Historiadores ven «indispensable» retirar la tumba de Franco del Valle de los Caídos

Historiadores ven «indispensable» retirar la tumba de Franco del Valle de los Caídos
Vista general del monumento del Valle de los Caídos. / EFE

Argumentan que no se puede mantener un monumento en honor a un dictador, si bien hay voces discrepantes que ven el franquismo como un «régimen necesario»

ANA MORIYÓN OVIEDO.

Historiadores asturianos aplauden por «indispensable» la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de proceder a la exhumación de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos. Coinciden, en su mayoría, en que por «dignidad democrática» no tiene sentido mantener un mausoleo en honor al dictador, si bien no todos aprueban con igual contundencia el uso de un decreto ley para agilizar este proceso.

El catedrático Francisco Erice niega que el Valle de los Caídos sea un «monumento a la reconciliación» sino de «apología del franquismo», por lo que, recrimina, no tiene ningún sentido que en plena democracia se mantenga un «lugar de homenaje público a los restos de un dictador». Entiende, en cualquier caso, que el monasterio, «franquista e imperial, no se puede derruir», pero aboga por, una vez retirado el cadáver, realizar en él una labor de «memoria histórica y esclarecimiento de lo ocurrido». En su caso, ve justificado el uso del decreto para evitar maniobras dilatorias por parte de la familia Franco.

En la misma línea, aunque discrepa en relación al mecanismo legal utilizado para agilizar el proceso, se manifiesta su colega en la Universidad de Oviedo Jorge Uría. El también catedrático en Historia Contemporánea defiende que la medida es «indispensable» porque «en una democracia madura no se sostiene que con presupuestos públicos se mantenga un monumento que glorifique la figura de un dictador». Rechaza también que pueda considerarse que este lugar de culto cumpla una función para honrar a todas las víctimas de la Guerra Civil ya que, si bien permanecen en su interior enterrados combatientes de ambos bandos, «muchos están sin identificar o sin permiso de las familias» y el monasterio, añade, «fue levantado por presos políticos durante la dictadura». En su caso, lamenta que la iniciativa no haya contado con el oportuno debate parlamentario y que haya sido aprobada por un gobierno en una situación «precaria». «Hubiera sido mejor que esta medida, absolutamente necesaria, hubiera sido tomada en otras condiciones. Pero bienvenida sea por higiene democrática».

Con igual contundencia defiende la exhumación el catedrático emérito David Ruiz, «aunque quiero creer que su tardanza sigue avergonzando a la inmensa mayoría de los españoles». Aduce que «Franco no solo figuró entre los promotores de la guerra civil más sanguinaria registrada en este país, sino que, de acuerdo con las últimas investigaciones, fue el dictador que causó mayor número de víctimas en el mundo occidental después de Stalin y de Hitler». Por eso, completa, «ya solo resta compensar al menos moralmente a los familiares de los millares de víctimas de aquel régimen que aún permanecen, no solo enterradas en las cunetas, sino también en el mismo recinto hasta ahora ocupado por el dictador».

Aunque mayoritaria, sin embargo, no es la opinión unánime. El vigués Pío Moa, estudioso de la Revolución del 34, ve en la decisión del Gobierno «el atentado más grave contra la democracia después del rescate de ETA por Zapatero y Rajoy». Habla incluso de que estamos asistiendo a la destrucción de «las libertades de opinión, expresión, investigación y cátedra so pretexto de 'apología del franquismo'» y defiende el franquismo como «un régimen de autoridad necesario, que restringió las libertades a socialistas, comunistas y separatistas, para que no volviesen a las andadas, y dejó una sociedad próspera y sin aquellos odios». Lamenta que ahora «vuelve la alianza entre separatistas y totalitarios, y es preciso pararles los pies antes de que sea tarde y hagan de España otra Venezuela».

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