«Las prostitutas hacían entre 18 y 20 servicios diarios; era inhumano»

Una de las habitaciones del piso desmantelado. / POLICÍA NACIONAL
Una de las habitaciones del piso desmantelado. / POLICÍA NACIONAL

Una encargada del piso de citas desmantelado por la Policía Nacional relata la «esclavitud» a la que eran sometidas las jóvenes

CECILIA PÉREZOVIEDO.

«La esclavitud a la que sometían a las chicas era inhumana. Las obligaban a hacer entre 18 y 20 servicios diarios y sin condón. No las dejaban ni ducharse, ya que si un cliente entraba a las seis y media de la mañana a los cinco o siete minutos entraba otro». Es el sobrecogedor testimonio de una mujer que trabajó en uno de los pisos utilizados por la pareja detenida el pasado mes de febrero por la Policía Nacional, donde se ejercía la prostitución en «duras condiciones». En concreto en uno ubicado en la calle Chile, próximo al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA).

La función de esta mujer, que prefiere guardar el anonimato, era «controlar las llamadas» de los clientes que requerían los servicios sexuales así como «organizar» el piso. «Yo no era prostituta, solo me encargaba de controlar a las chicas para que no bebiesen o se drogasen y para que los clientes no armasen jaleo», explicó ayer a EL COMERCIO.

Llegó al piso en la Semana Santa de 2016. Criminóloga de profesión, relató que puso un anuncio donde se ofrecía como experta en análisis criminológicos. «Contactaron conmigo vendiéndome que era un piso de estudiantes y que mi función sería controlarlos. Me chocó pero acepté», relató. Los propietarios del 'negocio' (un avilesino y una chilena, hoy en libertad con cargos por varios delitos contra los derechos de los trabajadores relativos a la prostitución y por apropiación indebida) la citaron en una cafetería. Le explicaron que la vivienda era un piso de citas: «Acepté porque me pareció un chollo. Me encargaba de recoger las llamadas. Me pagaban dos euros por cada una de las citas que apuntaba y llegaba a término, más diez euros diarios y 1.200 al mes aunque tenía que trabajar cinco días seguidos, 24 horas al día», detalló. Pero «solo duré dos días y medio». No por las condiciones del 'contrato' sino por lo que vio: «Cuando llegué había dos chicas trabajando como prostitutas, una paraguaya y una asturiana. La primera estaba encantada de la vida pero la segunda me venía llorando porque los clientes hacían con ella lo que querían porque era novata. Estaba en esto porque me contó que tenía que pagar la hipoteca y problemas con las drogas».

«No las dejaban ni ducharse; salía un cliente y a los cinco minutos entraba otro»

Las prostitutas tenían prohibido el contacto con esta mujer. «Aunque viviésemos en el mismo piso, yo trabajaba en el salón y ellas en las habitaciones, solo podíamos hablar por teléfono para no crear vínculos pero cuando yo sabía que los dueños se iban a Avilés les decía que vinieran conmigo. Un día la asturiana me enseñó su zona vaginal, que tenía completamente inflamada. Sé que pidió antiinflamatorios pero no se los proporcionaron», contó.

Clientes de 18 a 80 años

La mujer explicó que el piso estaba operativo las 24 horas del día: «La hora punta era las seis de la mañana. Muchos de los clientes llamaban antes de irse al trabajo o desde la propia oficina». El perfil era amplio, desde jóvenes de 18 años a ancianos de 80. «Un día llamó uno diciéndome que a ver si en quince minutos lo tenía solucionado porque si tardaba más su mujer se mosquearía porque iba a comprar el pan».

La mujer explicó que los propietarios del piso no maltrataban a las chicas. «No las querían marcadas pero sí las coaccionaban y amenazaban para no abandonar antes de los veintiún días que tenían estipulados permanecer en él», explicó. «Escuché cómo a una de ellas el dueño le dijo 'tú está aquí para follar, para chuparla y para que te den por donde quieran'».

La telefonista lo dejó a los dos días. «Cuando me fui estaban preparando la mudanza para irse a otro en Montenuño, el que desmanteló la Policía». Explicó que no denunció de aquella porque no quería que su familia se enterara de en qué había trabajado, pero tras leer en EL COMERCIO que habían desmantelado el piso, dio el paso. Ayer prestó declaración ante los agentes, a los que facilitó detalles de las chicas para que puedan aportar más información. «Me arrepiento de no haber denunciado antes», lamentó.