Génova cierra filas con Mallada y ya prepara la renovación del PP asturiano

Pablo Casado saluda a Mercedes Fernández, en presencia de Teresa Mallada, momentos antes del acto que el Partido Popular celebró en Quintueles en la reciente campaña de las elecciones autonómicas y municipales. / DAMIÁN ARIENZA
Pablo Casado saluda a Mercedes Fernández, en presencia de Teresa Mallada, momentos antes del acto que el Partido Popular celebró en Quintueles en la reciente campaña de las elecciones autonómicas y municipales. / DAMIÁN ARIENZA

La actitud de Mercedes Fernández en la campaña autonómica, junto a sus últimas declaraciones en privado y en público, irrita a la dirección nacional

D. FERNÁNDEZ / A. SUÁREZOVIEDO.

La decisión ya está tomada, ahora solo queda por articular el cómo y el cuándo. Y, en clave política, presentar una explicación que justifique el por qué. Pero el vaso de la paciencia hace tiempo que rebosa en la dirección nacional del PP y la apuesta por una renovación en el timón de mando del partido en Asturias es firme. En la sede de la calle Génova crece el malestar con la presidenta regional, Mercedes Fernández, y su apuesta por «explorar una abstención» que facilite la investidura de Pedro Sánchez, contra la línea que marca la cúpula de Pablo Casado, es solo el epílogo de una larga serie de desavenencias. En Madrid tienen claro que la apuesta de futuro será Teresa Mallada y la cuestión ahora es decidir los plazos para el relevo y el formato elegido para ejecutar la operación.

Las palabras de Fernández favorables a esa abstención que evite que el futuro gobierno de Sánchez quede en manos de los independentistas y de Podemos fueron encajadas tanto por los dirigentes nacionales del partido como por el sector 'malladista' en Asturias con una mezcla de hastío e irritación. Hastío porque el pulso interno en el PP regional lleva meses abierto y no hay semana en que no haya algún que otro sobresalto. E irritación porque esta vez la afirmación de la presidenta salta la frontera del Pajares y ya no se queda solo en el ámbito meramente autonómico, sino que entra de lleno en el plano de la política nacional. Y eso no gusta. Es verdad, eso sí, que esas opiniones son nuevas en términos públicos pero no en privado, toda vez que ya las manifestó en una comida posterior al comité ejecutivo en el que el PP abordó el análisis del resultado de las elecciones del 26-M.

En la dirección nacional se tiene claro que la apuesta de futuro en Asturias se llama Teresa Mallada. Se entiende que el resultado de las elecciones autonómicas es razonablemente favorable y que, pese a la pérdida de un escaño en la Junta y del senador por designación autonómica que solía corresponder al PP, las expectativas eran peores -se llegó a temer un 'sorpasso' de Ciudadanos- y existe margen de maniobra para crecer. Pero se considera que esas perspectivas moderadamente optimistas naufragarían si el partido tiene que vivir inmerso en una tensión permanente entre Mallada y su grupo parlamentario, en el que todos le son afines, y una dirección regional a los mandos de Fernández con la que la sintonía es nula. Cero.

En Génova, de momento, se toman su tiempo, porque las prioridades en el cortísimo plazo son otras. La primera, asegurar la mayor presencia posible en los ayuntamientos, con el próximo sábado como fecha decisiva para la conformación de mayorías en los consistorios. Y, justo a continuación, y en muchos casos en directa relación con lo anterior, tratar de conservar poder autonómico y, allí donde sea posible, incrementarlo. Esa es ahora la máxima urgencia.

Cuestión de tiempo

A partir de ahí será el momento de tomar decisiones orgánicas, en Asturias y está por ver si también en otras comunidades donde se quiera asentar el poder de los nuevos rostros emergentes del partido. La posibilidad de una gestora lleva meses sobre la mesa de los dirigentes del PP nacional, una opción que se descartó en vísperas de las elecciones pero que ahora vuelve a tomar cuerpo. Para buena parte de los 'malladistas' asturianos sería la opción más favorable, toda vez que permitiría ganar tiempo para caminar hacia un congreso autonómico al que llegar habiendo asentado su peso interno, su trabajo al frente del grupo parlamentario...

Pero en Génova se miden los riesgos y también la posibilidad de que Fernández y los suyos maniobren para tratar de obstaculizar una injerencia para la que, apuntan desde el entorno de la dirección, no hay razones que la justifiquen. La otra posibilidad sería abrir un proceso de congresos extraordinarios, en Asturias y probablemente en otras autonomías, para fortalecer la posición de los líderes emergentes y afines a Pablo Casado.

Y luego está la cuestión de los plazos. Si por los 'malladistas' fuera, no habría que pasar de julio sin una gestora en Asturias. Otra cosa es que se imponga el realismo del calendario, la conformación de los gobiernos autonómicos y el parón estival, y al final el desenlace llegue con el inicio del nuevo curso político.