Junto a Villa hasta en el banquillo

María Jesús Iglesias y José Ángel Fernández Villa, el pasado miércoles, de camino a la Audiencia Provincial. / ÁLEX PIÑA
María Jesús Iglesias y José Ángel Fernández Villa, el pasado miércoles, de camino a la Audiencia Provincial. / ÁLEX PIÑA

María Jesús Iglesias se ha mantenido a su lado desde que su imagen cayera en desgracia al trascender su fortuna oculta | Su esposa se sienta a su lado en el juicio por apropiación indebida en calidad de acompañante, pero en el 'caso Hulla' está siendo investigada

ANA MORIYÓNANA MORIYÓN OVIEDO.

Su nombre, María Jesús Iglesias, quizá pase aún desapercibido, pero su rostro ya es muy conocido puesto que se ha convertido en la fiel acompañante de José Ángel Fernández Villa. La mujer del ex secretario general del SOMA, acusado de un delito de apropiación indebida continuada por el sindicato que lideró más de treinta años y uno de los principales investigados en el 'caso Hulla', le acompaña en todas y cada una de sus apariciones públicas con motivo del juicio que se está celebrando en la Audiencia Provincial. Pero también en cualquier otra salida, prácticamente por cuestiones médicas, que realiza de su domicilio en el barrio de La Florida. Se desplazan en taxi. Y ella, ayudada siempre de un bastón, sirve de sostén al exlíder sindical. Le sujeta del brazo, le dirige e, incluso, le marca el paso.

Durante la vista oral, se ha sentado incluso junto al exdirigente sindical en el banquillo de los acusados. Lo hace, no obstante, en calidad de acompañante, tal y como solicitó su defensa y aconsejaron las médicas forenses que exploraron al investigado días antes de que comenzara el juicio debido a su «limitación física» que requiere, entendieron, «ayuda de tercera persona para evitar o prevenir caídas». Pero su apoyo va mucho más allá.

En el juicio se ha visto cómo le limpia constantemente la cara, le lleva las gafas, le acaricia la pierna, le acondiciona la ropa, pide en su nombre recesos cuando considera que está cansado y aprovecha cualquier parón en el interrogatorio para ayudarle a levantarse y acompañarle en cortos paseos que le permiten estirar las piernas. Incluso, se vio en la última sesión, es ella quien le tranquiliza cuando se enfada escuchando las declaraciones de los testigos que le acusan de menoscabar el patrimonio de la que fuera su casa sindical más de tres décadas y le recuerda la conveniencia de mantenerse en silencio y de no llamar la atención de la jueza. También es a ella a la que se ha visto junto a la camilla en los momentos más delicados. La que le acompaña en sus visitas médicas y la que hace junto a su cama guardia durante sus, cada vez más, habituales ingresos hospitalarios.

María Jesús Iglesias se ha mantenido al lado de Villa desde que su imagen cayera en desgracia al trascender su fortuna oculta. Llevaban años divorciados cuando, hace un tiempo, volvieron a darse una oportunidad. Desde entonces ella ha demostrado estar en las duras y en las maduras. Siempre educada, no ha perdido las formas ni la sonrisa, al menos de cara a la galería, incluso en los momentos más tensos protagonizados por la abogada que defiende los intereses de su marido, Ana García Boto, especialmente combativa con los medios de comunicación y muy recelosa de que se tomen imágenes de su cliente.

Divorciados

Asegura estar al margen de las cuentas de su pareja y, en declaraciones realizadas a EL COMERCIO cuando comenzó la instrucción del 'caso Villa', justificó su desconocimiento sobre su fortuna oculta por los años en los que llevaban divorciados y porque él siempre había sido celoso de su intimidad. «Nosotros no sabemos nada de todo eso. Él nunca daba explicaciones del sindicato, era muy reservado. Solo me decía que le preparara la maleta si tenía que ir a Madrid, y punto. Y cuando saltó todo esto él ya estaba muy mal. ¿Qué explicaciones nos iba a dar entonces?», se preguntaba quien, no obstante, dijo no sorprenderle en absoluto el dinero que llegó a amasar su marido porque «no gastaba un duro, eso es verdad».

Lo que se conocería meses más tarde de aquellas manifestaciones fue su dispendio con las tarjetas de crédito del sindicato en puros, ramos de flores, caros perfumes e, incluso, que entre las facturas atribuidas a gastos de representación había compras en tiendas de ropa femenina.

Molesta con el SOMA

Ya en 2016 María Jesús Iglesias aseguraba a este diario que el exdirigente sindical no estaba en condiciones de someterse a un juicio e, incluso, que tenía alucinaciones. Por ello, se mostró molesta por que algunos de los que fueron sus compañeros e incluso amigos le acusen ahora de fingir una enfermedad mental para eludir el juicio cuando, aseguró, «muchos de los que ahora dicen que es todo mentira ya me dijeron a mí en 2013, cuando tuvo lugar la marcha minera: 'este paisano está loco'». «Ojalá fuera mentira y no estuviera enfermo porque un trastorno como éste lo sufren los enfermos, pero también la familia», lamentó. Igualmente, se mostró dolida por que, quienes durante años se vanagloriaban de ser amigos de su marido e incluso de ser «como sus propios hijos», ahora le acusen de robar. «Que le hubieran denunciado cuando se podía defender y decir lo que hacían los demás», llegó a espetar. Sin embargo, otras fuentes aseguran que es precisamente Villa quien se ha negado a que su familia inicie los trámites para pedir su incapacidad civil. Que todavía es él quien decide cuál es la estrategia a seguir.

En su conversación con EL COMERCIO, hace ya dos años, María Jesús Iglesias parecía más preocupada por el futuro de sus hijos, Rolando y Ángela, mucho más alejados del foco mediático que ella, que de la suerte de su marido. «El padre que pague lo que tenga que pagar, pero que nadie se meta con mis hijos», rogó.

Siete meses después de aquellas reflexiones, saltó el 'caso Hulla' como consecuencia de la investigación abierta por la Fiscalía de Anticorrupción y la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil para esclarecer el origen de los 1,2 millones regularizados por Villa, y que mantiene por el momento a dieciséis personas imputadas. Se supo entonces que, junto al histórico dirigente sindical, estaban siendo investigados su mujer y sus dos hijos porque Villa repartió su fortuna en cuatro cuentas bancarias: una a su nombre, donde se ingresaron 500.000 euros;otra con María Jesús Iglesias como titular, con 400.000 euros y las otras dos cuentas, con 150.000 euros cada una, para sus dos hijos.

Todos ellos se acogieron a su derecho a no declarar en el Juzgado de Instrucción número 3 ante la magistrada Begoña Fernández, pero se sabe que las primeras pesquisas de la UCO hablan de «dudas razonables» acerca incluso de la realidad del divorcio entre Villa y su ahora de nuevo esposa. Los investigadores comprobaron la existencia de «compraventa de inmuebles» en las que participaron ambos «identificándose como divorciados de convivencia civil». Pero a la UCO le llamó la atención que en todo momento Iglesias mantuviera el mismo domicilio fiscal que Villa, su ático en La Florida, y los agentes apuntaron en uno de sus informes la posibilidad de que se buscara «ocultar» el patrimonio del sindicalista. Por todo ello, María Jesús Iglesias podría tener que sentarse nuevamente en el banquillo de los acusados junto a Villa. Pero, en el 'caso Hulla', ya no como mera acompañante.

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