De ruta por Escocia

Vista de Edimburgo/OLI SCARFF (AFP)
Vista de Edimburgo / OLI SCARFF (AFP)

Edimburgo, Stirling, Callander y Fort William son algunas de las paradas recomendadas

GALO MARTÍN APARICIO

En Escocia la historia se destila con tragos de whisky. El analgésico nacional de un país que se recorre por la izquierda mientras se avanza por estrechas carreteras que se adentran en parajes escarpados y bosques del color del uniforme de un ejército cualquiera. Un paisaje que suena a locomotoras de vapor, gaitas y a olas que quieren independizarse del mar. Sonidos que mecen a unas vacas que lucen melena de estrella del rock y que salivan por el olor del cereal malteado.

Edimburgo se explaya a los pies de su castillo. Una fortaleza normanda que se eleva por encima de su centro histórico. Entre sus almenas se filtra una ciudad erigida sobre un risco en la que resalta la arquitectura medieval y georgiana de sus edificios. Construcciones que flanquean unas calles con nombres solemnes de la época de los tartanes estampados de los clanes históricos: Royal Mile, Princess y Grassmarket. Vías empedradas que suben y bajan por un entramado urbano que esconde callejones que acortan el camino y acrecientan el misterio.

Esta imagen de ciudad que se resiste a avanzar en el tiempo colisiona delante del escaparate de la tienda 21st Century Kilts. Howie, su propietario, es el chico malo de las telas tradicionales escocesas, confiesa que desde hace dos décadas no se pone un pantalón vaquero. Tampoco una falda de cuadros. Con kilts y a lo loco toca dejar atrás Edimburgo. Es hora de atravesar escenarios de batallas memorables, de visitar aristocráticas residencias y de saludar al tímido monstruo del lago Ness. Las Tierras Altas Occidentales y la isla de Skye aguardan.

Mientras nos acostumbramos a adelantar por la derecha se cruza en el camino el pueblo de Stirling y su castillo. Enclave famoso porque aquí en 1297 se libró la batalla de Stirling, que tuvo en vanguardia al 'Guardián de Escocia', William Wallace, quien lideró un levantamiento contra el yugo inglés. Paseo de rigor por este lugar histórico con posos bélicos y tintes heroicos y vuelta a la carretera.

A seguir adelantando por la derecha. Así hasta llegar a Callander. Punto donde unas vacas con un cuero cabelludo envidiable nos dan la bienvenida a las Tierras Altas. Resulta difícil no caer en la tentación de estacionar el coche en la cuneta y tomar una foto de estos mansos animales que si quisieran podrían hacerse una coleta. Sus poses se reducen a pastar y estarse quietas, con la mirada al frente, en dirección al valle de Glencoe. Este valle es un dramático paraje, forjado siglos atrás por glaciares y erupciones volcánicas, vigilado por unas montañas de más de 914 metros de altura denominadas munros. Conducir, parar, conducir, parar, es lo que haremos para contemplar este entorno lunar y callado.

Así, hasta alcanzar Fort William. En esta localidad es conveniente repostar y comer algo. Han pasado un poco más de tres horas desde que saliéramos de Edimburgo y todavía queda un largo camino hasta el destino final de esta jornada, Sligachan. Para reponer energías nada mejor que deglutir el haggis, plato nacional especiado, jugoso y suculento. Un combo de carne gachas de avena, cebolla, sal y especias. Un bocado sin mucho truco. Porque para magia la que nos espera si nos damos prisa y nos hacemos hueco en un buen sitio con vistas entre las 15h y las 15:15 h. Hora a la que cruza el viaducto Glenfinnan el tren de vapor Jacobite Express, el mismo que aparece en la película de Harry Potter con destino a la Escuela de Magia Hogwarts. Este no es el único escenario cinematográfico escocés. No muy lejos de este lugar se encuentra la que fuera residencia del clan MacRae, el castillo Eilan Donan. Erigido sobre una isla a la que se accede cruzando un pintoresco puente de piedra. Es tal la fotogenia del sitio que aquí se rodaron escenas de películas como El mundo nunca es suficiente de James Bond, Elizabeth y Highlander. Aunque para puente el que une Kyle of Lochalsh con la isla de Skye. Sin encanto, pero muy práctico. Al otro lado se ubica Sligachan, localidad perfecta para hacer noche y comenzar un nuevo día en esta isla de gran interés geológico.

Son varias las caminatas que se pueden realizar. Al norte de la isla, a la altura de Uig, es interesante de ver las formaciones montañosas de Fairy Glen o el corrimiento de tierra Quiraing en la cordillera Trotternish. Hacia el occidente de la isla se puede echar un vistazo al castillo de Dunvegan, otro más. Como suele ocurrir es mejor alejarse y verlo desde la distancia. No muy lejos, circulando por carreteras en las que hay que echarse a un lado para dejar pasar a los coches que tienen preferencia sobre nosotros, se alza el faro de Neist Point. Aquí el verde de la tierra lo riegan unas olas que saltan por encima del mar. El ganado que hay esparcido por las laderas ni se inmuta ante semejante espectáculo de violencia y belleza. De ese mismo mar agitado procede la pesca que sirven los restaurantes del coqueto pueblo de Portree. Sería absurdo salir de Skye sin probar sus viandas. Como tampoco hay excusas para no disfrutar de una velada en alguno de los locales que hay junto a la playa en Plockton (fuera de la isla de Skye).

No hay destino sin cliché y el de Escocia es el monstruo del lago Ness. La morada de esta criatura tan ficticia como rentable se extiende en paralelo a la carretera que termina en Inverness. La gran ciudad de las Tierras Altas. A pesar del whisky que se destila en la zona, como en la destilería de Tomatin, la tranquilidad impera en este rincón escocés de alta graduación. En dirección sur desde aquí la autopista nos lleva hasta Pitlochry. Un pueblo de arquitectura victoriana que los vecinos ingleses han adoptado como uno de sus lugares favoritos de vacaciones. No solo es bonito, también está muy cerca de la capital. Luego, antes de subirnos al avión que nos lleve de regreso a casa, podemos hacer una última parada en Edimburgo y dar una vuelta por el puerto de Leith. El muelle del que parten historias, como la de Trainspotting, obra de Irvine Welsh, al resto del continente y del mundo. Realidades y ficciones de una ciudad en la que su gente siempre tiene un minuto de más para indicar en el mapa al forastero donde se encuentra.

Guía práctica

Oficina de información turística

https://www.visitbritain.com

Cómo ir

Desde Madrid y Barcelona se puede volar a Edimburgo con varias compañías: Iberia, Vueling, Easy Jet y Ryanair.

1. Edimburgo

Dónde dormir

Courtyard by Marriott

1-3 Baxter´s Place

Edimburgo

EH1 3AF

Dónde comer

Devil´s Advocate

9 Advocate Closes

Edimburgo

EH1 1ND

OINK

34 Victoria Street, Grassmarket

Edimburgo

EH1 2JW

2. Isla de Skye

Dónde dormir

Sligachan Hotel

Sligachan, isle Skye, Portree, IV47 8SW.

Dónde comer

The Old Inn (pub)

B8009, Carbost

Stein Inn

Stein IV55 8GA

3. Plockton

Dónde dormir

The Haven Guesthouse

3 Innes, St Plockton IV52 8TW

Dónde comer

Plockton Shores

30 Harbour St Plockton IV52 8TN

4. Inverness

Dónde comer

The Mustar seed

16 Fraser Street

IV1 1DW

5. Pitlochry

Dónde dormir

Fisher´s Hotel***

75-79 Atholl Road

PH16 5BN

Dónde comer

Logierait Inn

Logierait, Pitlochry PH9 OLJ

 

Fotos

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