«Íñigo era un optimista nato, un empresario comprometido»

Daniel Pérez, en un partido con el Belenos en el Muro de Zaro
La primeras filas de la basílica de San Juan, que se llenó durante el funeral. / FOTOS PABLO LORENZANA

Cientos de ovetenses despiden al director comercial de Tartiere Auto, «un hombre excepcional», en la basílica de San Juan

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

La basílica de San Juan el Real se quedó ayer pequeña para que familiares, amigos y compañeros dieran el último adiós a Íñigo Tartiere Goyenechea, director de ventas de Audi en Tartiere Auto, fallecido a los 53 años de edad a causa de una infección por una bacteria. Los asistentes, «en estado de shock», incrédulos de cómo la llama de Tartiere se apagó de manera imprevista, mantuvieron sus emociones contenidas durante la celebración del funeral.

«Íñigo era un optimista nato, lleno de ilusiones y proyectos», relató Francisco Javier Suárez, párroco titular de la basílica, en sus palabras de consuelo. Vinieron a refrendar el sentir de sus allegados desde que se conoció la noticia del fallecimiento de un «empresario excepcional».

A la salida de misa, el exalcalde y líder del Partido Popular en Oviedo, Agustín Iglesias Caunedo, afirmó que Tartiere «siempre estuvo muy comprometido con los valores de Oviedo. Colaboraba en causas sociales y justas», antes de glosar su actividad empresarial como «creador de riqueza para la ciudad».

El tenor de las palabras de recuerdo a Tartiere hablaban de una persona con «un don de gentes especial» y «muy querido». Era el segundo hijo de Víctor Tartiere Herrero, ya fallecido, y Carmen Goyenechea Arisqueta, y bisnieto del industrial, banquero y empresario José Tartiere Lenegre, una de las figuras clave de la industrialización asturiana, primer conde de Santa Bárbara de Lugones y fundador de la Sociedad Santa Bárbara, que fabricó explosivos para la guerra de Cuba. Desde hace década y media, Íñigo residía en La Fresneda con su mujer, Yolanda Alonso, y sus dos hijos, Víctor y Alicia, de 25 y 21 años.

Su hermana pequeña, Inés, expresó durante el velatorio que el fallecido era una persona «que siempre tenía buenas palabras para todo el mundo». Su cuñado y presidente de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, Francisco González Álvarez-Buylla, destacó su «gran» cantidad de amigos y su capacidad de trabajo.

El mundo empresarial lamentó su pérdida. Fernándo Fernández-Kelly, expresidente de la Cámara de Comercio de Oviedo, se sumó a las condolencias: «Una bella persona como amigo y como profesional es una desgracia», se dolió. «Le echaremos de menos como empresario pero sobre todo como amigo», agregó.

Los empleados de Tartiere Auto lamentaron en un comunicado que «nos dejó uno de los nuestros». Le agradecieron su amabilidad durante tantas horas de trabajo: «Descansa en paz y entre nosotros seguirá presente tu eterna sonrisa».

Hombre de familia y entregado a su trabajo, entre sus pasiones se encontraban el golf, el pádel y el mus. Hace tres meses se alzó con la victoria del campeonato de naipes que organiza el Real Club de Tenis de Oviedo, según recordó su íntimo amigo y director de la revista 'Vivir Oviedo', Santiago González-Alverú, reseñando que durante el último lustro había formado parte del jurado que cada año otorga el premio 'Ovetense del año'.

Asiduo al Tenis y vecino de La Fresneda, la otra gran pasión de Tartiere era el Real Oviedo. El club azul estuvo representado en el sepelio por su presidente, Jorge Menéndez Vallina. Por la tarde, el encuentro que enfrentó a los carbayones ante el Deportivo de La Coruña comenzó con un sentido minuto de silencio en recuerdo de Tartiere.

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