«Desde que hago la misa de los niños se acerca más juventud a la parroquia»

José Ramón Castañón, 'Pochi'. / PABLO LORENZANA
José Ramón Castañón, 'Pochi'. / PABLO LORENZANA

'Pochi' consigue que cada domingo la iglesia de Teatinos sea un «hervidero» | Este cura conjuga los «modelos tradicionales de celebración» con nuevas fórmulas de «comunicación»

ROSALÍA AGUDÍN OVIEDO.

Nació en Oviedo hace 53 años y su nombre de pila es José Ramón Castañón, pero todos le conocen como 'Pochi'. Es uno de los curas más queridos de la ciudad y la parroquia de Teatinos se llena cada domingo a las once y media de la mañana para la celebración de la misa de los niños. En ella conjuga los «modelos tradicionales de celebración» con las «nuevas fórmulas de comunicación» (entre las que se encuentran las canciones, los gestos o la visita de los personajes de 'Start Wars') y cada semana se mete a los fieles en el bolsillo. Tanto a los más pequeños de la casa como al resto de la famila.

Dice que la idea de crear esta misa nació en su primer destino como cura: Cangas del Narcea. Allí, junto al cura Jesús Bayón, empezaron a hacer celebraciones enfocadas a los niños y poco a poco esta idea fue tomando forma. Entremedias pasó por La Espina y la iglesia del Buen Pastor de Gijón y cuando fue trasladado a la parroquia de los Santos Apóstoles, la dotó de contenido. Y arrasó. Hasta 1.400 fieles llegaron ir al templo para escuchar a 'Pochi' y la visión de la fe cambió para muchos.

Pero un día el teléfono de este cura sonó. Al otro lado el vicario general de Oviedo, Jorge Sangrador, le dio una de las noticias que más le ha impactado. Le comunicó su traslado a la parroquia de Nuestra Señora de Covadonga de Teatinos. Esta decisión hizo que alguna que otra lágrima se derramase entre los ovetenses que acudían hasta la iglesia de Buenavista para escuchar a Pochi, aunque cinco años después este éxito se ha trasladado a la otra punta de la ciudad. «Cada domingo, esto es un hervidero. Tengo que dejar los portones abiertos porque dentro no entra todo el mundo».

Este cura se siente a gusto en su destino. Desde la puerta de la parroquia conversa cada día con los vecinos y dice que a la semana unos trescientos niños acuden a catequesis para preparar la primera comunión. Durante la hora que están allí, aprenden las oraciones de la misa, pero también valores como la solidaridad y la ayuda a los demás: «La semana psada organizamos un rastrillo de juguetes y ahora estamos recogiendo objetos para después darlos al albergue Cano Mata que gestiona Cáritas».

Estos sesenta minutos también dan para que los niños elegidos se aprendan las frases que después dirán en la celebración: «Cada semana un grupo participa en la misa e incorporo sorpresas. Lleva bastante tiempo prepararla». Pero todo esfuerzo ,siempre ,tiene su recompensa: «Los niños se sienten acogidos y queridos y noto que, desde que hago esta celebración, se acerca mucha más juventud hasta la parroquia».

Muchos pensarán que esta ceremonia, al incorporar al rito más atractivos, durará una eternidad, pero nada más lejos de la realidad: «El tiempo que se dedica oscila entre los 35 y 40 minutos porque los niveles de atención de los niños son más limitados que los de un adulto».

Esta misa no podrían ser posible sin el esfuerzo de toda la comunidad. Desde los catequistas hasta las familias pasando por los más de trescientos niños que el próximo año harán la comunión o los 150 que acuden tras la comunión para preparar la confirmación.

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