El Martes de Campo echa un pulso a la lluvia

José Antonio Alonso, segundo por la izquierda en primer término, durante la entrega del bollo del Martes de Campo en el Bombé. / FOTOS: MARIO ROJAS
José Antonio Alonso, segundo por la izquierda en primer término, durante la entrega del bollo del Martes de Campo en el Bombé. / FOTOS: MARIO ROJAS

La Sociedad Protectora de La Balesquida reparte 4.000 bollos pese al mal tiempo en el paseo del Bombé | «Aquí hay folixa asgaya pase lo que pase», sostienen los más animados a pesar de que las intensas precipitaciones dejaron mesas vacías

ALBERTO ARCEOVIEDO.

El Martes de Campo es una festividad en la que muchos ovetenses cumplen las costumbres a rajatabla: madrugan, se visten para la ocasión, acuden al paseo del Bombé, recogen el bollo preñao y la botella de vino de la Sociedad Protectora de La Balesquida, y lo degustan allí mismo junto a la familia y los amigos. La lluvia impidió ayer esto último, pero sin frenar a los miles de ovetenses que se acercaron al gran espacio verde de la ciudad, donde la sociedad agotó los 4.000 bollos entre los socios (doscientos más fueron a parar a la Cocina Económica). Ataviados con chubasqueros de plástico, abrigos y paraguas, los fieles al Campo y a sus tradiciones, de todas las edades y procedencias imaginables, respondieron la llamada. Y aunque la mayoría se llevó el bollo a casa, doña Velasquita, la mujer que donó hace ya casi ocho siglos una capilla a los sastres y hombres buenos de la ciudad, lo que dio origen a la tradición, estaría orgullosa.

Las primeras horas del día fueron desalentadoras para la organización. Pasados varios minutos de las doce del mediodía, las frías temperaturas y los chubascos repentinos obligaron a los socios a refugiarse bajo el cobijo de la carpa del paseo del Bombé. Algo que, a priori, «entorpeció» el reparto de las viandas. Así lo manifestó el presidente de la sociedad, José Antonio Alonso.

«El ánimo no puede decaer y no ha decaído, pero lo cierto es que hemos vivido un Martes de Campo bajo la lluvia. El reparto del bollo ha sido ligeramente dificultoso por la cantidad de gente que se aglomeraba bajo la carpa. La lluvia complica las cosas, pero los socios han cumplido con la tradición del Campo y han venido a por él. No podríamos estar más contentos», admitió Alonso. Mientras tanto, la Banda de Música Ciudad de Oviedo interpretaba sus piezas aprovechando la intermitencia de las precipitaciones.

Doscientas mesas vacías

«Hemos pasado el día mirando al cielo y deseando que dejase de llover cuanto antes para que la gente pudiese venir a disfrutar de todas las actividades programadas», sentenció el presidente momentos después de haber repartido hasta el último de esos 4.000 bollos. A su lado, doscientas mesas y mil sillas de plástico completamente vacías y empapadas. También el prau, donde ninguno se atrevió a sentarse a calmar el apetito.

Pero para los ovetenses «de toda la vida», confiados y decididos de que «el bollo se come en el Campo llueva o truene», el agua no fue impedimento para sacar las botas de vino a la calle, la empanada y la sidra alrededor de una mesa con toda la familia. Así, improvisando un refugio con el tejadillo de la biblioteca Lorenzo Rodríguez Castellano, La Granja, Raquel Velázquez disfrutó de los festejos junto a sus amigos y familiares. «Solo hay un lugar para comer el bollo como Dios manda: el Campo de San Francisco», sentenció. «Aquí hay folixa asgaya pase lo que pase», clamó, a su lado, Elda Fernández.

Y en ese sentido, el Martes de Campo también es para los foráneos. Fue el caso de los Salekh, una familia procedente del Sahara occidental, que acudió al Campo por tercer año consecutivo. «Nos gusta mucho disfrutar de los parques de la ciudad y ver cómo la gente se divierte en la calle», manifestó la pequeña Syda Salekh junto a sus dos hermanas, Draya y Bahara; y su madre, Ayabira Egligfa.

Tras la hora de la comida muchos de los presentes decidieron bajar hasta el paseo de los Álamos a tomarse un helado. Siguiendo la tradición, y aunque no tan acusadas como otros años, no faltaron las colas frente a Verdú. Otros, como también mandan las costumbres, prefirieron el café y los pasteles en alguna de las confiterías cercanas. Fue el caso de Charo González y Pilar Álvarez, que tras almorzar en una de las solitarias mesas del Bombé, acudieron al Auseva a por el debido postre. «Como siempre se ha hecho», enfatizó González.

La fiesta no cesó en ningún momento. Y el sol se dejó ver por el cielo de la capital a partir de las cinco de la tarde, permitiendo así la celebración del festival de la canción asturiana en el que participaron Luisi Martínez, Luis Estrada y Jorge Tuya, entre otros, y de la romería popular en el Bombé, que estuvo amenizada en todo momento por la orquesta Fábula. En definitiva, con lluvia o cielos despejados, el color y la personalidad propias de la danza y la folixa que envuelven al Martes de Campo solo anticipan una cosa, la pronta llegada del verano a Oviedo.

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