de 7 a 12 años, así como para mayores de 65. El máximo de personas por grupo es de 6.

Para acceder a la cueva es necesario dejar el coche en Priorio. Desde allí se toma un camino de unos veinte minutos y se llega a la entrada de la finca donde se encuentra la entrada a la cueva. Allí, acompañados por el guía, los visitantes descienden una ladera de unos 100 metros hasta llegar a los pies del río Nalón, y por ende, a la cueva. Dado que el acceso es relativamente complicado, se recomienda llevar calzado apropiado.

Importante es también ir acompañados de «actitud para apreciar los grabados», tal y como señala Rosario Suárez. Y es que para que no estén acostumbrados a ver este tipo de gráficos puede resultar complicado pero no imposible apreciar los distintos animales que contienen las paredes de La Lluera.

«Según vas acostumbrando la mirada se ven más cosas», admitió durante su visita el ovetense Carlos Pérez, quien acostumbra a visitar cuevas asturianas. Él lo calificó como «impresionante».

Pero el arte rupestre en Asturias no se limita solo a La Lluera. Si son unos amantes de los grabados y las pinturas históricas, la región cuenta con otras zonas donde poder disfrutar de este arte. El Pindal, en Ribadedeva; La Loja en Peñamellera Baja; La Peña, en Candamo; El Buxu, en Cangas de Onís o Tito Bustillo, en Ribadesella, son visita obligatoria para lo que resta de verano.