Un cielo azul y blanco por San Mateo

Los fuegos artificiales, de la mano de Pirotecnia Xaraiva, brillaron en una noche con una ligera niebla. / FOTOS: ALEX PIÑA

Miles de ovetenses cumplen la tradición de ver los fuegos artificiales en el parque de Invierno | Pirotecnia Xaraiva aporta estruendo y colorido en la víspera del día grande de las fiestas con 4.327 unidades de disparo

ALBERTO ARCEOVIEDO.

A la ciudad de Oviedo le gusta la pólvora. Eso no hay ovetense que lo pueda negar. Su pasado industrial, ya dormido, lo atestigua; y las cicatrices de otros tiempos más bélicos, ahora cubiertas por la metrópoli moderna, han dado paso, lejos de temidos cañonazos, a las salvas que cada año cubren el cielo mateíno de color y de ruido, de estruendo y vítores. Anoche, como era de esperar, el parque de Invierno se llenó. Miles de espectadores se congregaron para asistir al tradicional ritual del disparo de artefactos pirotécnicos en honor a San Mateo, que empezaron y acabaron de la misma forma, dibujando en el cielo carbayón el azul y el blanco de la ciudad.

«Asturias es nuestra segunda casa, y en la capital no podría ser de otra manera. Primero viene el ruido y, si todo sale bien, después llegan los aplausos», explicó a este diario el director comercial de Pirotecnia Xaraiva y encargado del aparataje técnico de la velada, Antonio Cosmen. Y así fue: aplausos y ovaciones desde prácticamente el comienzo. No en vano, la empresa gallega, con sesenta años de experiencia y un largo currículum de premios a sus espaldas, se encargó de sorprender a los carbayones en la noche previa al día grande de las fiestas de San Mateo.

Todo comenzó con tres grandes avisos de trueno a las 23.59 horas. Puntualidad inglesa. La niebla empañó ligeramente las vistas, pero las nubes que amenazaron lluvias durante la tarde se disiparon. Después, las luces se apagaron, el cielo se iluminó y ya no hubo tregua: 31 grupos distribuidos en 1.275 líneas y 4.327 unidades de disparo hicieron lo suyo. «Solo para Oviedo, algo único», clamó Cosmen.

«Venimos desde Piloña cada año, nos encantan, son unos de los mejores fuegos de Asturias», explicó Marina Bouzas desde una de las colinas que dibuja la parte superior del parque. «Hemos llegado a eso de las once menos cuarto, es la única forma de conseguir sitio», secundó su padre, José Manuel, sentado sobre una toalla de playa a su lado. Fueron precavidos. Los más rezagados tuvieron que conformarse con contemplar el espectáculo de pie.

Luego llegaron las caras de sorpresa, iluminadas intermitentemente por los destellos que cubrieron el cielo de un baño multicolor. Mediada la pira, ya no era tiempo de andarse con chiquitas. El «gran jardín» que habían anunciado desde Xaraiva apareció, y copó el cielo ovetense de «dalias», «hortensias», «lirios», «pétalos» y «crisantemos». Todo color. Tampoco faltaron figuras más recurrentes como los corazones, grandes sonrisas y los champiñones gigantes, una menos común.

Al final, tras un 'crescendo' que jugó a la sorpresa con dos anuncios de final, llegó el último estruendo, que fusionó color y ruido para terminar, como había comenzado, con los colores de la Vetusta clariniana coloreando la bóveda ovetense.

Botellón

Tras el emotivo espectáculo, los miles de asistentes iniciaron la peregrinación de vuelta al casco Antiguo o al paseo del Bombé. Los mojitos aguardaban; sin embargo, hubo quien no quiso esperar para tomarse la primera copa. Centenares de jóvenes aprovecharon los recovecos del parque para armar pequeños botellones. Las bolsas de plástico brillaban entre parte y parte. San Mateo tiene varias caras, y esta es una que sale a la luz en cada edición.

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