Un servidor público

Gracias a aportaciones como las que hizo Tini, gallegos y asturianos nos sentimos cómodos en la España autonómica que consolidamos en la democracia

alberto núñez feijóo
ALBERTO NÚÑEZ FEIJÓO

Solía decir Vicente Álvarez Areces que Santiago de Compostela era para él «una gran emoción». A la capital gallega, en la que estudió, protagonizó las memorables movilizaciones del 68 y sintió sus primeros impulsos políticos, le dedicó una definición que también es aplicable a su figura política.

Lo es por la bonhomía que reconocen los que han compartido algún momento con él, aunque lo que resulta más conmovedor es su legado. Despedimos a un servidor público del que su querida Asturias, como el conjunto de España, puede sentirse orgulloso. Hago esta afirmación a pesar de las diferencias ideológicas que nos separaban porque, como nos ocurre con el resto de vecinos asturianos, fue mucho más lo que nos unió.

En efecto, Álvarez Areces integra esa generación de políticos que trabajaron para que las comunidades del noroeste tengan el sitio y el peso que les corresponde en el conjunto de España. Eso nunca implicó pedir privilegios para nuestras autonomías a costa de las otras. Pedir no ser menos que nadie no es lo mismo que querer ser más que los demás. Gracias a aportaciones como las que hizo Tini, gallegos y asturianos nos sentimos cómodos en la España autonómica que consolidamos en la democracia y comprometidos con el objetivo de garantizar la prosperidad, el bienestar y la igualdad de todos los españoles.

Cuando alguien se va de forma tan repentina como él, reconforta pensar que al menos vivió lo suficiente como para comprobar que las semillas que él plantó seguirán siendo abonadas para que fructifiquen en su ausencia.

Sus aportaciones no han sido en vano. Asturias y Galicia se sienten comunidades hermanas con la responsabilidad compartida de trabajar para que los límites autonómicos no se conviertan en fronteras, para que el norte de nuestro país esté cada vez mejor conectado y sea más escuchado en una España unida y fuerte.

Como presidente de Galicia, siempre me he sentido muy próximo a Asturias en sus objetivos. Y hoy también me siento cerca de la emoción con la que despiden a uno de los suyos. Porque también es uno de los nuestros y de todos los españoles.