«Con ‘Hamlet’ hay que dejar de mirar el Everest que es y solo escalar»

«Con ‘Hamlet’ hay que dejar de mirar el Everest que es y solo escalar»

Avilés hoy y Gijón mañana acogen la versión dirigida por Miguel del Arco con Israel Elejalde como protagonista

M. F. ANTUÑA

Está en la fase final de ensayos de una zarzuela estrena el día 20 pero encuentra hueco para atender desde Madrid y hablar del Hamlet que hoy y mañana instala en Avilés y Gijón su Dinamarca particular y para felicitar con entusiasmo mayúsculo a Núria Espert por su Princesa de las Artes. Miguel del Arco (Madrid, 1965) lleva a escena a Shakespeare con la complicidad de Israel Elejalde dando vida al mítico personaje en un montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico junto a Kamikaze.

¿Feliz con el Premio Princesa de las Artes a su amiga?

Sí. Es un premio importantísimo. Un acierto. He tenido muchos profesores, pero mi primera maestra fue ella. Es maestra sin pretenderlo.

Y seguro que ha compartido con ella muchas reflexiones sobre este Hamlet.

Sí. Núria y yo nos enamoramos muy pronto, tuvimos un flechazo que ha ido creciendo. Ella cuenta siempre que no vive nada de forma real hasta que se lo cuenta a Armando, su marido, que murió ya hace muchos años. Necesita tener esas conversaciones con él, y eso mismo lo tengo yo ahora con ella, aunque lo mío es más fácil, es descolgar el teléfono, comer con ella, charlar... Tengo una necesidad vital de hacerlo, de que ella me diga esto no lo veo, me fascina contarle los planes. Es generosa, sabía, buena y con una cultura brutal.

Supongo que afrontar un Hamlet es una mezcla de pasión y terror.

Esos vaivenes están ahí. Estábamos dudando qué hacer y yo dije: Mira Isra, lo que me pide el cuerpo es un Hamlet. Se le iluminaron los ojos y la frase siguiente fue me cago. Es un Hamlet portentoso. En ese vaivén vives desde que decides montar Hamlet, que además pertenece al imaginario colectivo, las palabras resuenan porque ya se han oído, y te planteas por dónde lo vas a llevar... ¡Hay tantos Hamlets! Hamlet tiene aristas, recovecos, pasajes de dificultad extrema, te obliga a tomar decisiones con una incertidumbre enorme. Al final descubres que tienes que dejar de mirar a Hamlet como el Everest que es y empezar a escalar. Es la manera.

¿Qué se ve en la cumbre?

No la veo. No hemos descubierto cumbre, sino senderos para seguir caminando. Lo que tiene Hamlet es que no te permiten aposentarte, te abre caminos, te da experiencias... Los ensayos fueron duros, muy duros, pero muy felices, con una compañía entregada en cuerpo y alma. Y el resultado, ya sabe, para gustos los colores, hemos tenido críticas maravillosas y otras que no, pero el montaje suscita el interés del público, estamos teniendo teatros a reventar.

¿Qué aporta su Hamlet? ¿Qué tiene de original?

No lo sé. Cualquier trabajo es original porque cada uno que empieza a contar una historia lo hace de forma suya y particular. Nosotros hemos querido incidir mucho en el dolor de Hamlet, en su pensamiento, hemos querido dar una fluidez rítmica al permanente vértigo en el que está.

Año Shakespeare y Cervantes. ¿Tratamos bien a nuestros clásicos?

Es un mal endémico de este país, siempre ha vivido a espaldas de su cultura. En Inglaterra y Francia sí que han tenido siempre una especie de orgullo de su cultura, han hecho de ella bandera, pero fíjese aquí, nadie habla de cultura en las campañas electorales y se demoniza a actores y creadores. El trato que le damos a Cervantes es el indicador de cómo funciona la cosa. Pero el Instituto Cervantes no es más que una franquicia de una escuela de idiomas.

Volviendo a los clásicos. ¿Hay límites a la hora de adaptarlos a los tiempos de hoy?

No. Es como si alguien le hubiera puesto límites a Picasso a la hora de repintar las Menina. Y es como el humor, no tiene límites.

Pues no son buenos tiempos...

Son muy malos tiempos, muy perversos. No puede ser. Siempre se va a ofender a alguien, pero es que lo siento mucho, la gente se muere, y eso no significa que no se pueda hacer algún chiste sobre la muerte. Hamlet es un psicópata, mañana alguien me podría decir que elimine alguna escena. Vivimos momentos de censura y de autocensura.

O sea que el arte no tiene límites.

En absoluto. Hay que explorar. Lo dice Hamlet. El arte tiene que ser espejo del ser humano.

Mucho clásico, pero ¿qué tal está el panorama de los contemporáneos?

Hay una eclosión de dramaturgos estupendísimos, gente muy joven que está escribiendo mucho y muy bien, y que además se enredan, montan compañías...

Hace mucho que no le da por subirse al escenario...

Y más que me va a dar. No tengo ninguna nostalgia. Siempre fui muy pudoroso como actor y con el tiempo eso se ha exacerbado. Aunque nunca digas nunca jamás, en principio no me apetece.