«Necesitamos la lucidez y la calma de Virginia Woolf»

Clara Sanchis, en el papel de Virginia Woolf./E. C.
Clara Sanchis, en el papel de Virginia Woolf. / E. C.

La actriz Clara Sanchis se mete en la piel de la escritora británica en 'Una habitación propia', un monólogo revelador basado en sus conferencias

M. F. ANTUÑA

Actriz de genética privilegiada –es hija de Magüi Mira y José Sanchis Sinisterra–, Clara Sanchis (Teruel, 1968) es una mujer comprometida, amante de la música y la palabra. Mañana llega al Jovellanos con 'Una habitación propia', un monólogo en el que da voz a Virginia Woolf.

–Si Virginia levantara la cabeza, ¿qué diría de lo que ocurrió el viernes en España?

–Virginia Woolf es una mente tan lúcida y tan impredecible que no tengo ni idea. Me lo he planteado muchas veces y, en mi humilde opinión, podría pensar que hemos avanzado, pero que aún queda mucho por hacer.

–¿Cómo lo vivió usted?

–Fue muy emocionante; ya lo fue el año pasado. Había muchísima gente, muchísima energía. Lo que más optimismo me produce es que hay muchas mujeres muy jóvenes y muchísimos hombres. Las feministas veteranas ya estábamos ahí, pero la buena noticia de esta nueva ola es que se han incorporado las jóvenes y los jóvenes.

–¿Por qué hay que escuchar a Woolf casi un siglo después?

–Primero, porque el asunto del patriarcado es muy complejo y ella lo analiza al detalle y con muchísima profundidad. Es un terreno en el que no nos conviene simplificar ni hacer bandos, y ella no los hace. Otra cosa maravillosa es que no pierde el sentido del humor, y ser capaz de ironizar no le hace en absoluto dejar de ver la crudeza del asunto, lo que tiene de doloroso. Por otro lado, no se estudia en las escuelas e institutos qué paso, el maltrato histórico a la mujer ha sido tan vergonzoso y no se habla lo suficiente; necesitamos conocer los detalles de lo que sucedió. Esa es la razón por la que el éxito de este texto nos ha sorprendido a María Ruiz, la directora, y a mí. Cuando empezamos a finales de 2016 no había empezado el #MeToo, éramos una gotita de agua. Pero esta función ha estado cinco veces en Madrid y se han agotado las localidades, por eso constato que necesitamos la lucidez y la calma de Virginia Woolf en estos tiempos tan convulsos.

–Ella recomendaba a las mujeres una habitación propia y un vino. ¿Y usted?

–No soy quién para hacerlo, pero yo abogo por la independencia económica. Virginia Woolf se atrevió en 1928 a hablar de dinero. Ha sido tan perverso el mecanismo de sometimiento a la mujer que se nos ha querido poner en el mundo como mujeres del amor, y sin lo material no hay amor, no hay libertad intelectual, por eso recomiendo que tengan su independencia económica y que no hagan nada que no quieran. Las mujeres hemos sido tan condescendientes, hemos cedido, hemos renunciado a tantas cosas por los hombres... Ya no es necesario.

–¿Le gusta subirse sola al escenario?

–No. Yo necesito a mis compañeros. Ahora estoy en 'El mago' de Juan Mayorga con cinco actores. El monólogo es muy duro, estar sola con tus emociones y tu mente tiene algo de deporte de riesgo. Y eso que este es un falso monólogo porque la relación con los espectadores es constante y cada público lo cambia.

–¿Qué tiene de disfrute?

–Que si lo logras has sido capaz de sobrevivir a un deporte de alto riesgo. A veces me siento una equilibrista, vas caminando por el alambre y ante cualquier pérdida de concentración te puedes caer. Aún así, lo disfruto muchísimo. Por primera vez me siento útil, porque es bello, emocionante y profundamente político.

–¿Hasta qué punto la genética ha marcado su vida?

–Yo no quería ser actriz, era pianista, pero sin ninguna duda he tenido dos maestros en casa y eso tiene sus dificultades, pero son más las ventajas.

–¿Pide consejo o mejor dejar a sus padres al margen?

–Tengo dos gigantes al lado y sigo preguntándoles todo lo que necesito.

–¿Cómo es trabajar con ellos?

–Evité trabajar con ellos durante toda mi juventud, tenía la necesidad de encontrar la distancia, mi lugar, me fui a Italia y allí me formé. Lo he evitado y ahora lo busco. Necesito estar cerca de ellos. Hay una sintonía y una complicidad enorme y compartimos algo tan importante como el sentido del humor.

–¿Qué tiene la música que no tenga el teatro y viceversa?

–La música es pura emoción, pero quizá no tiene el mundo de las ideas; y la interpretación no tiene la pureza de la música.

–En esta obra une ambos. También toca el piano.

–Sí. Nos hemos permitido una licencia que sé que Virginia Woolf no hacía, y es que cuando no llegan las palabras, acude a la música, el piano cuenta lo que las palabras no pueden contar.