La escalada de conflictos multiplica la tensión y la inquietud electoral en el PP en Asturias

Fernández, Casado y Mallada, en la visita que el presidente del Partido Popular hizo a Asturias en enero./EFE / CEREIJIDO
Fernández, Casado y Mallada, en la visita que el presidente del Partido Popular hizo a Asturias en enero. / EFE / CEREIJIDO

Los anónimos de Venta, la investigación a Mallada y la expectativa de nuevos escándalos agravan la fractura entre dos bloques irreconciliables

ANDRÉS SUÁREZOVIEDO.

«Lo peor no es lo que ya ha pasado, lo peor es lo que puede estar por venir». La frase sale de labios de un curtido dirigente local del PP asturiano y ejemplifica a las claras la situación interna de un partido sometido a continuos bandazos y que no anticipa ni por asomo un escenario cercano de calma y sosiego. La crisis que estalló con la designación de Teresa Mallada como candidata autonómica, en detrimento de la presidenta regional, Mercedes Fernández, lejos de aplacarse con el paso del tiempo, no ha hecho otra cosa que enquistarse. El episodio de los anónimos que acabó fulminando al secretario general, Luis Venta, y sobre todo la investigación judicial a Mallada en una ramificación del 'caso Hulla' ha multiplicado la tensión hasta extremos «irrespirables», confiesa otro cargo. «Y lo peor -añade- es que nadie sabe con qué nos vamos a desayunar mañana». Esa incertidumbre hace que la inquietud por los resultados que el PP pueda cosechar en las generales de abril, primero, y en las autonómicas y municipales de mayo, después, crezca como la espuma.

La presencia de Mallada en la lista de investigados -lo que antes se conocía como imputados- por la cesión al Montepío de los terrenos de Aller donde se construyó el polémico macrogeriátrico, junto al resto de concejales de la corporación municipal entre 2008 y 2010, supuso un shock en las filas populares. Aunque los afines a la candidata intentan minimizar el impacto del proceso judicial, pronosticando que se trata de una cuestión menor que probablemente quedará en agua de borrajas, algo en lo que incluso coinciden algunos de sus adversarios dentro y fuera del PP, el daño político es innegable. La reacción inicial al estropicio -salir el mismo día a ofrecer una respuesta rápida, el respaldo de Génova del que presumió Mallada en público...- ha permitido minimizar daños, según su equipo. Pero incluso los 'malladistas' mas acérrimos admiten que el asunto es susceptible de empeorar en función de lo que pase en las próximas semanas.

Este episodio ha puesto de manifiesto como ningún otro la crudeza de las relaciones internas en el PP de Asturias y la división entre Fernández y la dirección y Mallada y los suyos. Hay un acontecimiento que refleja a las claras esa tensión. El jueves, en los pasillos de la Junta General, la presidenta regional compareció para arropar a Luis Venta tras la polémica de los anónimos y para defender su legitimidad en el cargo, en un momento en que sonaban con fuerza los tambores de una gestora. En un momento dado, deslizó una frase que sonó enigmática: «Mi hoja de servicios está limpia; los demás, que hablen por ellos».

Apenas 24 horas después trascendió la investigación sobre Mallada y entre sus afines no se escondía el malestar con la 'coincidencia' entre una cosa y la otra, entre unas palabras y los hechos posteriores. Fuentes de la dirección popular desvinculan ambas cuestiones y, de hecho, sostienen que no se tenía conocimiento previo de las pesquisas judiciales abiertas en torno a la candidata.

Otra cosa es que la dirección del PP asturiano sí alertase en su momento a la cúpula popular de la calle Génova de que apostar por Mallada como cabeza de cartel era una opción que podría traer problemas. Que era una candidata «con debilidades, de riesgo», fue el mensaje que se trasladó a Madrid en la fase previa a la elección del número uno de la lista al Principado, según detallan fuentes populares. Pero el temor, precisan, tenía que ver con otros asuntos y no con la cesión de los terrenos al Montepío.

La escalada de conflictos hace temer a una mayoría de cargos que la cosa no vaya a quedarse ahí y es precisamente esa incertidumbre la que atenaza al partido. Hay quien sostiene que el obstáculo político que supone la investigación sobre Mallada enfría la hipótesis de que Génova decida imponer una gestora y deponer a Fernández. «Sería demasiada tensión al mismo tiempo, no sé si el partido podría soportarlo», razona un dirigente. Otro, sin embargo, opina que o se toman medidas o las cosas se irán definitivamente de las manos. Pero hay una coincidencia general en interpretar que si el PP continúa trasladando en público esta imagen de guerra abierta, difícilmente podrá convencer al electorado de que es la opción más solvente para gobernar España, Asturias o cualquier municipio del país.