Diana Navarro: «Soy un animal de escenario»

Diana Navarro: «Soy un animal de escenario»
La cantante Diana Navarro, que hoy actúa en el Jovellanos. / EFE

La cantante malagueña acude a Gijón con 'Resiliencia', un disco en el que demuestra su capacidad para salir adelante después de una etapa dura

DIEGO MEDRANO

Diana Navarro (Málaga, 1978) consiguió con su primer trabajo 'No te olvides de mí' (2005), doble disco de platino, nominación a los Grammy Latinos y premio Ondas como Artista Revelación, así como innumerables galardones. Siguieron más éxitos. Esta tarde presenta en el Teatro Jovellanos de Gijón (20.30 horas) 'Resiliencia'. Huye de cualquier pose y no puede ser más auténtica.

–¿Disco, según el título, de superación?

–Así es. Trata sobre la capacidad del ser humano de salir adelante. Dios aprieta, pero no ahoga, como se dice popularmente. Es todo él un proceso de enriquecimiento personal. No me quería, por culpa de un mal querer, y el resultado es este.

–Vendió con su primer disco más de 200.000 ejemplares. ¿Una proeza?

–Hoy es difícil llegar a esas cantidades. La única realidad es que llevo trece años llenando teatros y no me siento sola. Soy un animal de escenario. Prefiero llenar teatros y no vender discos que al revés. El directo te lo da todo. No me planteo lo que voy a vender.

–La crítica subraya su cimbreo andalusí y susurros procaces.

–El sur es mi norte. No perder el sur es algo que me propuse desde el principio. Mi madre es manchega, de Albacete, y desde el sur me siento del mundo, tan de mi Andalucía maravillosa como de Asturias, La Mancha y Cataluña. Adoro a mi país. Los lugares se llevan dentro y no fuera.

–¿Sus canciones invitan a volver a intentarlo?

–Tenemos obligaciones morales. Es una obligación moral volver a intentarlo, en cualquier campo. El ser humano quiere salir adelante. Tienes que volver a intentarlo por algo muy importante, la gente que creyó en ti y ya no está.

–¿Quién es su público?

–Gente con alma. La música es para gente con alma, como una religión, aunque no crea. La música es comunicación. Yo vengo de la canción tradicional y busco la emoción. Que la gente profundice y, si tiene que llorar, que llore. Y si ríe, mejor. Quiero que mis conciertos sean como un spa.

–Seis millones de personas están en riesgo de exclusión social en España.

–Lo veo muy mal, pero lo conozco de primera mano, soy la menor de cinco hermanos que trabajan cuando pueden y no siempre. Es una injusticia a lo que nos está sometiendo el capital, no solo aquí, también en el resto del mundo. No sé lo que hay que hacer, pero yo sé lo que hago: colaborar. Colaborar y no decirlo, no darse publicidad. El mundo debe cambiar, la sociedad debe cambiar, no creo en eso de que el precariado haya venido para quedarse.

–¿Por qué el flamenco no pasa de moda?

–Porque es como un traje de Armani, un clásico. Habla en presente como lo hacen los clásicos en literatura y pintura. Tiene mucha vida dentro y así llega a todo el mundo. Ojo, que el flamenco tiene letras muy machistas con las que no estoy de acuerdo, pero siempre me llega y moviliza.

–¿Puede prescindir de sus directos?

–Jamás. Para mí el escenario es como para un católico la Iglesia. Es mi templo sagrado donde Dios es el público. El escenario te lo da todo, el público es entrega absoluta.

–¿Qué opina de vender música para el teléfono y el ordenador, del Spotify, de los tiempos actuales?

–Vivimos en tiempos convulsos, todo cambia a cada instante. Me parece bien todo lo que sea legal, con eso creo que está dicho. El trabajo creativo tiene que estar remunerado, lo digo bien alto. Muchas veces no te pagan por actuar sino por esperar, entrenas voz y cuerpo para dar lo mejor de ti mismo, cuesta mucho trabajo sacar letras y músicas adelante. No se puede regalar. Tenemos que vivir de esto. Me parece bien toda venta cultural que sea legal.

–Diego 'el cigala' decía que no se podía cantar un bolero riéndose.

–No hay por qué despreciar la tristeza, también es luminosa y enseña mucho al ser humano. La tristeza enseña a ver la alegría. Los extremos no son buenos: hay momentos en los que se necesita llorar, y debe llorarse, la alegría absoluta no es la panacea.

–¿Sus discos son montañas rusas?

–Repaso todos los estados emocionales en este disco para acabar con un final feliz. Hay, de algún modo, una petición pública de que la gente se ame y quiera. Siempre merece la pena amar, sea cual sea el resultado. El amor, de este modo, es incondicional. No amar es perderse cosas.

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