«No hay cubano que no sepa de danza, música o artes plásticas»

La bailarina Viengsay Valdés, que hoy encarnará a 'La Cenicienta'. :: E. C./
La bailarina Viengsay Valdés, que hoy encarnará a 'La Cenicienta'. :: E. C.

Viengsay Valdés, subdirectora artística del Ballet Nacional de Cuba y casada con un asturiano, llega hoy al Filarmónica

A. VILLACORTA

Viengsay Valdés (La Habana, 1976) es la sucesora indiscutible de Alicia Alonso, leyenda viva de la danza. Nombrada subdirectora artística del Ballet Nacional de Cuba el pasado enero, considerada una de las mejores bailarinas del mundo por la crítica internacional tras desoír los consejos de los médicos, que le recomendaban dejar de bailar por sus graves problemas de asma, y casada con el empresario asturiano del sector turístico afincado en La Habana Carlos Herrero, Valdés, que hoy llega al Filarmónica con 'La Cenicienta' con las entradas prácticamente agotadas, no escatima elogios para quien, a sus 98 años, se mantiene como 'Prima Ballerina' y directora general de la compañía.

-Sus padres fueron embajadores de Cuba en Laos, donde vivió varios años, y su nombre en laosiano significa 'victoria'. ¿Cuáles han sido sus grandes triunfos?

-He tenido muchas victorias a lo largo de mi carrera artística y mi vida. Todas, con la satisfacción de haberlas logrado por mérito propio.

-¿El secreto de su éxito...?

-«El éxito consiste en la constancia de los propósitos», como me dijera mi maestra Mirtha Hermida. La fuerza de voluntad es importante para un bailarín y de ella depende para lograr sus objetivos. Mis padres también fueron un apoyo incondicional y les debo mucho por ello.

-Fue la primera en bailar ante las pirámides de Egipto. ¿Qué otros lugares la han marcado?

-El que más me impacto fue el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, por toda la historia que encierra y por los grandes bailarines y coreógrafos que pasaron por allí.

-Y, además, es afortunada en el amor.

-Sí. El amor no tiene fronteras y yo me encontré con él sin buscarlo, en mi propia Habana. Carlos y yo llevamos diez años. Simplemente le conocí, nos enamoramos y nos casamos en la iglesia de San Juan.

-¿Le queda algo por lograr?

-Nunca es suficiente. Si logras un objetivo o un reto, te trazas el próximo y así. Es una cadena interminable.

-¿Qué sintió al ser nombrada subdirectora artística del Ballet Nacional de Cuba?

-No fue un debate de candidatos. Fue por decisión del Gobierno y el Ministerio de Cultura por mi trayectoria artística y mi sentido de pertenencia a Cuba. Sentí mucho orgullo, pero a la vez una gran responsabilidad.

-Nada menos que la de relevar en el futuro a la gran Alicia Alonso.

-Nuestra Alicia es un ejemplo a seguir en cuanto a su tenacidad y a su pasión por la danza y yo continuaré el legado histórico de la compañía con nuevas aportaciones. Aún me encuentro activa bailando y dirigir la compañía artísticamente supone mucha más carga de trabajo, pero no es imposible combinarlo. Es algo que sucede muy comúnmente en otras compañías.

-¿Qué tiene Cuba para concentrar tanto talento?

-Cuba es un país muy rico culturalmente. No hay cubano que no sepa de ballet, de música, de artes plásticas o de cualquier otra manifestación artística. Somos un pueblo educado que ha tenido un acceso casi gratuito a ver de primera mano espectáculos de calidad del primer mundo.

-Se dice que ha tenido jugosísimas ofertas para irse a otros lugares...

-En Cuba me reconocen en todas partes y hasta saliendo me encuentro admiradores. Tras mi designación, tuve cientos de llamadas para felicitarme. Me llamaban desde primeros bailarines de las grandes compañías hasta coreógrafos para ofrecerme sus obras, pero en Cuba tengo todo lo que necesito: mi familia , mi esposo, mi trabajo que con tanto gusto desempeño, un pueblo que me admira y la gran satisfacción de volver siempre y que me reciban con los brazos abiertos.