«Mi suegra y toda su familia sabían que él me maltrataba; fue un infierno»

«Mi suegra y toda su   familia sabían que él me maltrataba; fue un infierno»
El acusado, a la izquierda, a la puerta de los juzgados. / P. LORENZANA

La mujer que denunció a su exmarido por malos tratos y agresión sexual relata un «infierno»: «Temo por mi vida y la de mi hijo»

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Un relato estremecedor de malos tratos, vejaciones, amenazas y miedo. Así fue el testimonio de la mujer que denunció a su exmarido por maltrato habitual y agresión sexual, delitos por los que él se enfrenta a quince años de cárcel. La víctima relató ayer con gran entereza, durante el juicio celebrado en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, los episodios de extrema violencia.

Algunos de ellos en presencia del hijo de ambos e incluso de su suegra, ya que la víctima vivía junto a su expareja en la casa familiar de este ubicada en Arlós, Llanera. El acusado le rompió costillas, le perforó el tímpano y la agredió sexualmente, incluso le introdujo un dedo en el ano. Fue el detonante: la mujer lo denunció tras años de malos tratos. No lo hizo antes, se excusó, porque «estaba amenazada de muerte y coaccionada».

«Mi exsuegra me coaccionó y me dijo que las mujeres están para callar y aguantar»

La noche que presentó la denuncia le acababa de comunicar que quería separarse de él. «Él no lo llevaba», aseveró. Tras darse una ducha, su exmarido la cogió por la espalda y la agredió. «Me cogió por detrás y me introdujo el dedo en el ano. Me dijo que iba a pagar por todo. Me hizo daño», declaró.

Ella dio aviso al 112 y a sus padres. Esa misma noche, la Guardia Civil lo detuvo. La víctima contó a los agentes cómo la maltrató y que su suegra era consciente: «Ella y toda su familia sabían todo lo que pasaba. Fue un infierno». De hecho, contó cómo en una ocasión la madre de su expareja la acompañó al HUCA tras recibir varias patadas de su agresor, que llegaron a romperle las costillas, porque ella quería irse para casa durante las fiestas del pueblo y él no. «Fue mi exsuegra la que me llevó al hospital y me dijo que contara que había sido una vaca porque las mujeres están para callar y aguantar».

«Era la casa del terror»

La víctima también contó lo sufrido cuando le perforó el tímpano. «Estaban presentes su madre y mi hijo. Mi exmarido me llevó al médico y me dijo que contara que había sido con una puerta. Estaba amenazada de muerte por él», sostuvo. El miedo era tal, que ella decidió trasladar a su hijo a casa de sus padres «todos los fines de semana para que no viera todos los jaleos. Esto era la casa del terror y todos lo sabían».

Miedo que la mujer aseguró mantener hoy en día, tanto por ella como por su hijo. De hecho, la abogada de la acusación, Cristina García, presentó en sala una denuncia interpuesta este mismo miércoles contra el procesado. Este la llamó en varias ocasiones a pesar de que ella tiene bloqueado su teléfono. «Temo por mi vida y la de mi hijo, porque en julio me llamó diciendo que si no volvía con él me mataba», recordó. Las amenazas, aseguró, también recayeron en el hijo de ambos. Según su testimonio, su expareja le advirtió de que «mi hijo no estaba tan seguro en el punto de encuentro como creía».

La joven también contó que su expareja se gastaba el dinero en prostitutas «que llevaba a casa» y que le obligó a dejar su empleo. «Trabajaba en un bar de Llanera y me quitó porque decía que yo tenía que dedicarme a las tareas del hogar», declaró.

Por contra, el acusado, que responde a las iniciales de V. M. G. G., negó todos los episodios de malos tratos y solo reconoció haber propinado «un bofetazo» a su exmujer tras una discusión. Atribuyó ante la sala la rotura de costillas de su exmujer a la coz de una vaca y la perforación del tímpano a un «viento fuerte» que cerró la puerta del coche y la hizo resbalar. Sobre la agresión sexual, cuando le introdujo el dedo en la cavidad anal, afirmó que fue porque «le gusta mucho todo eso», justificando que era una práctica habitual de la pareja, algo que negó rotundamente la víctima.

Tanto la Fiscalía como la acusación mantuvieron la pena de prisión de 15 años por un delito de agresión sexual, otro de maltrato habitual, dos de malos tratos en el ámbito familiar y otro de amenazas. La defensa, ejercida por Armando Claderón, pidió la libre absolución de su cliente.

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