El niño que quiso ser poeta

El niño que quiso ser poeta
Fernando Beltrán, en el salón de actos del instituto La Ería, abarrotado, momentos antes de comenzar su conferencia. / ÁLEX PIÑA

El poeta y 'nombrador' Fernando Beltrán visita a los alumnos del instituto La Ería

A. ARCE OVIEDO.

El poeta y nombrador, Fernando Beltrán, (Oviedo, 1956) volvió ayer a casa, a su Oviedo natal; a 'Lloviedo' -como lo nombra en su imaginario poético-. Lo hizo para visitar a los alumnos del instituto La Ería y ofrecer una emotiva conferencia en la que habló de su vida, del oficio de poeta, de cómo «todas las cosas tienen que tener un nombre» y en la que, tras algunos de los medidos versos más importantes de su trayectoria, se escondía un deseo expreso de abrir las mentes de los más de 170 estudiantes de todos los cursos de la ESO que asistieron a la velada.

Todo comenzó con la calurosa bienvenida que tenía preparada una de las alumnas de primero A, Isabel Botas, que se encargó de recibir a uno de los insignes poetas de la experienca española con un discurso en el que pobló el mensaje con algunas de las palabras y conceptos que el mismo escritor ha ido creando a lo largo de sus historia artística. Un breve saludo con nombres inventados en el que se pudo escuchar «bienvenido una vez más a 'Lloviedo' (Yo-Lluvia-Oviedo); somos una 'faunia' muy inteligente», clamó Botas.

«Yo a vuestra edad era muy mal estudiante, a los 17 años me fui de casa para ser poeta»

Después, antes de que Beltrán comenzase su intervención, la profesora de literatura del centro encargada de organizar el encuentro, Carmen Jardón, glosó brevemente la vida y obra del autor. «Esta mañana, el poeta y su poesía lo envuelven todo, y lo hace tras semanas de trabajo en el aula sobre su figura», expuso. «Beltrán nació en Oviedo, en esa ciudad que recuerda a través de sus charcos, de sus gabardinas, sombreros y paraguas», continuó.

Y las palabras quedaron en el aire durante unos pocos segundos. Llegó el turno del verso, de las caras incrédulas y de los aplausos efusivos. Beltrán comenzó aludiendo a la «edad joven». Esa a la que, según sus palabras, empezó todo. «Yo era muy mal estudiante, pero las imágenes brotaban a mi alrededor, y eso me llevó a escribir», relató. Algo que hizo que a los 17 años abandonase el hogar familiar para «ser poeta» y que, como ya había anticipado su padre antes, le propició todo tipo de dificultades. Años después; sin embargo, encontró su segunda vocación: la de «nombrador», y a poner nombre a marcas tan conocidas como 'Amena', 'Rastreator' o 'Faunia'.

Al final, el poeta recitó títulos como 'Bandera azul' o 'La semana fantástica', «poemas que han surgido de una emoción; de unas pocas palabras»...

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