«Carlos Cano le quitó la bata de cola a la copla y la hizo de hoy»

«Carlos Cano le quitó la bata de cola a la copla y la hizo de hoy»

Pasión Vega llega esta noche al Teatro de la Laboral para ofrecer el concierto de presentación de su último trabajo discográfico, ‘Pasión por Cano’

ALBERTO PIQUERO

Iluminó el panorama musical español desde su aparición. Pasión Vega, que en la pila bautismal fue Ana María, lleva haciendo honor al nombre artístico de modo permanente, con el alma en los labios, entre banderas de nadie o flaca de amor. Andaluza de Málaga en su infancia y adolescencia, arraigada en el barrio gaditano de La Viña, nacida en Madrid (1976), es la música del Sur que vuela por toda la rosa de los vientos, de la copla al flamenco, del bolero al tango. Inabarcable. Hoy estará en el Teatro de la Laboral presentando su último disco, Pasión por Cano, «entre otras sorpresas», advierte.

¿Cómo surgió este homenaje a Carlos Cano?

Casi como un juego, en casa de Fernando Vázquez, el productor del disco. Cantábamos cosas suyas, así entre amigos, y se encendió la bombilla. Precisamente ahora que se cumplen quince años de su desaparición.

¿Es leyenda que ya cantaba Alacena de las monjas siendo niña, de vuelta dominical de la playa con su familia?

No, no, es verdad. Lo recuerdo como si fuera ayer, moviendo la cabecita mis hermanos y yo. No se me olvida.

¿Qué significó Carlos Cano para la copla?

Llegó en un momento en el que la copla estaba denostada y recuperó su pureza, además de añadir canciones propias y emblemáticas.

¿Le quitó la bata de cola?

Bueno, él no habría estado muy guapo con bata de cola (risas)... Pero, sí, se puede decir así, le quitó la bata de cola, la renovó y la hizo de hoy. Eliminó los artificios y los golpes de pecho.

¿Cuál fue el método de selección de las canciones del disco?

Después de escuchar una vez más todas sus canciones, me dejé llevar por la intuició, el corazón y por las brillantes sugerencias de Fernando Vázquez. Es un recorrido esencial por su obra.

Ha dicho que María, la portuguesa es la copla moderna por definición. ¿Por qué?

Se corresponde con lo que explicaba Rafael de León, cuenta una historia completa en tres minutos; pero relatando un romance actual, añadiendo la originalidad de los sonidos portugueses.

De Carlos Cano se ha escrito que era profundo a la vez que popular. ¿También rebelde, como se advierte en Dormido entre rosas, por ejemplo?

Sí, también está la rabia, la crítica social y política. Lo que sucede es que le brotaba de manera delicada, no molestaba. Era una crítica constructiva, a veces revestida de ironía y gracia. Miró a la modernidad durante los tiempos de la transición y la supo encauzar.

El disco se cierra con Aires de cuna, una nana que canta a dúo junto a María Dolores Pradera. ¿Le sirve para dormir a su hija, Alma, algunas noches?

Se la canto algunas noches, sí... Mi hija estaba en el estudio de grabación cuando llegó María Dolores y se cayeron muy bien, se abrazaron mucho. Es la mujer más maravillosa que he conocido, después de mi madre (risas). Tiene una luz especial. Y Alma lo percibió.

-¿La pasión es la mejor definición de su trayectoria artística?

Eso me gustaría... Para mí no es una vocación, sino una forma de vivir y de sentir. Casi una terapia, porque además en la vida cotidiana soy tímida y pudorosa. Todos deberíamos vivir apasionadamente.

¿Los escenarios no le han ayudado a vencer la trimidez?

He mejorado mucho. Pero qué mal se pasa (risas)...