El homenaje a Fernández en Mieres visibiliza las tensiones que aún persisten en el PSOE

Isaac Pola, Javier Fernández, Guillermo Martínez, Genaro Alonso y Paz Fernández Felgueroso. / J. M. PARDO
Isaac Pola, Javier Fernández, Guillermo Martínez, Genaro Alonso y Paz Fernández Felgueroso. / J. M. PARDO

Afines e históricos del partido arropan al presidente en un acto sin presencia de la nueva FSA | Reivindica un futuro para las cuencas mineras: «Tenemos derecho a que nos escuchen; el declive, la despoblación y el desempleo no son un destino»

ANDRÉS SUÁREZ MIERES.

Los sucesivos congresos que ha celebrado el PSOE, primero el federal que devolvió el liderazgo a Pedro Sánchez y después el autonómico que encumbró a Adrián Barbón, contribuyeron en cierta medida a suturar la herida abierta en las filas socialistas tras un periodo tremendamente convulso. Pero las tensiones, aunque soterradas, persisten, y el acto de ayer en Mieres en que se homenajeó al presidente del Principado, Javier Fernández, fue una prueba de ello. No por los discursos, con una fuerte carga de emotividad y escasa dosis política, sino por las presencias y las ausencias. Afines e históricos del partido arroparon a Fernández en una cita a la que no asistió representación de la nueva dirección de la Federación Socialista Asturiana, en lo que supone un símbolo de que los roces están aún lejos de cicatrizar.

Fernández fue ayer distinguido en los premios Mierenses en el Mundo, una convocatoria que no tendría nada de especial, al menos en clave política, si no fuera por los antecedentes, por el rechazo que meses atrás suscitó la concesión del galardón entre dirigentes del PSOE de Mieres afines al 'sanchismo' y del SOMA y que trascendió por la publicación de una conversación de mensajería instantánea. El asunto viene torcido desde ahí y ni siquiera el paso del tiempo y la relativa normalización que ha experimentado el partido en estos meses ha contribuido a calmar del todo las aguas. No hay broncas públicas entre unos y otros, pero sí diferencias políticas, algunas de calado, y también recelos personales.

Esas discrepancias se visibilizaron en el acto de Mieres en forma de presencias y ausencias. No acudió nadie de la actual dirección de la FSA, que argumenta que no ha sido invitada, ni tampoco nadie del municipalismo próximo a la sensibilidad política mayoritaria hoy en el partido. Una versión que ha sido objeto de réplica por parte de los organizadores, que aducen que solo se cursaron invitaciones institucionales pero no a partidos políticos y que ante la alta demanda de plazas se abrió una inscripción. En cualquier caso, la imagen que trasladaba esa ausencia tenía una carga simbólica evidente. Tampoco había, por cierto, representación del SOMA.

Afines e históricos del partido arroparon al presidente en un acto que abarrotó el auditorio de la casa de cultura. Acudieron tres consejeros del Ejecutivo regional: los de Presidencia, Guillermo Martínez; Empleo e Industria, Isaac Pola; y Educación, Genaro Alonso. Estaba el portavoz parlamentario, Marcelino Marcos, y los diputados Jesús Gutiérrez (secretario de Organización en la etapa de Fernández al frente de la FSA), Carmen Eva Pérez y Nuria Devesa. También dirigentes de largo recorrido como Antonio Trevín y el hoy senador Vicente Álvarez Areces, así como los alcaldes de Avilés (Mariví Monteserín), Caso (Miguel Ángel Fernández) y Ponga (Marta Alonso). Otros nombres conocidos, de distintos ámbitos, eran los del portavoz socialista de Gijón, José María Pérez, Antonio Masip, Eduardo Donaire, Paz Fernández Felgueroso o Víctor Rodríguez Caldevilla.

Los vaivenes del clima político se palpaban en los corrillos, con una lectura más o menos unánime: la «oportunidad perdida» por parte de la dirección de la FSA de trasladar un mensaje de distensión, después de una serie de procesos internos tan agitados. «Dentro de unos meses Javier ya no será presidente, tiene poco sentido un gesto como este», razonaba un veterano socialista. «Teniendo a Pedro Sánchez en la Moncloa, con una expectativa que ilusiona a una mayoría del partido, lo lógico es avanzar en la unidad y no mantener el pulso», indicaba otro.

«Las últimas curvas»

El protagonista del día, Javier Fernández, quiso precisar desde el principio que el de ayer era un día de celebración y no de conflicto. Preguntado directamente sobre las ausencias, eludió valorarlas. Y en su discurso fue también muy claro: la política no tocaba. «Podría hablaros de política. Resultaría sencillo: es un camino conocido que recorro desde hace bastantes años, y ahora que ya avizoro las últimas curvas, cuando no tengo más ambición que finalizarlo honrada y cabalmente, leal a mi conciencia, a mi pensamiento y a mi tierra, podría consentirme algunos desahogos. Pero eso sería impropio y muy poco elegante con vosotros», reflexionó.

Emocionado hasta la lágrima, sobre todo al recordar, ya al final de su discurso, a sus padres, Fernández hilvanó su intervención a partir de los recuerdos que le ligan a Mieres. Lo hizo para terminar hablando del pasado, el presente y el futuro de las comarcas mineras, en un contexto político en el que precisamente ahora se discuten los ritmos de una transición energética hacia un modelo 'verde' que pone en cuestión el carbón y la actividad vinculada a su consumo, como las centrales térmicas.

Sin zambullirse de lleno en la refriega política, pero deslizando un mensaje con evidente trasfondo, el presidente del Principado aludió a los cambios que han vivido las cuencas mineras en estas décadas y a los que experimentará en adelante, «sin quedarnos prendidos a la melancolía de lo que fuimos, aquel poderoso par de metal y carbón». Pero ese proceso, en un mundo «donde la política se ha hecho más simple y la realidad más compleja», no ha de abordarse de cualquier manera, dio a entender.

«La despoblación, el declive y el desempleo no son un destino, la herencia inevitable de los territorios que impulsaron la primera, desordenada y decisiva industrialización de nuestro país», anotó. Y fue tajante al reclamar un horizonte sólido de futuro para estos territorios: «Conviene recordar que no arrancamos en igualdad de condiciones, que tenemos derecho a que nos escuchen y que queremos dejar claro en el presente que no renunciamos al futuro ni olvidamos el pasado».

Fernández, que recibió un mensaje del histórico Alfonso Guerra elogiando su «integridad y nobleza de espíritu», terminó con un guiño a Mieres al confiar en que su campus universitario alcance en el futuro «el desarrollo que me gustaría».

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