El asesino confeso del doctor Crego acepta 26 años de cárcel

'El Araña', en el juicio celebrado hoy./MARIO ROJAS
'El Araña', en el juicio celebrado hoy. / MARIO ROJAS

'El Araña' se enfrentaba a 30 años de prisión, pero la condena ha sido rebajada tras alcanzar un acuerdo el Ministerio Fiscal con la acusación particular y la defensa

Cecilia Pérez
CECILIA PÉREZ

Daniel Jiménez, 'El Araña', se enfrentaba esta mañana a un juicio con jurado popular, acusado por el delito de asesinato y robo con violencia del doctor Francisco Crego, en una finca cerca de la barriada de La Barraca, en Grado. El Ministerio Fiscal y la acusación particular pedía para el procesado 30 años de prisión. Tras alcanzar un acuerdo entre todas las partes, la pena se ha visto rebajada en cuatro años y la constitución del jurado popular ha quedado suspendida.

Tanto la acusación particular, ejercida por José Manuel Fernández González, como la defensa, a cargo de María Teresa García, dieron por buena la rebaja de pena propuesta por el Ministerio Fiscal, esto es: por el delito de asesinato, la pena de 23 años de prisión, en vez de los 25 iniciales. Por el delito de robo con violencia, tres años y medio, sobre los cinco que se pidió en un primer momento. En total veintiséis años y medio de prisión.

El acusado llegó a la sala de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial desde el centro penitenciario de Asturias, donde cumple prisión preventiva desde agosto de 2016. Esposado y custodiado por dos agentes de la Policía Nacional, reconoció los hechos imputados y aceptó la pena acordada por las partes. El juez, Francisco Javier Rodríguez Luengos, decidió entonces disolver la constitución del jurado popular tras el acuerdo alcanzado.

El médico jubilado, de 83 años, vivía en Oviedo, pero seguía manteniendo una consulta privada en la localidad moscona. Tenía una finca cerca de la barriada de La Barraca, donde le gustaba cuidar de sus plantas, y fue en ella donde encontró la muerte el último fin de semana de agosto de 2016.

'El Araña', confesó haberlo asesinado para robarle 80 euros. Le asestó varios navajazos, uno de ellos en el cuello, y varios golpes en el cuerpo.

Cuidado de plantas y limpiar accesos

El día de autos, el médico, viudo y padre de dos hijas, había acudido por la mañana a su finca, donde se encontró con 'El Araña', a quien había encargado cuidar de las plantas y limpiar los accesos mientras estaba de vacaciones. Su verdugo le pidió, según el escrito de Fiscalía, diez euros por el trabajo realizado, a pesar de que, a juicio, de la víctima había sido «deficiente». Le respondió que no tenía billetes pequeños y le mostró la cartera donde guardaba 80 euros, todo en billetes superiores.

El acusado, que llevaba un cuchillo, «decidió matar al doctor para apoderarse del dinero que le acababa de enseñar». 'El Araña', entonces, actuó. Según prosigue la Fiscalía en su escrito, en el momento en el que el doctor Crego se subía a su vehículo para marcharse, «comenzó a golpearlo reiteradamente con la puerta, causándole varias heridas contusas en el hombro y muslo derecho, y cuando ya se había caído al suelo, en la cabeza». Inmediatamente después, «con el fin de originarle mayor sufrimiento posible», cogió el cuchillo y le hirió en la cara, cuello, tórax y manos. Fueron varios cortes «poco profundos», hasta que, finalmente, «le asestó una cuchillada de veinticuatro centímetros y medio de longitud». Resultó ser una herida mortal de necesidad.

A continuación, tal y como confesó posteriormente, 'El Araña' se guardó los ochenta euros y arrojó la cartera, en la que el doctor tenía documentación y fotos personales, al interior de una alcantarilla; también se deshizo del cuchillo, que tiró a un contenedor. Nunca fue recuperado.

El acusado, según incidió el Ministerio Público, era consumidor de sustancias estupefacientes desde hace muchos años, «pero en el momento de los hechos estaba a tratamiento con metadona, antagonista de la heroína, por lo que no tenía necesidad física de consumir otras sustancias con el fin de evitar el síndrome de abstinencia, manteniendo inalterables sus facultades para distinguir entre el bien y el mal».