Los hidrantes continúan sin mantenimiento tres años después del incendio de Uría

La esquina de la calle Uría con Melquíades Álvarez, con los dos edificios ya restaurados tres años después del desolador incendio. / ALEX PIÑA
La esquina de la calle Uría con Melquíades Álvarez, con los dos edificios ya restaurados tres años después del desolador incendio. / ALEX PIÑA

El Ayuntamiento dispone de una base de datos con más de 300 bocas de incendio, que están sin señalizar

GONZALO DÍAZ-RUBÍN OVIEDO.

En diciembre de 2017, el equipo de gobierno conoció un informe, pedido seis meses antes por Alcaldía y firmado conjuntamente por la Secretaría General y los servicios de Infraestructuras, Contratación y Bomberos, que concluía que compete a la concesionaria, Aqualia, hacer la «verificación» de todas las bocas de incendio públicas del concejo, que incluye tanto la inspección como la obligación de «diagnosticar y reparar» las posibles averías de las mismas. El dictamen, validado por los responsables de todos los servicios implicados y con el aval adicional del máximo responsable de la legalidad en la 'casa', ha servido exactamente para lo mismo que las denuncias durante décadas de la sección sindical de CSI, para nada. Tres años después del incendio de Uría, en el que perdió la vida el bombero Eloy Palacio, nadie hace el mantenimiento ni las revisiones de las bocas de incendio.

El Ayuntamiento, tras el dictamen, abrió un expediente contradictorio al que la empresa se opuso con profusión de alegaciones. Un año y un mes después, la junta de gobierno, por unanimidad de los tres grupos (PSOE, Somos Oviedo e IU) acordó dejar caducar el expediente, y el mantenimiento y revisión de las bocas de incendio quedaron en tierra de nadie. La Concejalía de Infraestructuras y Servicios Básicos justificó el paso atrás en que «han surgido otras diferencias interpretativas» sobre el contrato de concesión del servicio con Aqualia, «factores que han estar incluidos en la liquidación anual, inspección y mantenimiento de elementos de la red, flujos de información relacionada con la concesión red o la fiabilidad de la cartografía facilitada» y aplazó cualquier decisión a la convocatoria de una comisión mixta con la empresa sobre el contrato. La responsable del área, Ana Rivas, justificó esta semana que el órgano no se haya constituido por la prologada baja de la jefa de la oficina presupuestaria, que debería formar parte de ella. Un argumento que no consta como respuesta a las dudas planteadas por el Grupo Municipal Somos Oviedo en junta de gobierno, cuando planteó la necesidad de reabrir de forma inmediata el expediente a la empresa concesionaria o tomar medidas alternativas.

Lo extraño de todo es que ya no hay razones que frenen tomar medidas. Los juzgados han ido avalando las tesis municipales en las distintas reclamaciones patrimoniales por el incendio de Uría y dictando fallos que estiman los argumentos de las periciales presentadas por los letrados consistoriales en las que se señalaba que los edificios afectados estaban prácticamente en ruina económica y que la evidente falta de agua durante el incendio no fue determinante en sus catastróficos resultados. El riesgo de reclamaciones millonarias para la empresa o el Consistorio ha desaparecido prácticamente, sin embargo el equipo de gobierno ha obviado opciones como contratar y pagar la revisión de los hidrantes a una empresa (incluso a la propia concesionaria) mientras se dirime bien en la comisión pendiente, bien en un expediente o en los tribunales quién debe hacer algo tan básico (y obligatorio desde 1983) como comprobar que las bocas de incendio funcionan.

Baile de criterios

Jurídicamente la situación puede ser controvertida. La propia edil de Infraestructuras ha pasado de manifestar sus dudas acerca de quién debe hacer el mantenimiento, a admitir que las revisiones tienen que hacerlas los Bomberos, pero las comprobaciones no estaba claro a aquello tan rotundo de que «los hidrantes son responsabilidad de Aqualia», como sentenció en marzo del año pasado, a dejar la solución al criterio de una comisión.

Tras el incendio de Uría, Infraestructuras y Seguridad Ciudadana abrieron una investigación sobre el estado de bocas de incendio y de riego. La conclusión fue achacar a la falta de personal y de coordinación entre los distintos servicios los problemas de los bomberos para apagar el fuego aquel fatídico día. Problemas que se resumen muy gráficamente explicando que el incendio se extinguió con agua traída de Llanera y con los camiones recargando en el cuartel de Rubín, ante la imposibilidad de encontrar una toma de agua que garantizase la presión y el caudal necesarios para atacar el fuego. Una boca de incendios situada un poco más allá en la misma calle resultó inaccesible al estar sin señalizar y tapada con una losa de hormigón, que, incluso días después, obligó a la Policía Científica a usar una pluma para poder estudiarla en el curso de sus investigaciones sobre el siniestro. En prueba de las dificultades, el hidrante, el único de toda la calle Uría (descontados los de El Corte Inglés, a los que extrañamente nadie acudió el día del incendio) sigue exactamente igual hoy.

Entonces, antes del informe conjunto de los principales servicios, el equipo de gobierno sostuvo que los hidrantes «no aparecen en el contrato de concesión» de Aguas, «nada se dice del mantenimiento ni de quién es la responsabilidad» de hacer las revisiones de las bocas de incendio de la ciudad desde que se privatizase la gestión en 1991. Sostuvo que existían dos bases informáticas distintas, en Aguas y Bomberos, que ambas daban fallos y que ninguna era del todo fiable por la aludida falta de coordinación.

Rivas asumió que «hasta 2011 parece claro que el Ayuntamiento no vigilaba» la situación de la red de tomas de agua. Una instrucción de la concejala de Seguridad Ciudadana, entonces Conchita García, puso a los bomberos a revisarlas, pero apenas un año y medio después se dejó de hacer, aunque Rivas no precisó quién dio la orden. Constan varios contratos menores con Aqualia, al margen del de concesión, para reparar las averías detectadas entonces.

De las incidencias en las bocas de riego, explicaron, solía dar cuenta el servicio que más las utiliza, el de Limpieza Viaria.

Una boca de riego no es lo mismo que un hidrante o boca de incendios. No hay ninguna regulación que marque el caudal mínimo, las revisiones o los plazos para arreglar una fuga de una toma de agua que se puede usar para baldeo de calles o regar zonas verdes. Los hidrantes son otra cosa. Deberán estar señalizados (no ocultos bajo una losa de hormigón), lo dice la normativa del Estado desde 1983. También, deben garantizar un caudal mínimo de 1.000 litros de agua por segundo, con una presión de, al menos, 10 metros de columna de agua. Es obligatorio revisarlos cada tres meses y hacer pruebas al máximo de presión cada dos años.

Posición y presión

Casi un año después del incendio y a las puertas de su jubilación, el jefe de Bomberos, José Manuel Torres, ordenó una revisión de todas las bocas de incendio (hidrantes) del municipio, que «se hace necesaria» y en la que se deberán anotar «la situación actual del hidrante, presión, señalización o accesibilidad, así como sus coordenadas GPS». Los bomberos se aplicaron en ello durante medio año. Los resultados se volcaron en una nueva base de datos, que reúne más de 300 hidrantes públicos en una base de datos adaptada al GIS (sistema de geoposición) municipal. El concejal de Seguridad, Ricardo Fernández, anunció entonces una revisión en profundidad para ver cuántos hidrantes tiene que haber en la ciudad, dado que la normativa manda uno cada 200 metros lineales.

En su señalización, que debería ser prioritaria dado que Oviedo parece haber optado por tomas bajo la superficie, nada se ha avanzado. Durante el incendio que arrasó la cubierta de Notre Dame de París la semana pasada, cualquier internauta podía consultar la posición, caudal y última revisión de los cuatro hidrantes situados alrededor de la 'isle de la Cité'. Disponer de una caudal abundante, no frenó las llamas, pero permitió enfriar la piedra, salvar parte de las vidrieras y ganó tiempo para evacuar los tesoros artísticos del templo. Las imágenes se pueden buscar en internet. El agua sale a chorros de los cañones y se eleva en un intento de llegar a unas llamas a más de 60 metros. Fíjense en las mangueras: están tersas, llenas de agua a presión. Las del incendio de Uría también son elocuentes en este aspecto.