Principalmente periodista

Principalmente periodista

Tertuliano y columnista incómodo con el poder, cultivó radio, televisión y prensa

LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES

«El tiempo -sentenció Amiel en su 'Diario'- no es más que el espacio entre nuestros recuerdos». ¡Cómo se achica ese espacio cuando me viene a la mente el enorme protagonismo que tuvo Faustino F. Álvarez en la vida pública asturiana, especialmente, en aquellos primeros años de la transición! ¡Qué cerca estaba - y continúa estando- todo en nuestra ciudad! Por ejemplo, la emisora de radio en la que, cada día a última hora de la mañana, aquel joven periodista leía una carta abierta a un personaje de actualidad. Por ejemplo, su despacho en el edificio de la calle Melquíades Álvarez, cuando estaba al frente de la televisión regional. Por ejemplo, sus idas y venidas por las calles vetustenses con aquel Seat Ritmo que, si mal no recuerdo, le duró unos cuantos años.

O sea, leer su columna cada mañana, oír la carta abierta de cada día. Hay que insistir en la calidad de su prosa, en su maestría como columnista. Y no hay que olvidar que, en aquellos primeros años de la transición, había en nuestro país auténticos maestros del columnismo, empezando por Francisco Umbral, siguiendo con Luis Apostua, y otros muchos.

Columnas de actualidad, magistrales en cuanto al estilo, que también daban cuenta de un lector voraz y culto. Entre los muchos artículos suyos que quedaron grabados en mi memoria, recuerdo uno en el que hablaba de un reencuentro con la obra poética de Blas de Otero, cuando Alianza Editorial publicó un libro del autor de 'Ángel fieramente humano', pocos meses después de la muerte del que fue uno de nuestros grandes poetas de la segunda mitad del siglo XX.

Y, abundando en cuestiones librescas, tampoco olvidaré nunca una columna que firmaba en el semanario Hoja del Lunes sobre novedades literarias, columna que fue, también por su contenido, una auténtica novedad en la prensa asturiana. En la referida sección, mostraba una capacidad de síntesis asombrosa, pues, recensionando varios libros, conseguía dejar claro lo esencial de cada uno de ellos, lo esencial en cuanto a sus contenidos y lo esencial también en lo que se refería a la valoración literaria que hacía el autor de aquella columna.

Pero Faustino F. Álvarez no sólo fue un auténtico maestro como columnista, también llevó a cabo entrevistas memorables. En su prosa nunca faltó la elegancia, así como una riqueza de vocabulario envidiable. Pero no sólo dominaba la prosa, también la poesía. Tengo leído sonetos firmados con seudónimo de cuya autoría nunca dudé.

Mierense afincado en Oviedo. ¿Cómo no recordarlo con su pipa, que, en efecto, daba tranquilidad, que también formó parte de sus rasgos distintivos?

Columnista, sí, y de los grandes. Pero, además, fue un excelente contertulio en emisoras de radio nacionales. En esta faceta suya, destacó siempre una cierta socarronería que, en la mayor parte de las ocasiones, no se molestaba mucho en atemperar.

Su voz era fácilmente reconocible, y resultaba muy fácil, cuando lo escuchaba en la radio, bien en casa, bien en el coche, imaginarlo con su pipa y con sus gestos también inequívocos.

Por otra parte, estamos hablando también de un periodista que pudo haber dejado nuestra tierra, pues no le faltaron ofertas para instalarse en la capital del reino, trabajando en periódicos estatales en los que colaboró a lo largo de los años. Sin embargo, no quiso irse de Asturias, su tierra, en la que, periodísticamente, lo fue todo, habiendo trabajado y colaborado en los diarios más importantes de esta tierra. Fue, como bien se sabe, director en dos etapas distintas del diario La Voz de Asturias. Y, en los últimos años de su vida, colaboró en EL COMERCIO, con artículos memorables.

Faustino podría haber hecho suya esta frase de Clarín que publicó el diario El Español el 28 de octubre de 1899: «Cuando se me pregunta qué soy, respondo: principalmente, periodista».

Y, en el caso que nos ocupa, lo fue en todos los medios, es decir, prensa escrita, radio y televisión.

'Cuarto poder' en el que estuvo la práctica totalidad de su vida, pues comenzó muy pronto a ejercer el oficio, un oficio que tanto amó. Como tal, hay episodios en la trayectoria profesional de Faustino F. Álvarez que son claves muy explicativas de nuestra reciente historia, claves que tienen que ver con algo tan clásico como las tensiones entre el poder y la prensa, entre la prensa y el poder. Y, como se sabe, no siempre se acepta, por parte de los políticos de turno, la independencia de criterio que, por lo común, va asociada a la crítica y no a los panegíricos.

Faustino F. Álvarez en Oviedo, Faustino F. Álvarez y Oviedo. No era difícil encontrarlo en cafeterías de la ciudad, manteniendo esas conversaciones amenas que también constituyen todo un arte.

Desde luego, con su muerte prematura, Asturias perdió a uno de sus mejores periodistas contemporáneos, en cuyas columnas, por lo general de corta extensión, cabía todo: la excelente prosa, la ternura, la acidez, el sentido crítico.

Faustino F. Álvarez, un maestro del columnismo, uno de los grandes del periodismo asturiano.