Hosteleros de El Rosal piden diálogo para acabar «con el estigma» de la calle

Los empresarios posan en la calle El Rosal. / PIÑA
Los empresarios posan en la calle El Rosal. / PIÑA

«Los del botellón llevan bolsas de supermercado, nosotros no somos los culpables», denuncian tras el Carnaval del 'manguerazo'

MÓNICA RIVERO OVIEDO.

Es la calle señalada por las peleas, las bandas y el botellón, de las reyertas que impiden el descanso a los vecinos y donde una vez más el pasado 9 de marzo, sábado de Carnaval, hubo desacuerdo entre Ayuntamiento y hosteleros en la forma más adecuada de controlar la marabunta de gente que se reunió en la zona para disfrutar de la algarabía de las fiestas.

«Lo mejor sería que cuando llegasen grandes eventos haya una reunión entre Seguridad Ciudadana, hostelería, no de Asturias, que no nos representa, sino toda; y organizarnos con la Policía para controlar la situación». Aseguran que no critican la actuación policial, sino la incorrecta gestión de eventos multitudinarios en los que el botellón termina desplazado y no eliminado: «En la calle Mon, en Carnaval, la Policía tuvo que sacar a una chica menor de edad en brazos porque había demasiada gente para que pasara la ambulancia».

Para El Rosal este fue «el Carnaval del manguerazo», cuentan los dueños de algunos de los bares, «a las doce y media se llamó a los servicios de limpieza y no se podía estar ni fumando en la calle», algo que ha repercutido en la afluencia y reducido sus ventas a la mitad con respecto al año anterior. D.G., P.P., M.C., H.S. y M.M.. por iniciales que «somos conocidos» y para no personalizar unas opiniones que son comunes, son dueños de varios locales hosteleros en El Rosal y quieren terminar con el sambenito que afecta a la calle y a sus negocios.

«Nos tienen ya estigmatizados», resumen entre todos. No pueden evitar hacer comparaciones con otras zonas en las que notan una mayor laxitud: «Yo tengo de echar a chavales del bar por ser menores y ver fotos de ellos tomando sidras por ahí», cuenta uno de los empresarios. «Aquí si te fijas cierran bares y no abren; abajo, en El Antiguo eso no pasa», compara otro.

Mala reputación

«Todos esos menores que estaban de botellón iban con bolsas de supermercados, se están equivocando de culpables, ¿quién les vendió el alcohol?», señalan. Los hosteleros piden más concienciación y responsabilidades a los padres, de los que, entienden, depende la tarea de evitar que los menores salgan a deshora: «Nosotros no podemos prohibir que los menores anden por la calle ni entren a los bares, aunque es algo a lo que siempre tenemos miedo, lo único que podemos hacer es pedir carnés y al final tenemos que ser nosotros los sargentos, pero no podemos hacer nada si un mayor compra y le da la bebida a un menor», explican. Muchos de ellos han decidido invertir dinero en porteros que les eviten parte de los problemas. «Un gasto más para cumplir con la ley que nos repercute en tener menos clientela; y, cuando podemos recuperar las pérdidas en fechas como puede ser Carnaval, nos pasan estas cosas», expone uno.

No les llegan quejas expresas por parte de los vecinos, que no han mostrado intención de reunirse con los empresarios, pero entienden que los problemas se deben a la falta de diálogo «entre hosteleros, clientes y asociaciones de vecinos» para adecuar horarios o pactar medidas y señalan también las distintas varas de medir. «Si la diversión de unos está reñida con el descanso de otros, entones hablemos de San Mateo, hay una residencia de ancianos al lado del Filarmónica, se amplían horarios, se sacan altavoces descomunales... Nosotros sólo pedimos tres horas en locales insonorizados con límites de decibelios», aducen.

Respecto a las peleas, niegan la inseguridad, pero dicen haber notado cierta insistencia por redirigir el asunto hacia la calle. Achacan las reyertas a grupos concretos de menores ya identificados por la Policía y cuya relación con la zona es puramente circunstancial. «Hay mucha más presencia policial, la cosa ha mejorado mucho y se acaba prontocualquier jaleo», comentan. Otra cuestión distinta son «los doscientos móviles que se han robado y que de sobra son asunto conocido en la Comisaría».

«No es un ataque»

Para este grupo de hosteleros el remedio es simple, abogan por el diálogo con el Ayuntamiento: «Esto no es un ataque, es una reivindicación colectiva; nosotros queremos hablar, pero nadie llama a nuestra puerta y nos dice vamos a arreglar esto, les da igual, sacan un titular, te estigmatizan», lamentan.

Uno de los hosteleros asegura que lleva tres años esperando la respuesta del concejal de Seguridad, con el que habló en su momento y al que le proporcionó su teléfono para mantener una comunicación sobre temas de salud pública y ocio nocturno: «No he vuelto a saber nada de ellos y no me sorprende, pero si llama un vecino tenemos ahí a la Policía, esto tiene que cambiar».

La ciudadanía desconoce gran parte de las vicisitudes y particularidades legales del ocio nocturno, otro área que como hosteleros quieren remediar para que se conozca su situación y se les quite esa «equis que nos han puesto» para dejar de sentirse «criminales».