Barbón, dispuesto a «aprovechar» su conexión con Madrid en el debate de la financiación

Adrián Barbón, ayer, en Tapia de Casariego, conversando con Rafael Sánchez Lavandera, primer secretario general del PSOE de esta localidad. / JORGE PETEIRO
Adrián Barbón, ayer, en Tapia de Casariego, conversando con Rafael Sánchez Lavandera, primer secretario general del PSOE de esta localidad. / JORGE PETEIRO

Asegura que hará «piña» con todos los que quieran imponer una «visión solidaria del Estado» en la reforma del modelo

DAVID S. FUENTE / ANA MORIYÓNTAPIA/GIJÓN.

La oposición teme que el Gobierno central utilice la reforma del modelo de financiación como moneda de cambio para mantener a Pedro Sánchez en la Moncloa y, lo que es peor, que el Principado no dé la batalla para evitarlo. Una falta de confianza que parece molestar a Adrián Barbón que, si bien rechaza cualquier negociación bilateral y aboga por afrontar este debate en un foro multilateral, presume también de tener capacidad para influir directamente en el equipo de Sánchez en favor de los intereses de Asturias. «Vamos a intentar aprovecharnos de la conexión que existe con el Gobierno central para conseguir mejores beneficios», declaró ayer, minutos antes de participar en la tradicional bonitada que los socialistas de Occidente celebran cada verano en Tapia de Casariego.

El también secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA) quiso responder al dilema que le planteó la portavoz del grupo parlamentario popular, Teresa Mallada, quien le instó a elegir entre «los asturianos y Pedro Sánchez». Después de recordar a la diputada que su formación cuenta con el «respaldo» de los asturianos tras «doblar» al PP en los últimos comicios autonómicos, Barbón señaló que será «exigente y leal» ante el Ejecutivo central de cara a conseguir que la financiación autonómica tenga en cuenta a la hora de repartir los recursos el coste real de los servicios como consecuencia del envejecimiento y la dispersión de la población. Pero también, añadió, que este nuevo modelo valore el esfuerzo fiscal que llevan a cabo comunidades como la asturiana para garantizar la prestación de servicios públicos y que la transición ecológica se abordará en esta región de una forma «más contundente» que en otros territorios.

El presidente del Principado quiere también «aprovechar» la «conexión» y «complicidad» que su Gobierno tiene con el Ejecutivo central para que «entienda y comprenda» las demandas de Asturias en esta materia. «Tenemos la inmensa suerte de tener una gran receptividad con el Gobierno nacional para que la agenda de Asturias esté siempre encima de la mesa del Consejo de Ministros», apuntó Barbón, al tiempo que hizo uso de la ironía para preguntar a qué «mesa» podría llevar la expresidenta de Hunosa su «inventario de propuestas».

En su discurso de investidura, Barbón ya había anunciado que cogería el relevo de Javier Fernández para mantener los acuerdos alcanzados con otras comunidades con similares inquietudes para hacer frente común en las reivindicaciones de carácter nacional. El expresidente del Principado había llegado a celebrar cumbres con los máximos dirigentes de otras regiones de la llamada España vaciada para tratar de frenar la presión que ejercen las comunidades más pobladas y ricas, que pretenden imponer el criterio de la población y la capacidad fiscal para repartir los fondos comunes.

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Ayer Adrián Barbón incidió en que hará «piña» con todo aquel que comparta la «visión solidaria del Estado» que supone repartir el dinero en función del coste real del servicio. «No estamos pidiendo más dinero. Decimos que a la hora de articular económicamente el Estado se tiene que tener en cuenta la realidad de los servicios», defendió. Eso sí, mientras un frente empresarial levantino ha comenzado a rearmarse convocando una cumbre de cara al próximo mes de octubre para exigir al Gobierno español un nuevo sistema de financiación que se adapte a los intereses de este territorio, desde Asturias se apela a la «discreción» para evitar pronunciarse sobre posibles contactos en el seno del frente del Noroeste. «Va a ser una negociación larga», alertó.