El radar móvil de Oviedo estuvo casi dos años parado porque solo funcionaba de forma manual

Un agente controló ayer la velocidad del tránsito en la Ronda Sur. / S. C.
Un agente controló ayer la velocidad del tránsito en la Ronda Sur. / S. C.

Se adjudicó mediante un procedimiento negociado sin publicidad a una de las empresas de la trama, Integración de Servicios Administrativos

J. C. A. OVIEDO.

El 22 de enero de 2015, la junta de gobierno dio el pase a la compra de un radar móvil para la Policía Local. El procedimiento de adjudicación fue negociado sin publicidad y al concurso se presentaron Telvent, la anterior adjudicataria de la red de semáforos, Cabielles e Integración de Servicios Administrativos (IS), adjudicataria final por apenas mil euros de diferencia y un precio final, sin IVA, de 26.350. Hasta ahí, por parte de la junta de gobierno, todo normal. La historia del cinemómetro, es más complicada.

Integración de Servicios Administrativos, según las escuchas, estaba participada por 'el Patatero', uno de los principales acusados en la 'operación Enredadera' y otro particular que en los meses sucesivos se convirtió en el hombre fuerte de Aluvisa, empresa que heredó el contrato de semáforos de Telvent y motivo para el distanciamiento entre los cabecillas de la trama y José Manuel López, comisario de la Policía Local. Le acusan en las transcripciones de favorecer a esta tercera persona en las adjudicaciones del Ayuntamiento de Oviedo.

Hay más. IS no se dedica a gestionar radares y tuvo que comprar el aparato a otra mercantil, Tradesegur. Ajustó tanto los precios que se le olvidó incluir, aparte de las aplicaciones básicas -el radar funcionaba-, un software que fuera compatible con el sistema informático que usa la Policía Local para gestionar las multas. Según fuentes de Seguridad Ciudadana, si se hubiera tramitado un expediente, habría que haberlo hecho de forma manual. Algo olía mal.

Uno de los amaños de la trama se basaba en alterar datos de multas y tráfico

Cuando se supieron las formas de actuar de la trama, en el Consistorio saltaron las alarmas pero muy pocos se acordaron del radar. En una información avanzada por EL COMERCIO, se hablaba de que los programas informático para gestión de multas que se ofertaban a los ayuntamientos pasaban un primer filtro por manos de las empresas y no por funcionarios de Policía Local. Muchas manos encima del radar, que seguía sin funcionar.

Primero porque se cruzaron en su camino hacia las calles las elecciones de mayo de 2015. Nadie quiere estrenar un juguete así cuando están en juego los votos de sus vecinos.

Luego, porque con el nuevo gobierno, en 2016, el radar seguía a buen recaudo en Rubín sin posibilidad de automatizar las sanciones con el resto de aplicaciones que usa la Policía Local.

De las escuchas se infiere que el 'tripartito' no le gusta a los mandos de la Policía. «Estuvieron revolviendo a tope facturas, contratos, todo, para ver si encontraban un entresijo por ahí», le dice un agente al comisario en una llamada. «Esta gente anda a la caza y hay que tenerlo correcto», añade, en la misma frase en la que dice quedar «la semana que viene» con el anterior dueño de IS, quien vendió el radar al Ayuntamiento.

Esa conversación data de junio de 2017, un año antes, en julio de 2016, casi dos años después de adquirido, el radar salió a la rondas de la ciudad. En la providencia que permite su uso, la concejalía recuerda de manera explícita que «no se use con afán recaudatorio» sino para garantizar la seguridad vial. Quién actualizó el sistema y conectó el cinemómetro a los ordenadores de Rubín sigue siendo un misterio.