El clima preelectoral envenena las relaciones en la Junta

A. S. OVIEDO.

La legislatura ha arrancado en Asturias, constituida la Junta General y operativo el Gobierno tras las elecciones de mayo, pero lo ha hecho en un clima enrarecido, con la mirada de prácticamente todos los partidos -con excepciones puntuales- puesta más en la cita con las urnas de diciembre que en el día a día de la actividad política. Todos se miran de reojo a la hora de tomar cualquier decisión, en el momento de votar cualquier iniciativa, analizando las consecuencias que sus movimientos pueden tener con vistas a esos trascendentales comicios. Por el medio están asuntos tan trascendentales para el devenir de la comunidad como los presupuestos de 2016, cuya aprobación se ve hoy comprometida.

Lejos queda ya, por ejemplo, el entendimiento entre socialistas y populares que propició la aprobación de un puñado de leyes de calado, incluyendo las cuentas ahora vigentes o la reforma de la RTPA. Esa sintonía, a medida que se acercan las elecciones, ha ido quedando atrás y vuelve a percibirse un clima de tirantez entre los dos partidos. El turno de preguntas al presidente en la Junta es un buen termómetro para medir esa relación.

En la segunda mitad de la pasada legislatura las preguntas de la popular Mercedes Fernández a Javier Fernández perdieron el brío y la tensión de la primera parte del mandato, cuando estaba vigente el pacto del PSOE con IU y UPyD, y acabaron deparando enfrentamientos dialécticos bastante plácidos para el jefe del Ejecutivo. Ahora, el tono de la presidenta del PP ha vuelto a tornarse seco y severo y su adversario socialista vuelve a exasperarse y enojarse cuando le toca debatir con ella.

Más a la izquierda, la neblina que separa a IU y Podemos se corta con un cuchillo. Inmersos en el enrevesado debate de la confluencia, Gaspar Llamazares, por un lado, y Emilio León, por otro, se cruzan 'recados' desde el pleno del Parlamento o en los pasillos que luego repiten y amplifican en las redes sociales.