«Compartir el pan y el vino es el símbolo de esta fiesta»

La capilla se quedó pequeña, ayer, durante la misa de la Cofradía de La Esperanza. / HUGO ÁLVAREZ
La capilla se quedó pequeña, ayer, durante la misa de la Cofradía de La Esperanza. / HUGO ÁLVAREZ

La Antigua Cofradía de La Esperanza celebra su reparto del bollo tras la misa en la capilla de La Balesquida

J. C. A.OVIEDO.

La Antigua Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza, La Balesquida, finalizó ayer la festividad de Pentecostés con una misa y el reparto del bollo y el vino entre sus cofrades, como manda la tradición que los ovetenses comenzaron allá por el año 1.232 y que acabó convirtiéndose en el Martes de Campo. Tras el reparto de las viandas, los cofrades optaron por guarecerse de la lluvia hasta que escampó.

En una capilla de La Balesquida abarrotada de fieles y bajo la advocación de la Virgen de la Esperanza, el párroco de San Tirso el Real, Ángel Rodríguez, pidió continuar con la «generosidad» que mostró aquella dama de alta alcurnia, Velasquita Giráldez, al dejar su testamento a la Cofradía de los Alfayates.

«Hoy vamos a compartir el pan que luego bendeciremos para recordar la historia», indicó Rodríguez durante su homilía en la que rememoró la tradición de «cuando se hacía la procesión, la gente caminaba y luego compartía el pan y el vino».

Engalanada la escueta capilla con los estandartes de la cofradía y banderas de España con las tijeras del gremio de alfayates, el párroco puso de actualidad ese afán por compartir con los demás «lleno de simbolismo» y que ubicó en el origen de la fiesta.

Una de las señas de identidad de la festividad del Martes de Campo que pidió extender a la «vida diaria» para hacerlo con «quien lo necesita más». «Son realidades vivas, presentes en nuestra ciudad en las relaciones de unos con los otros» indicó el párroco tras bendecir a todos los panes, que se «compartieron» ayer.