Asturias, patria de merenderos

Un grupo de jóvenes en un merendero de Gijón./ PALOMA UCHA
Un grupo de jóvenes en un merendero de Gijón. / PALOMA UCHA

Con la llegada del buen tiempo, los merenderos se convierten en una opción más que recomendable para disfrutar del fin de semana

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA

Herederos de la 'venta de camín' y del tradicional chigre con patio y bolera, los merenderos que siguen llenándose de parroquianos por toda Asturias con la llegada del buen tiempo son un modelo de negocio hostelero que sorprende habitualmente a quienes vienen de fuera. Existieron por toda España y vivieron uno de sus mayores momentos de esplendor en la época de la Vespa y del seiscientos, cuando desplazarse a las afueras de una ciudad o desde el interior a la costa para disfrutar de una auténtica jira al aire libre en familia o entre amigos ya no requería el fatigoso trasiego en trenes renqueantes o incómodos coches de línea. Una de las claves de su éxito probablemente era que podía uno traerse la comida de casa -y llevarse luego las sobras-, gastando lo justo en las bebidas que despachaban los chigreros como único tributo por el uso del prau, los bancos y las mesas. Medio siglo después continúan estando de moda y el verano que está a punto de entrar oficialmente es su temporada alta.

Hoy corren otros tiempos y la práctica totalidad de los antiguos merenderos o de los nuevos que adoptan sus formas dispensan a sus clientes un variado servicio de cocina que va del tapeo a la parrilla y al restaurante de carta. En ninguno de ellos o en muy rarísimos casos, por muchas o pocas aspiraciones que tenga en llegar a formar parte de la constelación Michelin, falta un clásico por excelencia de estos recintos: la tortilla de patata. Si hay tortilla de patata, sidra, unas cuantas mesas 'afayadices' y un poco de techo para ponerse a la sombra los días de sol o a resguardo del 'orpín' veraniego, no tengan duda de que la razón social no engaña si viene encabezada por el título de merendero. A partir de ahí, todo es posible y bien recibido, incluso la cuenta, que también en los genuinos es una seña de identidad el que no sea especialmente disparatada.

Sus mesas de piedra o de tablas se desplegaron por toda la región en una época dorada que se extendió hasta finales de los años setenta. Luego entrarían en declive y gran parte de ellos fueron poco a poco desmantelándose o dando lugar a otros negocios. En las últimas décadas, han vuelto a alcanzar un nuevo apogeo como lugares de esparcimiento para familias con niños o para la gente joven. Algunos buscan también atraer a todo tipo de clientela, permitiendo el acceso de mascotas. Son parientes lejanos del moderno chiringuito de playa de las zonas más turísticas, pero, al menos en el Principado, poco tienen que ver, y una de las razones de peso de su diferencia es la solera que atesoran en muchos casos. Y, por supuesto, la sidra, que escanciada al aire libre y en un ambiente relajado, imprime un carácter que nunca tendrá un merendero de las Rías Baixas o la Costa Brava.

Entre los establecimientos con más historia destacan en el área de Gijón, Casa Yoli, en el barrio de San Antonio de Deva, con fecha de apertura como chigre en 1901, y su vecino cercano El Chabolu, igualmente con un siglo a sus espaldas. Casa Suncia en Somió, abierta en 1939, Casa Arturo en La Guía, desde 1952, y El Rinconín de Deva, de 1968, son referencias del merenderismo playu de toda la vida, a las que han seguido posteriormente otros como El Cruce, en Cabueñes.

En los alrededores de Oviedo, Casa Eleuterio, en Caces, es uno de los más antiguos de la zona prestando servicio desde 1910. No muy lejos se encuentra Casa Máximo, otro enclave de gran solera y popularidad surgido en Villaperi en el año 1967.

Casa Eleuterio - Caces (Oviedo)
Casa Eleuterio - Caces (Oviedo)

Seguramente ustedes conocerán y frecuentarán bastantes otros repartidos por toda Asturias. Aquí van solo unas pocas pistas y con ellas la invitación a que disfruten de nuestros merenderos. Ahora que llega el verano son un buen plan para cualquier finde.

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