Mensaje de fin de año del presidente

Momento de la grabación del discurso de Javier Fernández. /  E. C.
Momento de la grabación del discurso de Javier Fernández. / E. C.

Como cada año, las primeras palabras de este mensaje quieren trasladar el deseo de concordia y bienestar a todos los asturianos. A los que viven en nuestra tierra y a quienes, más aún en estas fechas, la añoran desde cualquier lugar del mundo, en esa Asturias del exterior que siempre tenemos muy presente. En esta ocasión también pongo en primer término mi preocupación y la del Gobierno del Principado por la situación de Alcoa y la solidaridad para con sus trabajadores.

El mantenimiento de ese empleo y la lucha contra el paro en el conjunto de nuestra comunidad son y seguirán siendo una prioridad. Lo son los más de 70.000 hombres y mujeres que no tienen trabajo y ven frustradas todas sus expectativas vitales. Lo es seguir avanzando en la recuperación económica y en la consolidación de un crecimiento que no será equilibrado y sostenido si no somos capaces de preservar y fortalecer nuestro corazón industrial. Porque, créanme, este es hoy nuestro desafío principal.

Sin anclaje industrial, un modelo económico es siempre más frágil. Basar la recuperación exclusivamente en el turismo, la construcción, los servicios precarios y la demanda interna nos haría muy vulnerables. Pretendemos una industria cada día más moderna, más flexible, con más componente tecnológico, con más capacidad de arrastre sobre otros sectores y también más limpia. Y para ello, ni nos encadenamos al pasado ni nos resistimos a unos cambios que han de producirse necesariamente. Solo pedimos dos cosas: que no se permita que las actividades productivas se deslocalicen hacia los países en los que contaminar resulta más barato y que la necesaria transformación se articule gestionando adecuadamente el medio largo plazo

Reconversión industrial, evolución demográfica y financiación autonómica son los tres escenarios en los que Asturias se juega su futuro

La dimensión de la sangría poblacional la cuantifican cada año estadísticas y proyecciones: las últimas estimaciones del INE señalan que el Principado perderá 87.000 habitantes en doce años. Hemos conseguido que este asunto se incluya en la agenda nacional, hemos suscrito acuerdos con otras comunidades y hemos impulsado diversas iniciativas. Pero hacer del aumento de la natalidad una de las prioridades locales, nacionales y europeas necesita concienciar a la población en general y a las élites políticas, mediáticas, económicas e intelectuales de la gravedad del problema y de la necesidad de dejarlo fuera de la lucha partidista.

La financiación autonómica que más pronto que tarde habrá que abordar se inscribe en un marco constitucional, que cuando se cumplen 40 años de democracia con un despliegue de derechos, libertades y avances sociales que jamás habíamos alcanzado, hoy quiero reivindicar. Lo hago frente a quienes la deslegitiman mediante una demolición sistemática de la Transición, que no es un relato nuevo, que viene de lejos, porque hace mucho que los nacionalistas consiguieron colocar no solo en las agendas autonómicas sino también en la agenda política estatal, sus reivindicaciones en el ámbito competencial, sus reclamaciones de relación bilateral y su pretensión de estatus nacional.

Creo que todos debemos tener muy claro que la evolución del modelo de Estado puede depender más de un cambio en el sistema de financiación que de una reforma constitucional.

Asturias ha alentado una alianza de seis comunidades que quieren un sistema cooperativo y solidario que permita un mismo nivel de servicios públicos independientemente del lugar de residencia. Unos servicios comunes para una ciudadanía común con los mismos derechos y las mismas obligaciones. Cuando nos oponemos a que prime la capacidad financiera y planteamos que se tenga en cuenta el coste efectivo de cada servicio estamos diciendo eso y estamos reclamando la solidaridad y la igualdad entre las personas frente a quienes apuestan por la competencia y la diferencia entre los territorios.

Hay incertidumbres preocupantes para el futuro de nuestra tierra. Las he señalado. Pero también certezas alentadoras en el presente, las de los indicadores favorables que siguen constatando la progresiva y continuada recuperación económica de nuestra comunidad. Acumulamos 62 meses de descenso interanual del desempleo, cinco ejercicios en los que el paro no ha dejado de bajar. Este 2018, si se cumplen las previsiones, encadenaremos cuatro años de crecimiento continuado. Y según la última revisión del Instituto Nacional de Estadística, conocida hace solo unos días, Asturias lideró el crecimiento económico en España en 2017, con un aumento del 3,8% interanual, ocho décimas más que el promedio español y 1,4 puntos más que la media de la Unión Europea.

Que la economía asturiana experimente la mayor expansión del conjunto del país no sucede desde hace casi medio siglo. Y esto ha ocurrido por el empuje de nuestra industria, cuyo avance, del 8,1 por ciento, casi duplicó al de la media nacional para este sector. Con estos datos, reflexionemos de nuevo: con la transición energética ni es necesario ir más allá de lo que demanda Europa ni lo es anticiparse con medidas cuyo coste para nuestro tejido productivo puede ser inasumible.

La fotografía de la comunidad no estaría completa sin el reflejo de nuestro Estado del Bienestar. Asturias también se retrata en sus colegios, en sus escuelas rurales, en sus centros de salud y en sus hospitales, en la respuesta que somos capaces de dar como sociedad a quienes no tienen ni lo mínimo para vivir. Evitamos los recortes en los peores años de la crisis y en 2017 el salario social atendió a más de 45.000 personas. El 84% de los asturianos considera que la sanidad pública funciona bien o muy bien. Tenemos una de las tasas más bajas de abandono escolar de España y, a la vez, estamos entre las comunidades que ofrecen los mejores índices de titulación en ESO, Bachillerato y Formación Profesional. Son solo algunos ejemplos de la calidad de nuestros servicios públicos, el mayor patrimonio de los asturianos. Sintámonos orgullosos. Apreciemos el valor de lo que tenemos. Defendamos lo que es de todos.

Finalizo. Este es mi último mensaje institucional como Presidente del Principado. Quedan apenas unos meses para el término de la legislatura. Confío en que sepamos aprovecharlos en la defensa de los intereses de nuestra tierra, en que la proximidad de la campaña electoral no contamine todo, en que desde las instituciones todos seamos capaces de trabajar hasta el último minuto por una Asturias mejor. Una sociedad también mejor, que pasa inevitablemente por transformar la realidad, por erradicar lacras como la de la violencia sobre las mujeres. Los hechos nos recuerdan cada día el enorme trecho que queda por recorrer. También hacia la plena igualdad. Asturias ha estado a la vanguardia de esa lucha con iniciativas como la Casa Malva o el Pacto contra la Violencia sobre las Mujeres, pioneras en España, referencias en todo el Estado. El Gobierno no cejará en este empeño: seguirá procurando que el Principado continúe en la primera línea, avanzando con firmeza en ese largo camino.

Con el deseo de que 2019 sea nuestro mejor comienzo, feliz año nuevo.