Un balance desigual al frente de un Ejecutivo que marca distancias con Rajoy

Quienes hablan con el presidente coinciden en que está «tranquilo y determinado» en salir adelante

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

El líder del PSOE sorprendió con la confección de un Consejo de Ministros acogido en general con beneplácito, a pesar del tropezón con el titular de Cultura, el efímero Màxim Huerta. Hasta en el PP se reconocía que el equipo era «potente». Los primeros días fueron de vino y rosas; el PSOE era el primer partido en los sondeos, la oposición apenas existía con los populares enfrascados en el relevo de Mariano Rajoy y las medidas iniciales tuvieron mucho de golpe de efecto (la acogida de los inmigrantes del Aquarius o el anuncio de la exhumación de Francisco Franco).

Pero enseguida surgieron los tropezones. «Bandazos», según la oposición; «desajustes», según el Gobierno. Así llegó el fracaso en la renovación del consejo de RTVE, la derrota en el Congreso con el techo de gasto y los objetivos de déficit y deuda, la devolución a Marruecos de 116 inmigrantes que habían asaltado la valla de Ceuta, las vacilaciones con la defensa del juez Pablo Llarena, los cambios de planes para el Valle de los Caídos, la legalización de un sindicato de trabajadoras sexuales y, el último, la congelación y descongelación de una venta de armas a Arabia Saudí.

Sánchez reconoció hace poco que tanto él como sus ministros habían pecado de cierta «bisoñez» en algunas decisiones. No era de extrañar por las formas en que habían llegado al Gobierno. Desembarcaron de un día para otro tras el triunfo de la moción de censura y con ministros que ni soñaban serlo 24 horas antes de ser nombrados. El líder socialista tenía como horizonte hasta ese momento la recuperación de su partido tras la grave crisis vivida en 2017 y encarar de la mejor forma posible las elecciones autonómicas y municipales. No tenía un plan para gobernar, lo tenía para hacer oposición.

Quienes hablan con el presidente coinciden en que está «tranquilo y determinado» en salir adelante. No comparte los nervios de muchos en su partido. Tampoco está de acuerdo con los análisis que auguran que el suyo será un paso efímero por la Moncloa. Sus instrucciones a los ministros han sido gobernar con la mirada puesta en junio de 2020 y hacerlo con medidas audaces.

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