El plan de movilidad, bloqueado por carecer de informe de evaluación ambiental

El documento proponía aparcamientos disuasorios en las entradas de la ciudad para reducir el tráfico interior. / PIÑA
El documento proponía aparcamientos disuasorios en las entradas de la ciudad para reducir el tráfico interior. / PIÑA

La aprobación de la ley de Transportes del Principado, que exige el trámite, obligará a rehacerlo o contratar un nuevo diseño

JUAN CARLOS ABADOVIEDO.

La revisión del Plan General, la revisión parcial del mismo en El Cristo-Buenavista, el concurso de ideas a medio resolver para la reordenación del ámbito del Campo San Francisco, el Bulevar de Santullano y la resolución al bloqueo que sufre el Plan de Movilidad Urbana Sostenible son algunas de las tareas que tiene encima de la mesa el primer teniente de alcalde, Nacho Cuesta, a un mes de la toma de posesión de su cargo como concejal de Urbanismo. No es moco de pavo y, en el caso del último, el plan de Movilidad, de difícil solución dada la compleja y dilatada tramitación que sufrió durante el pasado mandato. Actualmente, sin haber sido aprobado por la junta de gobierno cuando el anterior edil responsable lo propuso, ha quedado bloqueado al aprobar el Principado, en el ínterin, la Ley de Transportes y Movilidad Sostenible que prescribe la necesidad de un informe de evaluación ambiental del que el documento presentado por la empresa redactora, carece.

La situación es idéntica a la de Gijón, donde el Principado se reafirmó el pasado mayo en su exigencia de que el plan de Movilidad gijonés debería haber contado con una evaluación ambiental estratégica al exigirlo una norma estatal con rango de ley anterior al comienzo de la tramitación de dicho plan en 2016.

Sin embargo, el devenir de los acontecimientos en Oviedo es sensiblemente distinto. Presentado en octubre de 2018, la ley autonómica entró en vigor en diciembre. ¿Por qué no lo aprobó la junta de gobierno? La respuesta apunta directamente a las discrepancias internas del gobierno anterior, a la falta de consenso sobre el documento rector entre las concejalías de Urbanismo e Infraestructuras.

Fueron varias las veces que Ignacio Fernández del Páramo (Somos Oviedo) trató de aprobar el plan con la oposición del PSOE que, titular de la concejalía de Infraestructuras con responsabilidades directas en el contrato del aparcamiento regulado o en el diseño de las rutas de TUA, instó a dejarlo sobre la mesa. Incongruencia que, ahora, con la 'macroconcejalía' que asumió Cuesta fusionando las dos anteriores es previsible que no ocurra pero que, de una manera o de otra, bien rehaciéndolo, bien encargando una nueva asistencia técnica, parece amenazar al documento elaborado por Vectio.

La otra paradoja es que el plan que Oviedo no puede aprobar por carecer de la evaluación ambiental que ahora exige el Principado, sí que casa con las prospectiva que hace la administración regional en cuanto a la reducción del uso del vehículo privado, el aumento del transporte público y la potenciación de la bicicleta como medio alternativo.

Desde Ciudadanos piden paciencia para hacerse con las claves de todos los frentes abiertos en Urbanismo e Infraestructuras, pero la no aplicación de un plan de Movilidad en el escenario que prevé el Principado de reducción de emisiones y ruidos podrá acarrear otros dos años más de trabajos hasta la entrada en vigor del PMUS.

Un plan que pretendía, por un lado, transformar la actual estación de tren para aprovechar todo su potencial como «primer intercambiador de transporte de Asturias». Es decir, que un viajero, vecino de La Corredoria o de Gijón, Avilés, las Cuencas o de más allá de la Cordillera, sepa qué autobús, urbano o interurbano, pasará por la entrada de la estación para cogerlo. Y lo hacía con vocación metropolitana para aprovechar «la centralidad de Oviedo». Esa actuación sobre la estación, conectándola con la de autobús, también estaba relacionada con la peatonalización de la calle Uría y con la creación de un corredor de itenerarios para peatones desde Ciudad Naranco hasta el parque de Invierno, una área -el Oviedo entre rondas y la falda del Naranco- de la que se excluían los tráficos privados salvo para residentes.

Más allá de la estación y Uría, el plan habla de la correcta implementación de las vías a 30 y la construcción de una red de carriles bici para dotar de una mínima infraestructura a la movilidad a pedales. Por otro lado, el Plan de Movilidad Urbana Sostenible pretende ampliar las peatonalizaciones de El Antiguo a sus aledaños y facilitar la interconexión con TUA en La Escandalera y el HUCA.

Proponía, a su vez, varios estacionamientos disuasorios en ubicaciones como el bulevar de Santullano, el existente en la plaza de Castilla, otro en Luis Oliver y uno en El Cristo «ligado a la movilidad de los universitarios», según defendió en su día el edil responsable. Con menos coches en el centro, se modificaban sustancialmente las condiciones del contrato de la zona azul, uno de los motivos por los que no se llegó a aprobar a tiempo.

Las cifras con las que se redactó el estudio hablan de que el coche, en Oviedo, se usa para hacer apenas dos kilómetros y con un solo ocupante, dibujando un problema de difícil solución. Los ovetenses usamos mucho el coche para movernos de un punto a otro del casco urbano(el 51,5% de los desplazamientos son internos), lo hacemos para distancias absurdamente cortas (el recorrido medio es de 2,03 kilómetros) y, además, lo hacemos solos (en el 73% de los coches solo viaja el conductor). Justo lo contrario de un plan.

El documento, del que, en su día, Del Páramo destacó su voluntad de perdurar en el tiempo «más allá de los cuatro años que marca la ley», incorpora soluciones que, en conjunto, tratan de paliar lo anterior. Es muy posible que no vea la luz.

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