«Siempre me rodeé de los mejores»

Ramón del Fresno, presidente de la asociación de vecinos de El Cristo. /  MARIO ROJAS
Ramón del Fresno, presidente de la asociación de vecinos de El Cristo. / MARIO ROJAS

Ramón del Fresno, maquetista y operador inmobiliario, preside de la asociación de vecinos de El Cristo desde 2003

J. C. A. OVIEDO.

A sus 70 años, a Ramón del Fresno le queda cuerda para rato como líder vecinal. Preside desde 2003 la asociación de vecinos más extensa -al menos de nombre- del concejo y bajo la que quedan adscritos los barrios de El Cristo, Montecerrao, Llamaquique y Buenavista. Pretende «recuperar lo que fue» la zona alta de Oviedo, marcada por tres infraestructuras, dos que se fueron y una que aterrizó. Sin Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y sin el estadio Carlos Tartiere, ahora tienen el Palacio de Congresos y un centro comercial vacío.

«El Cristo necesita aprovechar los edificios actuales del hospital. Ni locos los podemos tirar porque, lo digo sin temor, eso significaría una operación de especulación», suelta a bocajarro en una conversación de media mañana que se alarga durante una hora y en la que desgrana su preocupación por el barrio desde su profesión como maquetista. «Siempre estuve rodeado de los mejores arquitectos y participando en todos los proyectos», agrega.

Firme defensor de la Ronda Norte, recibe la noticia del proyecto de los accesos de la AS-II con la autopista 'Y' como «vital y muy necesario» para toda la ciudad, especialmente para «aliviar el acceso del Bulevar de Santullano pese a quien pese».

Porque este ovetense de Teatinos que, sin embargo, lleva desde la adolescencia vinculado a El Cristo, donde tiene su inmobiliaria, cree que el barrio, la ciudad y el Principado «tienen los mismo problemas, que son muchos». «Sigo aquí porque creo que la ciudad está triste y se puede cambiar». Preguntado acerca de si asume el mismo diagnóstico que Alfredo Canteli, candidato del Partido Popular a la Alcaldía de Oviedo, por eso de triste, lo rechaza. Sin embargo, hay algo de conexión entre ambas tristezas: «Estoy en la defensa de mi barrio, pero al final de toda la ciudad, y me refiero a esa tristeza de corazón que da la situación tan complicada que hay y que se vive en el día a día», añade cuando cuenta los más de 150 locales vacíos que tiene localizados desde las torres de Buenavista hasta las calles de El Cristo.

«Todo está enlazado», explica en una charla en la que rehuye de consideraciones personales y tira siempre hacia las reclamaciones vecinales. A favor de la peatonalización de Oviedo, en cambio, rechaza las imposiciones. «En teoría los consejos de distrito eran un espacio para el diálogo, pero parece que están para cubrir el expediente», salta de tema. «No se han convertido en espacios para el diálogo», agrega para explicar que «no es tan difícil, como se está dando a entender, gestionar la ciudad a favor de los vecinos dejando de lado intereses ajenos».

Por ejemplo, en el mismo edificio del Calatrava habla de la traición, por dos veces, a la asociación para concederles un centro social allí. «Está bien que te copien el discurso, llevamos muchos años y cuando ves que alguien asume tus planteamientos, es que algo estás haciendo bien», se sorprende. Porque «está todo inventado y la mejor manera de no fallar es copiar lo bueno que hay en otros lados y no lanzarse a la invención».

Pendiente del teléfono, afirma que seguirá trabajando «hasta el último día» y desvela que está esperando al sexto nieto. «Se llamará Guillermo», afirma orgulloso. «Gillermo I de El Cristo», bromea.