Pablo Blanco, condenado por el crimen de Vallobín, en libertad tutelada

Pablo Blanco, condenado por el crimen de Vallobín, en libertad tutelada
Pablo Blanco, ya en libertad tutelada. / MARIO ROJAS

El hermano de la víctima accedió al tercer grado el pasado otoño, mientras que los otros dos procesados continúan en prisión fuera de Asturias

J. C. A. OVIEDO.

Pablo Blanco, uno de los tres condenados por el descuartizamiento de su hermana, María Luisa Blanco, la noche de San Juan de 2009 en Vallobín, vive en régimen tutelado en Pumarín desde el pasado noviembre. Una vez cumplidos ocho de los diez años de prisión a los que fue sentenciado, logró informes favorables de la junta de tratamiento del penal de Asturias y actualmente disfruta de su libertad tratando de rehacer su vida.

La suya es la primera excarcelación de un caso que conmocionó a Oviedo en junio de 2009. Los otros dos condenados cumplen pena en centros alejados de la región. El cerebro de los acontecimientos que desembocaron en el espeluznante asesinato de la mujer, Jesús Villabrille, fue condenado a 77 años de cárcel. Sobre Cristian Mesa, el tercero de los que participaron en la muerte de María Luisa, pesan 62 años. Si no median permisos, ambos deberían cumplir 30 años de internamiento.

Hubo una cuarta protagonista en el crimen. La novia de Villabrille, entonces menor de edad, fue procesada por el Juzgado de Menores y condenada a diez años de internamiento en Sograndio. En las medidas dictadas entonces se afirmaba que la joven «no hizo nada por evitar el crimen».

El abogado de Blanco, Fernando de Barutell, confirmó ayer la situación de libertad de su defendido y destacó su buen comportamiento durante sus años de internamiento. No es la primera vez que el hermano de la asesinada vive en situación tutelada. Ya en 2015 comenzó a disfrutar de permisos penitenciarios que pasó junto al personal de la Fundación Albéniz, que se encarga de la reinserción de reclusos.

La Fiscalía, durante el juicio, consideró que con una minusvalía reconocida, Pablo Blanco también era víctima del maltrato que los otros dos condenados, Villabrille y Mesa, infligían a la familia en el piso de la calle Mariscal Solís desde que se habían mudado a vivir con ellos.

Durante las sesiones de la vista y tras la primera condena, la familia de Blanco peleó por su inocencia. La Audiencia Provincial le condenó a 28 años de cárcel pero el Tribunal Supremo aceptó parcialmente las pretensiones de la defensa entendiendo que también era una víctima del maltrato y las vejaciones a las que el trío de huéspedes sometían a la madre y los hermanos. En el momento del fatal desenlace podría «haber tenido anulada completamente su voluntad».

Aquella noche de San Juan la tortura se les fue de las manos. Tras horas de vejaciones en las que Jesús y Cristian se ensañaban con la víctima, aquel día intentaron estrangular a la mujer, impedida en una silla de ruedas. Para cumplir su propósito, le vaciaron una botella de whisky por la garganta. Luego fue descuartizada.

Cuando la Policía accedió a la vivienda, dos días después del asesinato, se encontraron el cuerpo de María Luisa desgajado en la nevera. Cómo se pudo llegar hasta ahí solo se entiende desde el sometimiento que Villabrille y Mesa, que apenas contaban con la mayoría de edad, imponían a los hermanos Blanco, que pasaban la treintena. Les extorsionaban económicamente y les pegaban. En el momento de la detención, Pablo presentaba un hematoma de grandes dimensiones en la zona abdominal y los restos cadavéricos de María Luisa tenían lesiones producidas cuatro semanas antes del fallecimiento.

 

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