Toni Zenet, en Gijón: «Siempre me han embelesado las voces capaces de pintar un cuadro»

El músico malagueño Toni Zenet./José Ramón Ladra
El músico malagueño Toni Zenet. / José Ramón Ladra

El cantante llega a Gijón con un nuevo álbum bajo el brazo, 'La guapería', en el que versiona canciones de músicos admirados en su carrera

KAY LEVIN

El ritmo latino confluye con sonidos más anglosajones como los del jazz y el blues en la música de Alberto Mellado Escalona (Málaga, 1967), conocido como Toni Zenet, que presenta este viernes (20.30 horas) en el Teatro Jovellanos (Gijón) su último trabajo, 'La guapería'. Un disco en el que por primera vez canta canciones de otros artistas.

–Su música combina géneros latinos y anglosajones, ¿de qué manera lo explica?

–Mi estilo es muy viajero, se nutre, bebe y come de otros géneros musicales para formar uno propio. Los mezclo con un aceite de oliva universal, el lenguaje del jazz, que los lleva a un lugar común, ya sea a través de un solo de trompeta o de violín.

–Pero ¿cómo llega un andaluz a esta variedad, tan distinta de su cultura?

–Todos los géneros están arraigados a su cultura, pero si estás demasiado agarrado a tu propio folclore, es muy difícil salir de él. A mí me ayudó salir a Madrid con 18 años a buscarme la vida. He mirado más hacia afuera que hacia adentro y eso me ha llevado al lugar en que estoy ahora, siendo parte también de la cultura andaluza. Hay una profunda evocación al sur en mi forma de cantar, con ese deje lejano.

–Presenta temas de su último álbum, 'La guapería'. ¿Qué destacaría del mismo?

–Este disco tiene un punto de partido radicalmente opuesto a lo que suelo hacer: se distingue de los demás porque no son temas originales míos, son de genios de la música que admiro. Nunca me había planteado hacerlo antes. En un momento de la grabación pensé: «Me estoy metiendo en un berenjenal», y me asusté. Me lo había tomado en un sentido académico, me puse a investigar temas de otras épocas y me di cuenta de que eran dignos de ser imitados. Pero no tengo ese carácter japonés de imitar todo, lo hago a mi manera y con un poco de creatividad. Una vez roto ese prejuicio de no interpretar un tema que no fuera mío, se convirtieron en mi propia piel. Conseguí convertir en mías esas canciones, en parte de mi imaginario.

–¿De dónde surgió este afán por la mezcla?

– Las influencias vienen de lo que se mama en casa. Mis padres tenían un gusto muy ecléctico, ponían tanto The Beatles como Chavela Vargas, Chet Baker o Joan Manuel Serrat. De ahí surge un bagaje personal que se conserva en la memoria y al que añado mi viaje personal en la música, con mi propia voz. He admirado voces que van del blues de John Lee Hoker al cantautor cubano Silvio Rodríguez. Desde adolescente me han gustado las voces expresivas, que podían pintar cuadros expresionistas: esas me han embelesado siempre. Por ejemplo, Chavela tiene un desgarro maravilloso, y el blues ha sido para mí como el flamenco norteamericano, de alguna forma.

–¿Considera que la música ha cambiado mucho los últimos años en ese sentido?

–Sigue habiendo de todo: siempre habrá una gran industria 'mainstream', de consumo rápido y masivo, y una mucho más personal. Lo que diferencia a estos tiempos globalizados es el poder que tiene ahora un artista de sacar su trabajo o hacerlo llegar hasta el gran público, porque ya no depende únicamente de una empresa multinacional. Ahora cualquier artista puede autoproducirse y eso ha cambiado el panorama radicalmente. Esta globalización de los medios de difusión permite saltarse esa tiranía de las multinacionales. Yo vendo más discos en mi tienda online que en grandes almacenes, eso nos permite ser independientes y dueños de nuestras propias ideas. Ahora somos más dueños del mensaje y del contenido.

–Con este bagaje, ¿a dónde le gustaría ir musicalmente en el futuro?

–Estoy dejándome encandilar por el 'rhythm and blues', pero estoy abierto a todo. Llevo una amplia paleta de colores y sonidos para ver qué voy haciendo con ella.