«En Oviedo no existe una sala de exposiciones pública y es un lunar tremendo»

Faustino Ruiz, de brazos cruzados y rostro serio. / PABLO LORENZANA
Faustino Ruiz, de brazos cruzados y rostro serio. / PABLO LORENZANA

«Cuando comencé a pintar usaba una paleta muy apagada y poco a poco la he ido aumentando. Es el propio tema el que te lo pide»

IVÁN GARCÍAOVIEDO.

Faustino Ruiz (Oviedo, 1969) es licenciado en Bellas Artes por Salamanca y, desde comienzos de siglo, su labor docente ha ido ligada a su vocación artística: la pintura, en la que «algo he cambiado en estas dos décadas» pese a definirse a sí mismo como un artista de «evolución lenta». No se pone líneas rojas, aunque reconoce que le costaría «dibujar personas» porque lo suyo es el paisaje y la naturaleza. Su última exposición, 'KV', disfruta de sus últimos días mostrándose en la sala Moret Art de A Coruña donde lleva desde principios de julio.

-¿Qué tipo de pintura hace Faustino Ruiz de la Peña?

-Sobre todo figuración y paisaje. Algún crítico me ha calificado como 'neorromántico, muy enlazado con el paisajismo asturiano'. Cuando hago paisajes intento que sean encuadres correctos, aunque pueda haber algún desequilibrio. Sí que intento que puedan ser los encuadres que puedes ver detrás de una cámara, entonces me gusta entroncar la obra con el lenguaje cinematográfico e involucrar al espectador. Muchas veces lo que hago no es una pintura alegre, si lo comparásemos con otros artes sería cine negro o novela negra escandinava, que son ambientes un poco tétricos. Ese punto a mí me gusta, pierdo clientes, pero gano adeptos. La gente a la que le gusta, lo hace de verdad y creas un público.

-¿Por qué 'KV' da nombre a su última exposición?

-'KV' es la forma en la que denominaba las sinfonías de Mozart cuando se comenzó a estudiar su música. El nombre que se le otorgoban a sus piezas era 'KV' y una numerología. Entonces lo usé porque me gustó, me parecía sonoro y, como escucho Mozart para pintar muchas veces, me pareció chulo. La música ejerce cuando pinto una relajación y bienestar interior que me ayuda.

-¿Dónde se encuentra el mayor contraste en 'KV'?

-El contraste es la grandiosidad de la naturaleza pero a la vez lo equilibrada de la misma porque el iceberg es un elemento solitario y a la vez es la propia naturaleza en toda su expresión. Es un tema que ya empleaban los pintores neorrománticos del siglo XIX en adelante, que se acercaban a contemplar estos glaciares y trabajaron mucho estos temas. Yo me siento reflejado en esta gente, en espíritu y filosofía.

-¿En qué ha ido evolucionando como artista desde sus inicios?

-Cuando comencé a pintar usaba una paleta muy apagada. Mucho negro, mucho gris, mucha sombra... Vas abriéndola poco a poco y el propio tema te va pidiendo a veces que aumentes la gama cromática. Igual mañana o dentro de dos días vuelvo a retomar la paleta reducida, pero que aparezcan contrastes saliéndose de lo habitual es precisamente por eso, porque la propia obra siento que me lo pide.

-¿Qué es lo más difícil a la hora de elaborar una obra?

-Como pintor es un reto, por ejemplo cuando, pinto los caballos; llegar a plasmar la textura, los brillos, los pliegues de un animal... Es un puro desafío.

-Compagina su labor con su vocación artística...

-Estudié Bellas Artes y ahora soy profesor. Vivir de la pintura es complicado, aunque yo creo que me voy a morir pintando, igual que el tenista aunque se retire sigue jugando a tenis. Es una vida complicada porque es de constante reflexión, siempre estás intentando ver algo en la realidad que te llame la atención y puedas plasmar.

-¿En qué punto se encuentra el panorama artístico en Asturias y en Oviedo?

-Asturias a nivel artístico tiene cuatro o cinco galerías. Para el volumen de población que somos yo creo que es poco. No veo el panorama parado, pero se echa de menos el apoyo institucional, que está muy limitado. Hubo un periodo, hace unos años, de cierta inversión pública y ahora es casi un erial. En Oviedo no existe una sala de exposiciones pública y para una ciudad, te guste o no el arte, es un lunar tremendo. Un vacío cultural que no solucionan.