Los inscritos para la Diada caen un 25% en plena división del independentismo

Un partidario de la independencia fotografía la marcha de la Diada de 2015. /Afp
Un partidario de la independencia fotografía la marcha de la Diada de 2015. / Afp

La ANC revela que 37.500 personas han confirmado por ahora su asistencia a la marcha, la cifra más baja de los últimos seis años

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Las cifras que aportó este viernes la Asamblea Nacional Catalana dejan entrever una cierta desmovilización del independentismo, que llega a la manifestación del 11 de septiembre con discrepancias internas sobre la estrategia a seguir y dificultades para preservar la unidad entre los principales actores que defienden la ruptura. Los inscritos para participar en la marcha de la Diada han caído un 25% respecto al año pasado y, de momento, los 37.500 asistentes previstos registran el dato más bajo de los últimos seis años. En 2013, 350.000 personas habían comunicado ya su intención de acudir.

El lema de esta edición será «Objetivo Independencia» y la ANC, entre el reconocimiento de la caída de registros y la llamada a movilizar efectivos, mantuvo hoy su confianza en que la manifestación volverá a ser «masiva». Se agarró al dato de venta de camisetas que la entidad promociona con motivo de la Diada y que ha aumentado un 5% hasta llegar a las 178.000. Además, situó alrededor de 450 los autobuses reservados para facilitar el trasladado a Barcelona y atribuyó, en parte, el descenso detectado a que este año no hay sobre el programa ninguna 'performance' que aconseje inscribirse.

En realidad, la cita del 11 de septiembre ha servido tradicionalmente para medir la fuerza del secesionismo y ha logrado algunos de sus mayores picos de inscripciones los años en los que se ofrecía una causa común: la consulta del 9 de noviembre de 2014, las elecciones del 27 de septiembre un año después y las semanas previas al referéndum del 1 de octubre. Pero en este caso, y aunque la sentencia del Tribunal Supremo por el proceso del 1-O está prevista para principios de otoño, el independentismo no llega como un bloque compacto con una sola idea de cómo reaccionar a la decisión judicial y qué camino adoptar.

En primer lugar, la ANC ha redoblado su presión –incluso con protestas– sobre las formaciones independentistas, a las que reprocha haber caído en «luchas partidistas», haber cerrado pactos con el PSC tras las elecciones autonómicas y locales y no haber mantenido una hoja de ruta clara hacia la secesión. En este marco, algunos exconsejeros republicanos, como Josep Huguet y Anna Simó, se descolgaron ya de la convocatoria del 11 de septiembre por la «música antipartidos» que comenzaba a sonar y por estar Esquerra en el foco de la crítica.

Las fricciones llevaron incluso al exportavoz de esta formación en el Congreso, Joan Tardá, a censurar que la entidad se haya inclinado por actuar como un «contrapoder». Pero, además, tampoco en el ámbito político hay una sintonía sobre el siguiente paso a dar.

Confrontar vs dialogar

El último capítulo lo han protagonizado esta semana Oriol Junqueras y Quim Torra. El líder de Esquerra concedió el lunes una entrevista a Catalunya Radio desde la prisión de Lledoners y abogó por el diálogo y la negociación con el Gobierno como vía de solución. En esa intervención, se desmarcó de la estrategia de confrontación que defiende el expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. Y, además, aceptó como posible abrir las urnas una vez se conozca la sentencia del Tribunal Supremo.

Apenas 24 horas después, Torra tomaba partido. El presidente de la Generalitat hizo suyos los postulados de Puigdemont, llamó a considerar «la desobediencia civil dentro del marco democrático», defendió como un deber no acatar «las leyes injustas» y abogó por retomar el pulso tras constatar que el Ejecutivo central no pactará un referéndum de autodeterminación. «No nos mintamos –advirtió en una conferencia en la Universitat Catalana d'Estiu, en Prada de Conflent– ni nos engañemos más a nosotros mismos».

En ese mismo escenario, la portavoz de Esquerra, Marta Vilalta, llamó a aunar posturas y a reconstruir la «unidad estratégica». En esta línea, trasladó que todas las posiciones, incluidas las dos corrientes anteriores, son «complementarias». «Con una mano tenemos que levantar la bandera del diálogo, de querer negociar y de querer hablar, y con la otra mano –reivindicó– tenemos que coger la bandera de la confrontación democrática, de la lucha, la reivindicación y la protesta».