Mercedes González aboga por recuperar las cocinas en los centros escolares

Una empleada prepara las mesas en el colegio de Fozaneldi. / ALEX PIÑA
Una empleada prepara las mesas en el colegio de Fozaneldi. / ALEX PIÑA

La edil asegura que es un objetivo «a largo plazo» en el estreno de la nueva encargada del servicio de comidas en los colegios, a la que mostró su apoyo

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Los colegios ovetenses estrenaron ayer nuevo curso escolar y también nuevo servicio de comedor. La empresa catalana Sehrs Food Area se estrenó «con satisfacción», explicó la edil de Educación, Mercedes González. Lo hizo durante la visita que realizó al colegio San Pedro de los Arcos con motivo del inicio del curso, pero sobre todo para comprobar 'in situ' el funcionamiento del nuevo servicio.

La edil recordó que aunque la gestión de la comida en los colegios pasa por las manos de una empresa de cátering, (tiene un contrato por cuatro años, prorrogables) lo ideal sería que cada centro contara con sus propias cocinas. «Mi sueño sería volver a cocinar en los colegios por eso peleamos tanto para que no se perdiesen las cocinas propias en los colegios de Las Campas y de La Corredoria pero sabemos que no existen instalaciones», apuntó. Sin embargo, no descartó la iniciativa, eso sí con tiempo. «Quizá con un proyecto a largo plazo pudiésemos empezar a equipar los colegios con cocina propia». Pero tiempo es lo que no tiene, al menos así lo reconoció. «En siete meses que me quedan para intentarlo, va a ser complicado», aseguró en referencia al escaso tiempo de mandato que resta.

Con todo, la edil mostró ayer todo su apoyo a la nueva adjudicataria del servicio de comedor escolar. González explicó que siguió muy de cerca el arranque de la empresa en los colegios. Aseguró que no se produjo ninguna incidencia ni en el servicio de desayuno ni en el de las comidas. «Me trasmitieron que, salvo un lavavajillas que funcionaba mal en uno de los centros, no hubo más problema. Eso es tranquilizador».

Más nerviosos se encontraban los padres. Muchos acudieron a los colegios desde primera hora de la mañana para resolver dudas. De nueve a una del mediodía, las encargadas de los comedores y empleados de la empresa adjudicataria atendieron sus preocupaciones. La principal, conocer el funcionamiento de la aplicación web que gestiona el cobro del servicio. «El problema es que algunos padres no saben cómo funciona», señaló Gusti Corral, encargada del comedor del colegio Fozaneldi.

Desde la Concejalía de Educación remarcaron que tanto personal de la empresa como las propias encargadas estuvieron «ayudando» a los padres en los trámites incluso se proporcionó una ficha de inscripción para ser rellenada, cuyos datos luego incorporará al sistema la propia Concejalía. Un apoyo específico para «no excluir» a padres extranjeros que no conocen bien el idioma o a aquellos que tengan dificultades con las nuevas tecnologías.

Sabor y textura

La primera jornada de comedor con la nueva empresa pasó la nota de corte con el menú de estreno: crema de calabacín, ternera guisada con menestra y plátano. «La comida estaba genial, los niños repitieron carne porque por primera vez olía como guiso casero», explicó Gusti Corral, encargada del comedor del Fozaneldi.

La responsable del comedor también explicó que cada día, todas las encargadas deben de puntuar la comida. «Tenemos que probarla y valorar su sabor, textura y aspecto», señaló Corral. Además, entre sus tareas también está controlar el nivel del cloro del agua. «Tenemos un kit para medir y comprobar que se encuentra en los límites permitidos».

Con todo, también hubo críticas. Ciudadanos pidió «transparencia» a la hora de conocer dónde se elaboran los alimentos ya que en su opinión «tener que comprar esos productos en Asturias para elaborarlos a mil kilómetros nos parece que redundará en el perjuicio de la calidad del servicio», apuntó Luis Zaragoza.

Desde la Concejalía de Educación explicaron que las instalaciones de Barcelona reúnen «las mejores condiciones». Los alimentos se someten a un proceso de pasteurización para luego transportarlos en camiones frigoríficos de «especial seguridad» para ser almacenados en una nave de Langreo y luego repartirlos diariamente a los colegios ovetenses.

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