«Cuando llegamos, estaba de color azul, pero conseguimos reanimarle»

Alfonso Díaz y David González, en la plaza de la Constitución, donde ocurrió anteayer el suceso, junto al desfibrilador automático. / PIÑA
Alfonso Díaz y David González, en la plaza de la Constitución, donde ocurrió anteayer el suceso, junto al desfibrilador automático. / PIÑA

Alfonso Díaz y David González son los agentes que salvaron la vida al hombre de 77 años que sufrió un infarto en la plaza del Ayuntamiento

ALBERTO ARCEOVIEDO.

Eran las ocho en punto de la tarde del jueves y la radio de la Policía Local emitió un aviso alarmante. Un varón se había desplomado en plena plaza de la Constitución, frente al Ayuntamiento, mientras paseaba. Todo parecía apuntar a que el hombre, de 77 años, había sufrido un infarto. No estaba acompañado. En ese momento, Alfonso Díaz y David González, dos agentes del cuerpo que se encontraban realizando un servicio rutinario de vigilancia en la calle Uría, recibieron la llamada y acudieron al lugar sin mediar palabra. Su premura fue decisiva, consiguieron reanimar al hombre gracias a uno de los seis desfibriladores portátiles que la Policía tiene a su disposición desde el pasado mes de enero. Era la primera vez que se utilizaba uno.

«Fue cuestión de minutos, llegamos lo más rápido que pudimos y cuando lo vimos en el suelo, rodeado de unas treinta o cuarenta personas, nos dimos cuenta de que la cosa pintaba muy mal. El hombre tenía la cara de color azul, los ojos en blanco y no respiraba», relató González, de 31 años, el más joven de los dos efectivos. «Fuimos directamente a por el desfibrilador y lo conectamos», explicó. «Enseguida nos dimos cuenta de que el hombre tenía antecedentes clínicos por cuestiones similares, le habían practicado en el pasado una operación, vimos la cicatriz en su pecho», prosiguió.

Así, el encargado de conectar la máquina al cuerpo del hombre, «que no paraba de escupir sangre por la boca», fue Díaz, de 42 años. Luego siguió las indicaciones del desfibrilador, capaz de examinar el ritmo cardíaco para determinar si es o no necesario proporcionar una descarga eléctrica en casos de fibrilación ventricular o taquicardia ventricular sin pulso.

«No tuvimos que hacer ninguna descarga. El aparato, que en todo momento te da instrucciones de lo que tienes que hacer, indicaba que procediésemos a efectuar la maniobra de recuperación cardiopulmonar (RCP). Hizo dos análisis y en los dos dio el mismo resultado. Así, lo hice. En unos pocos minutos ya habíamos conseguido reanimarle», aseguró.

En estos casos, la rapidez es la diferencia entre salvar o no una vida. Díaz y González lo consiguieron. Cuando llegó la UVI móvil, ocho minutos después de que lo hiciesen ellos, el anciano ya respiraba. «Hemos visto todo tipo de situaciones, hay que tener la cabeza fría y centrarse en atender a la persona que está tirada en el suelo. Es nuestro trabajo y estamos formados para ello», apuntó el más joven.

Una vez que el hombre recuperó el pulso, llegaron los equipos médicos de la UVI móvil que continuaron con su recuperación y le estabilizaron antes de trasladarle a urgencias del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA).

«La gente, cuando nos vio salir con la máquina del coche, se sorprendió. Si no hubiese sido así, el hombre posiblemente habría muerto», concluyó Díaz. Por el momento, el paciente continúa en la Unidad de Cuidados Intensivos, consciente.