Anabel Santiago: «La tonada no se pierde por ir hacia la modernidad, es una evolución lógica»

Anabel Santiago, en el parque de Isabel la Católica, en Gijón. /JOAQUÍN PAÑEDA
Anabel Santiago, en el parque de Isabel la Católica, en Gijón. / JOAQUÍN PAÑEDA

Anabel Santiago presenta hoy en el Auditorio de Mieres su último proyecto, ‘Electronic Llances’, que ya ha sido aplaudido en Lorient y en Madrid

ALBERTO PIQUERO

Premio Nacional de la Música en 2012 y considerada como la voz que ha revolucionado la tonada, Anabel Santiago, nacida en Buenos Aires en 1981, pero desde muy chiquilla bebiendo los vientos de las montañas asturianas donde se crió, llega esta tarde al Auditorio Teodoro Cuesta de Mieres con su último proyecto, ‘Electronic Llances’, que se convertirá en álbum discográfico en 2018, el cual ya ha recibido el beneplácito de públicos tan distantes como el del Festival Intercéltico de Lorient o el de las fiestas madrileñas de Chamartín. Aquí, las entradas para el día de hoy se han agotado.

Su primera grabación fue ‘Tierra de sueños’, en 2001. ¿Se cumplieron algunos de esos sueños?

–Muchos y cada vez más ambiciosos, aunque permanecen las ganas y la ilusión de la niña que empezó a cantar a los catorce años en el Teatro Campoamor. Espero que todavía me queden sueños por alcanzar.

Su anterior disco fue ‘Llances de papel’. ¿Cómo se convirtieron aquellas ‘llances’ en electrónicas?

–Por casualidad. Me enteré que un DJ, Fruela 757, hacía versiones de temas míos que se difundían por las redes sociales. Las escuché y me parecieron muy interesantes, además de que coincidían con el giro que yo andaba buscando. Así surgió todo.

Habrá quien rechine los dientes al escuchar vaqueiradas o tonadas con fondo electrónico...

–La tonada no se pierde por ir hacia la modernidad, es una evolución lógica. En agosto pasado, se vio en Lorient cómo un público ajeno captaba este mensaje, que es el del lenguaje universal de la música. Respetando la tradición, se puede avanzar un paso más, explorar caminos y captar a la gente joven.

En el escenario de Mieres, tiene de invitados a Diamantina Rodríguez, Nacho Vegas y el Grupo Compañeras. ¿Nos da una pincelada personal acerca de cada uno de ellos?

–El Grupo Compañeras nació en la Escuela de Música Tradicional de Oviedo, donde yo doy clase. Son unas pandereteras que unen la elegancia y la renovación. Interpretarán una pieza inédita, una muñeira de Ibias. De Diamantina, a quien dediqué un disco en 2005, lo que puedo decir es que ha sido fundamental en mi evolución. Y que me emociona como nadie. Será el gran momentazo del concierto. Aunque ha cumplido los 98 años, está llena de lucidez. Recitará la parte de la rapsodia de ‘A la madre del minero’. Y con Nacho Vegas haremos un guiño a la orilla más ‘indie’ del proyecto, mediante ‘La polesina’. Ambos teníamos nuestra versión y las hemos fundido en una sola.

Y como maestro de ceremonias, Alberto Rodríguez...

–Sí, ya hacía tiempo que había pensado en él para una presentación. Combina el humor y la inteligencia.

Ante la crisis de la industria discográfica, ¿su apuesta es por la autogestión y la autoproducción?

–Así lo hago. Supone más trabajo, pero los fracasos o los éxitos son tuyos por completo y me gusta esa responsabilidad. He vivido cosas poco agradables con casas discográficas y managers. De modo que mejor llegar con buena salud mental a la madurez (ríe).

¿Qué tal se lleva con las redes sociales?

–Son una herramienta de trabajo muy eficaz, rápida y que llega a mucha gente. Han sustituido a los carteles.Lo negativo es que hay quien las usa desde el anonimato para volcar rencores y envidias. A eso hay que sentirse ajena.

En el Festival de Lorient, el público acabó bailando en corro por la sala... En Mieres, el espacio está demasiado inclinado...

–Algo se nos ocurrirá, me encanta improvisar. Se puede bailar también en las butacas. Olos invito al escenario, digo yo (más risas).

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