El silencio se siente en El Antiguo

La Vírgen de la Amargura, con su nuevo manto bordado con hilo de oro y sus cuarenta cirios, rodeada de ovetenses. / FOTOS: PABLO LORENZANA
La Vírgen de la Amargura, con su nuevo manto bordado con hilo de oro y sus cuarenta cirios, rodeada de ovetenses. / FOTOS: PABLO LORENZANA

La amenaza de lluvia obliga a los cofrades a acortar la procesión del Martes Santo.Solo un niño participa portando los atributos y ofrendas: «Aunque sabía que no iban a venir mis compañeros, esto es lo que me gusta»

A. ARCE OVIEDO.

Cientos de personas con la vista puesta en el cielo por la amenaza de lluvia se agolparon ayer en los alrededores de la iglesia de Santa María la Real de la Corte para asistir a la procesión de El Silencio. Un año más, salió con varios minutos de retraso, pero fue la más corta, pues las nubes que, poco a poco, se acumularon sobre la ciudad obligaron a la Cofradía del Silencio y la Santa Cruz a reducir el trayecto, atajando por la calle del Águila, y haciendo que la procesión durase media hora menos. Minutos antes, el abad de la cofradía, Armando Arias, rezaba y exclamaba preocupado que «¡por Dios, que no llueva!».

Precedido por cofrades, damas de mantilla y efectivos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, que guardaban la escena con solemnidad, entre los aplausos y el Himno de España dejó el templo la primera de las imágenes, la Santa Cruz Desnuda. La siguió, justo al frente de los cofrades, el único niño al cargo de los tradicionales atributos y ofrendas de la Pasión (suelen ser unos seis). Víctor Gestra, de siete años, que afirmó con vehemencia, y cruz en mano, que «aunque yo ya sabía que no iban a venir mis compañeros, esto es lo que me gusta». Auténtica pasión cofrade.

La segunda imagen fue el Cristo de la Santa Cruz, al que siguió la Banda de la Piedad. «No hace falta salir de Oviedo para vivir la verdadera Semana Santa», clamó una de las asistentes, la ovetense Ana Liñero, que acudió a la procesión, «como todos los años», con su hija, Cristina, y con su nieta de 8 años, Alba Álvarez. «Hay que inculcar esto a los niños desde que son pequeños, si no las tradiciones acaban perdiéndose», manifestó, casi a los pies del Cristo flagelado.

A continuación, fue el turno de la Virgen de la Amargura, la más esperada, con su flamante manto morado nuevo bordado con hilo fino de oro por las monjas Pasionistas (de Fitoria) y sus cuarenta cirios. Con ella, tocando marchas solemnes como 'A los pies de sor Ángela' en honor de la Madre de Dios, desfiló la Agrupación Musical Sagrado Corazón de Jesús. Su director, José Manuel González, 'Chechu', admitió la «emoción» del momento y el «orgullo» de salir en El Silencio por tercer año consecutivo.

Al final, sin lluvia, cayó la noche y la comitiva siguió la vuelta a La Corte en el más solemne y apasionado de los silencios.

Más