A lomos de la superación

Son los últimos supervivientes de El Asturcón. El servicio de hipoterapia es el único que se mantiene activo tras su cierre

Cristóbal Zamora, Arantxa Múgica y 'Tormenta' ./FOTOS: PIÑA
Cristóbal Zamora, Arantxa Múgica y 'Tormenta' . / FOTOS: PIÑA
CECILIA PÉREZ

Vera tiene 21 años y es pura energía. 'Españolete' es un caballo tranquilo y paciente que logra calmar el ímpetu y canalizar la hiperactividad de esta joven. Entre ambos se ha creado un vínculo que va más allá de una terapia. Esta joven es una de los cerca de doscientos usuarios que acuden cada semana a las sesiones de hipoterapia que se imparten en el centro ecuestre de El Asturcón desde hace dos décadas. En 2003 cogió la riendas de esta actividad la asociación Equitación Positiva. Se encarga de impartir las terapias a través de un equipo multidisciplinar de psicólogos, terapeutas, logopedas, trabajadoras sociales y fisioterapeutas, amén de los mozos de cuadra y auxiliares ecuestres que se ocupan del cuidado y mantenimiento de los once caballos utilizados en este tipo de terapias no convencionales. Son los últimos supervivientes de El Asturcón.

Se van a cumplir ya tres años del cierre de este equipamiento como centro hípico municipal. El servicio de hipoterapia es el único que se mantiene. «El cierre nos afectó en algo importante. Perdimos la integración de las personas con discapacidad con el entorno», explica Yaiza Herrera, trabajadora social y encargada ecuestre del servicio de hipoterapia.

La psicóloga Arantxa Múgica, junto a Cristóbal Zamora en las cuadras de El Asturcón.
La psicóloga Arantxa Múgica, junto a Cristóbal Zamora en las cuadras de El Asturcón.

El objetivo de este tipo de terapias asistidas con caballos es fácil de escribir pero complicado de transmitir. Es un trabajo donde las emociones están a flor de piel, que busca «mejorar la calidad de vida de la personas con discapacidad y sus familias», explica Herrera. «Se fue trabajando en este campo y se vieron los beneficios que el caballo y el entorno ecuestre tenían en las personas con discapacidad. El animal es un elemento motivador, lo mismo que el entorno que le rodea», cuenta.

Aquí las batas blancas de los psicólogos se cambian por botas de montar y las consultas cerradas por paseos al aire libre a lomos de un caballo sin olvidar que «esto es una terapia», incide la trabajadora social. El caballo es «la herramienta mediadora».

Sara Álvarez a lomos de su caballo durante la sesión de terapia.
Sara Álvarez a lomos de su caballo durante la sesión de terapia.

En el caso de Vera el contacto con los animales, con su 'Españolete', le ayuda a «controlar las emociones y mejorar las relaciones sociales». Lo cuenta Arantxa Múgica, psicóloga de Equitación Positiva. La relación del animal en este tipo de terapias va en dos direcciones. Con el terapeuta, en primer lugar. «Hay que confiar en el caballo y viceversa. Tiene que ser una relación muy firme en la que se tiene que conocer muy bien al animal», explica Múgica. La otra clave está en el propio usuario que asiste a la terapia: «Se crea tal vínculo que el caballo se convierte en propio y en este logro está la clave para poder trabajar».

La equinoterapia o hipoterapia es una alternativa terapéutica que complementa a los tratamientos tradicionales, aportando «otros beneficios» a las personas con algún tipo de discapacidad funcional, psíquica o física. «Es una terapia psicológica en la que trabajamos lo mismo que se haría en una terapia convencional, la diferencia es que aquí utilizamos al caballo», señala Múgica. Eso sí, la psicóloga deja claro que «los caballos no curan por sí solos, para eso estamos nosotros, los profesionales. El animal es un elemento motivador cuya principal ventaja es que no juzga».

Cristóbal Zamora a lomos de 'Tormenta', junto con Arantxa Múgica.
Cristóbal Zamora a lomos de 'Tormenta', junto con Arantxa Múgica.

El más veterano

Cristóbal Zamora tiene 41 años y una discapacidad psíquica. Llega de la mano de su madre, María Jesús Martínez, a las instalaciones de El Asturcón. Recibe este tipo de terapia desde que el centro abrió sus puertas. «Posiblemente seamos los más veteranos», apunta esta mujer. Nadie tuvo que convencerla para apuntar a su hijo a este tipo de terapia. Sabía de sus beneficios y confió desde el primer momento pero con una puntualización: «Las mejoras son a largo plazo y generalizadas. En el caso de mi hijo, cuya discapacidad es psíquica, ganó en seguridad y en alegría». Acuden al centro una vez por semana. Cristóbal se reencuentra con su caballo, 'Tormenta', tras siete meses. Una operación quirúrgica de su madre imposibilitó que durante este tiempo acudiera a las sesiones de hipoterapia. Las retoma con ganas. Se le nota mientras cepilla con cuidado y precisión a su caballo. Sacar a los caballos de la cuadra y cepillarlos genera unas rutinas que ayudan a los usuarios a ganar seguridad. «Una persona con autismo no encaja los hechos impredecibles, por eso realizar este tipo de acciones rutinarias les confiere seguridad y a partir de ahí podremos trabajar la estimulación y todos los objetivos marcados en la terapia»,apunta Múgica.

El cepillado de los caballos forma parte de las sesiones de terapia.
El cepillado de los caballos forma parte de las sesiones de terapia.

Es el caso de la pequeña Sara Álvarez. Sufre autismo y sordera. Acude un día a la semana desde Avilés. Lleva dos años sin fallar a la cita de los martes en El Asturcón. «Nos lo comentaron en el colegio y nos decidimos a probar. Sara tenía un miedo terrible a los perros y a los caballos, pero ahora les gusta mucho. Esto es una actividad a la que viene muy contenta», cuenta su madre, Ángeles Ruiz.

Como una imagen vale más que mil palabras, a Sara se la encuentra en este reportaje en la segunda foto empezando por la izquierda montada en su caballo. Su rostro lo refleja todo. «Muchos de los usuarios que acuden a hipoterapia empiezan con miedo pero el 100% acaba subiéndose al caballo sin problema», explica Herrera. «No se necesitan habilidades ecuestres para recibir este tipo de terapias porque al principio es todo pasivo; es decir, es el terapeuta el que lleva al caballo», señala la trabajadora social. Hasta poder montarlo, todos los usuarios tienen que pasar por una «secuencia de actividades» para ganar confianza, del equino al usuario y del usuario al equino, siempre bajo la supervisión y control del profesional. Un trabajo que va más allá de la terapia, donde los resultados van a trote y se reflejan en las caras de sus compañeros y en la tranquilidad de sus familias.

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